Hace 55 años: tres resoluciones se interponen a: La primera gran zancadilla económica contra la Revolución

Por Dr. C. Eugenio Suárez Pérez

En los meses de mayo y junio de 1960 se comenzó a gestar una agresión económica desde Estados Unidos para frenar el auge de la Revolución cubana. Su objetivo era dejar sin petróleo al pueblo de Cuba con sus posteriores consecuencias.

¿Cómo comienza la agresión?
El viernes 10 de junio, ante las cámaras de televisión, el compañero Fidel explicó al pueblo que el gobierno de Estados Unidos había disparado un nuevo dardo contra la Revolución acusando al Gobierno Revolucionario de que gastaba las divisas en armas y no les pagaba a los proveedores norteamericanos. Fidel, entonces explicó al pueblo desconocedor de las operaciones que cuando se compran artículos en el extranjero no se paga enseguida los artículos. Cualquier casa que importa va a un banco y saca las cartas de créditos. Y este documento tiene su respaldo, su valor, su equivalente en dólares en el banco extranjero; es decir, los dólares no salen inmediatamente porque ese banco tiene una línea de crédito por 120 ó 180 días.
Pero ahora, el gobierno de Estados Unidos ha presionado sobre los bancos norteamericanos para que quiten esa línea de crédito para tener que pagar al contado e inmediatamente. Y Fidel, pone como ejemplo que el Banco Trust Company, tenía un crédito de catorce millones en 13 bancos norteamericanos. El Banco Núñez, dos y medio millones; el Banco Agrícola Industrial, cuatro millones seiscientos mil; y el Banco Nacional, 33 millones.
Es bueno conocer que en nuestro país existía, entonces, tres grandes compañías petroleras extranjeras: The Texas Company (Texaco); Esso Standard Oil S. A. (Esso); y Compañía Petrolera Shell de Cuba S. A. (Shell). Varios días atrás, exactamente el 17 de mayo, el Banco Nacional envió una carta a esas compañías extranjeras explicándoles que para el pago de los atrasos del combustible importado y del que se importaba diariamente, se les iba a pagar 20 millones de inmediato. Las tres respondieron y expresaron su satisfacción y hasta su agradecimiento por este acuerdo. Veinte días después estas empresas hablan con el Departamento de Estado, y se incorporan a la agresión económica.
También se anunciaba que con la compra de petróleo a la Unión Soviética, a través de intercambio comercial entre los dos países, Cuba ahorraría en 1960 más de 24 millones de dólares en divisas.
En la intervención mencionada, el compañero Fidel manifestó que: “El problema del combustible es la primera gran zancadilla de los trusts y monopolios, alentada por el Departamento de Estado para dejarnos sin combustible. Eso constituye un acto de provocación insólita”.
El negocio del petróleo en Cuba
Poco después del triunfo de la Revolución se había creado el Instituto Cubano del Petróleo, para llevar adelante un programa con vista a cumplir la política del Gobierno Revolucionario con respecto al combustible. Este asunto en Cuba era un negocio fabuloso, pues este negocio pertenecía a las mismas compañías que eran dueñas de grandes depósitos en otros países y propietarias de las refinerías existentes en el país. Por lo que el petróleo que se refinaba en Cuba era comprado en el extranjero, pero a empresas del mismo monopolio. De los 80 millones de dólares que Cuba gastaba en combustibles, le quitaban varios millones en divisas y después que lo refinaban y nos lo vendían, entonces se ganaban unos veinte millones más de pesos.
Era irresistible estar pagando el petróleo a esos precios por lo que el Gobierno Revolucionario decidió pagar por el petróleo lo que realmente vale, y que el aumento del consumo por el desarrollo que iba alcanzando la industrialización en el país sea refinado por el propio Instituto Cubano del Petróleo. Así, la primera acción que se aplicó por el Gobierno Revolucionario fue ir al mercado internacional a buscar y comprar el petróleo que necesita para las primeras pruebas. El petróleo se encontró, una compañía independiente norteamericana de Venezuela nos vendió el barril a $2.10, mientras que las tres compañías que operaban en Cuba compraban el barril de petróleo en sus casas matrices al precio de $2.80. Es decir, 70 centavos más el mismo barril. Lo que en millones de barriles sumaban millones de dólares.

