Jorge Agostini cayó por la dignidad de Cuba

Dr. C. Julio César Rosabal García
En el periódico La Calle del 11 de junio de 1955, aparecieron las fotos de Jorge Felipe Agostini Villasana asesinado, la de sus hijos Rodolfo Jorge, de tres años, con la pequeña María Teresa, de 45 días de nacida, a la que el padre no pudo conocer, y la de la viuda Enma Gloria Surís Ramírez, quien dejó por escrito a Luis Orlando Rodríguez Rodríguez su criterio acusador: “Tú que lo querías y sabes que fue un asesinato, tienes que decirlo. ¿Por qué me lo mataron? Dedicó su vida a la libertad y su muerte será la chispa que faltaba para rescatar nuestra patria de esta orgía de sangre.”
El mismo artículo se refería a los acontecimientos así: “Jorge Agostini, revolucionario, excombatiente de la República española, excomandante de la Marina de Guerra cubana, exjefe de los Servicios Secretos de Palacio en el Gobierno de Prío Socarrás, fue abatido a balazos después de un cerco que le tendieron fuerzas combinadas del Servicio de Inteligencia de la Marina de Guerra y del Buró de Investigaciones de la Policía Nacional […]”
Nació el 5 de febrero de 1910. Muy joven fue capitán del submarino C-4; único de las fuerzas republicanas en la Guerra Civil española. Alcanzó el grado de comandante, fue bueno en la esgrima, la equitación y el tiro. Durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás ocupó el cargo de jefe del Servicio Secreto de Palacio e informó al presidente sobre las intenciones de Batista de realizar un golpe de Estado. Luego de suscitarse el hecho, el 10 de marzo de 1952, estuvo exiliado en México, y el 23 de julio de 1954 partió hacia Miami . Regresó a Cuba después de establecida la ley de amnistía.
La noche del 9 de junio de 1955 se reunirían en la casa del doctor psiquiatra Francisco René de la Huerta Aguiar, en calle 4, No. 365, entre 15 y 17, el Vedado, un grupo de opositores al régimen. La policía había rodeado la cuadra. Jorge Agostini, con una bata de médico y un maletín donde llevaba un arma y dos cargadores, fue capturado y esposado en la calle 2 entre 15 y 17. Hasta el lugar llegó, con una ametralladora en la mano, el alférez de fragata Julio Stelio Laurent Rodríguez, jefe de la División de Investigaciones de la Oficina de Inteligencia Naval; cruzó algunas palabras con el esposado y luego arremetió contra él hasta fracturarle el pómulo derecho con el arma. Luego disparó en ráfaga sobre su cuerpo, fundamentalmente sobre la cabeza y tórax. Ningún disparo fue por debajo de la cintura. En la autopsia se identificaron 23 orificios de entrada y salida de proyectiles, de ellos 13 fueron en el cráneo.
Julio Laurent, había sido alumno de Agostini en la academia naval. Desde entonces establecieron tan buenas relaciones que en ocasiones Stelio visitó la casa de los padres de Agostini y cenó con la familia. Llegó a decirle “mamá” a la madre del profesor. Después del golpe de Estado de Batista, Laurent comenzó a escalar posiciones y ganar “meritos” a costa de innumerables torturas y asesinatos de revolucionario; así se convirtió en enemigo declarado del comandante Agostini, hasta que perpetuó su muerte.
Julio Stelio Laurent Rodríguez cuenta en su expediente con una larga lista de crímenes. Fue responsable de los asesinatos de ocho de los expedicionarios del Granma; de los expedicionarios del Corynthia; de los marinos levantados en Cienfuegos, dirigidos por el exalférez de fragata José Dionisio San Román Toledo; así como de las combatientes clandestinas Lidia Esther Doce Sánchez y Clodomira Acosta Ferrales.
Junto a Conrado Carratalá Ugalde, Estaban Ventura Novo y Calzadilla fue responsable de las torturas y asesinatos de Sergio González López, el Curita; Bernardino García Santo, Motica; y de Bernardo Juan Borrell García, en marzo de 1958. Fue el teniente Laurent quien arrojó al mar los cadáveres de Gustavo Ameijeiras Delgado, capturado en Holguín y enviado a La Habana, y de Enidio Díaz Machado, después que fuera capturado el 5 de noviembre de 1958 y torturado y asesinado por Ventura.
La Chorrera era su centro de torturas, nadie sabe aún cuántos cuerpos de revolucionarios insepultos dejaron sus últimas miradas en las aguas que rodean el lugar. Cuántos cubanos dignos no poseen aún una tumba para rendirle tributo, por responsabilidad del asesino Laurent.

Sonia Agostini Fuentes, primera hija de un matrimonio anterior, la noche del jueves 9 de junio celebraba su despedida de soltera, la boda sería el sábado. Tenía 18 años y tuvo que salir de la fiesta a reconocer el cadáver de su padre. Enma Surís había viajado ese mismo día a Miami, con su hijo varón, y pudo regresar en la mañana del viernes.
Antes de cumplirse un mes de la amnistía, el 4 de junio de 1955, Fulgencio Batista hizo declaraciones con las que pretendía limpiar las manos de los asesinos: “Porque no quiero que provoquen más a nuestros hombres. Y que no se diga después que las fuerzas se nos fueron de las manos, ya que los hombres y mujeres de los partidos que gobiernan tienen cerebro y corazón y tienen manos también.”
El joven abogado Fidel Castro, que había sido liberado el 15 de mayo de 1955, hizo públicas sus ideas el 7 de junio en el periódico La Calle, a través del artículo “Manos asesinas”. Decía el texto: […] “Si un crimen político se cometiera después de estas palabras ¿Podría decirse que Batista estaba exento de culpa; podría alegarse que hay en estas palabras una insinuación al asesinato? ¿A caso algún esbirro no podría sentirse inspirado en ellas para hacer mérito?” […]
Una golpiza a Juan Manuel Márquez Rodríguez el 5 de junio, por la que estuvo hospitalizado, y cuatro días después el asesinato de Jorge Agostini Villasana, fueron pruebas irrefutables de la falsedad de la amnistía.
En otro artículo para el mismo diario, publicado el 11 de junio del propio año 1955 con el título “Frente al terror y frente al crimen”, Fidel decía: “Jorge Agostini fue asesinado, no cabe la menor duda. Aun admitiendo como cierta la versión policiaca, las orejas del crimen asoman por todas partes. Textualmente expresa el informe: ‘Le fue ocupada una maleta de médico, en cuyo interior se encontraba una pistola y dos peines’ [cargadores]. Luego Agostini no disparó, no usó el arma, no intentó siquiera sacarla […]. Al asesinato político debe responderse con la movilización nacional; es la única táctica revolucionaria correcta.”

Antes de salir de Cuba, el 7 de julio de 1955, declara: “Cerradas al pueblo todas las puertas para la lucha cívica, no queda más solución que la del 68 y la del 95. Hay que reparar el ultraje que significa este régimen para todos los que han caído por la dignidad de Cuba, desde Joaquín de Agüero hasta Jorge Agostini.”
Al cumplirse el primer mes del trágico suceso, Enma llegó hasta el lugar del crimen con flores para su esposo y una madera donde acusaba a Batista de asesino de Agostini. Allí permaneció armada con un martillo, dispuesta a impedir que alguien retirara las flores o la madera, desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche. En esa vigilia no quiso comer nada, sus padres solo pudieron llevarle leche. Cuentan que los carros de la policía pasaron varias veces por calles aledañas, pero ninguno se atrevió a acercarse. En el mismo lugar, desde el 9 de junio de 1959, representantes de la Marina de Guerra fijaron una traja de bronce que evoca los hechos.
Enma tenía 41 años cuando quedó viuda y nunca más se casó. En los primeros años de la Revolución, cuando aún sus hijos eran pequeños, una noche elementos provocadores colocaron un artefacto a su auto y lo hicieron explotar frente a la casa. El hecho no la intimidó, ni cambió de parecer, siguió fiel a su esposo y a la Revolución. Reparó el auto y siguió usándolo.
En la noche del 31 de diciembre de 1973, el Comandante en Jefe visitó la casa No. 911 de la calle 25, entre Paseo y A, en el Vedado habanero, donde Agostini habían fundado su hogar. Se festejaba el 14 aniversario del triunfo de la Revolución con la familia y los vecinos del CDR que llevaba el nombre del mártir. María Teresa Agostini, de 18 años, con su guitarra tocó y cantó para los presentes. Posteriormente, en febrero de 1974, Fidel volvió para conocer a la pequeña nieta de Enma y Agostini que ya había nacido; el padre de la criatura, Rodolfo Jorge, ese día no estaba en casa, era médico militar y cumplía con la guardia.
Rodolfo Jorge Agostini Surís, el niño que había nacido el 17 de abril de 1952, siguió el ejemplo de su padre y cumplió misión internacionalista. Como él, que a la hora de morir llevaba puesta una bata de médico, así entró Rodolfo Jorge en la lista de los mártires de la patria, el 22 de noviembre de 1977, en Angola, con 25 años de edad. Enma Surís vivió para ver el regreso de los restos de su hijo, el 7 de diciembre de 1989, en la Operación Tributo. Murió en La Habana, Cuba, el 7 de enero de 1990.

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