Entonces apareció otro obstáculo. Como los monopolios petroleros internacionales controlaban la navegación, la compañía independiente que nos vendió el petróleo no pudo cumplir por falta de barcos. ¿Qué hizo Cuba? El propio compañero Fidel lo explicó en la intervención mencionada:
“[…] Fue la primera zancadilla que nos pusieron. Entonces le compramos a una empresa de la Unión Soviética un petróleo mejor, de 33 grados, a un precio mucho más barato, ahorrándonos 88 centavos de dólar por barril.
”Cuba tiene derecho a comprar el petróleo al precio más barato que pueda en el mercado mundial, y entregarlo después a las refinerías para su proceso en Cuba. Pero las compañías extranjeras no se resignan a perder el negociazo de la reventa de la casa matriz a su subsidiaria de Cuba. Y cuando les informamos que una parte de los 4 millones de toneladas de petróleo, que es el consumo de Cuba, se comprarían en otro mercado, coincidiendo con declaraciones agresivas del Departamento de Estado americano, nos envían tres comunicaciones conjuntas diciendo que no refinarán el petróleo de la Unión Soviética. Es decir, se arrogan una facultad que solo compete al Estado. No quieren refinar el petróleo de la URSS después que el Gobierno Revolucionario trató de comprarle ese combustible a compañías americanas y boicotearon la compra. En Argentina se compra también algún petróleo en la URSS y se refina en el país, y ellos no han actuado de la misma manera. Pero éstos fueron al Departamento de Estado y por eso proceden así”.2
Junto con esas declaraciones provocadoras comienzan a retirar a sus ingenieros y técnicos, incluso tratan de llevarse a los cubanos, y entran en absoluto desacato con las leyes nacionales en un boicot absurdo, negándose a refinar. El jefe de la Revolución manifiesta que estamos ante la necesidad de afrontar este problema que es un reto provocador, pero con mucha calma. Y plantea que el pueblo debía saber la existencia de esta zancadilla para dejar al país sin combustible y el Gobierno Revolucionario se proponía dar la batalla contra esa maniobra monopolística.
Por su parte los obreros de las refinerías mantuvieron una actitud correcta y manifestaron su total respaldo a las medidas que adoptara la Revolución. A ellos, el compañero Fidel les pide mantener una actitud alerta y vigilante para evitar cualquier tipo de sabotaje contra esas refinerías. A las compañías, les dijo:

“[…] sepan que este es un país soberano y que el Gobierno Revolucionario está dispuesto a hacer cumplir las leyes de la República. Que ante esta situación decidan ellas o rectificar, rectificar sí, la decisión tomada o que caiga sobre ellos la culpa que no digan después que fue el Gobierno Revolucionario que agredió y ocupó y confiscó. Así que el Gobierno Revolucionario recoge el guante, les devuelve el guante y que ellas decidan su propia suerte”.3
“Esso no puede Shell porque Texaco de aquí”
Ante las denuncias de Fidel, todo el pueblo se unió a la reacción de los trabajadores del petróleo. Una vez más el pueblo en masa se une para apoyar a su Revolución. Del nombre de las tres empresas: Esso, Shell y Texaco, el pueblo coreaba: “Esso no puede Shell porque Texaco de aquí” [Eso no puede ser porque te sacó de aquí]. Los obreros petroleros orientales hicieron una declaración donde dejaron expresa su disposición de apoyo a la Revolución.
En horas de la noche del 24 de junio, Fidel ofreció su acostumbrada comparecencia por todos los canales de Televisión Revolución y las emisoras del FIEL. En su intervención aclara que las compañías no se han dado por aludidas ni han respondido a sus planteamientos del pasado 10 de junio, pero que les quedaba algún tiempo todavía para recapacitar. Y significa que a nadie le debía caber duda que tenían que refinar el petróleo que el Gobierno les entregara.
A esas compañías se le estaba exigiendo el cumplimiento de la Ley de Minerales-Combustibles del 9 de mayo de 1938, que en su artículo 44, apartado 3, dice: “Sus plantas vendrán obligadas a refinar petróleo del Estado cuando el Gobierno así lo acuerde, estableciéndose entre ellas el prorrateo correspondiente si las cantidades a declinar así lo demandan o lo imponen. De modo que sea posible refinar todo el petróleo necesario y a un precio que no exceda el costo de la operación, más un razonable beneficio industrial”.
Por lo tanto, no se trataba de una cuestión de escoger si acepto o no lo acepto. Las compañías petroleras sestaban en la obligación legal de refinar el petróleo del Estado cubano por una legislación firmada hacía 22 años atrás. La posición del Gobierno Revolucionario fue determinante: las compañías están obligadas a refinar el petróleo, y sobre este tema no se está dispuesto a discutir. Además, Fidel señaló que si esas compañías creen que Cuba va a vacilar, van a sufrir una lamentable equivocación.

Cuatro días después, a las 7:10 de la noche del 28 de junio ocurrió lo que el pueblo cubano esperaba, la trascendental Resolución No. 188, firmada por el primer ministro, Fidel Castro Ruz, que disponía la refinación del petróleo del Estado y la consiguiente intervención, si la compañía Texaco se negaba a cumplir la orden.
La Resolución después de sus cinco POR CUANTO resuelve:
“Primero. —Disponer que el Instituto Cubano de Petróleo (ICP) sitúe las cantidades de petróleo crudo necesarias para garantizar el funcionamiento de la planta refinación de The Texas Company (West Indies) Ltd. y que esta cumpla con los abastecimientos de combustibles que le corresponden.
”Segundo. —Que en caso de negativa de la mencionada empresa, a cumplir y acatar las leyes de nuestro país y las disposiciones que al amparo de ellas emanaron del Gobierno Revolucionario del pueblo de Cuba, el Instituto Cubano del Petróleo (ICP) procederá a intervenir dicha empresa adoptando las medidas necesarias a fin de mantener en producción la refinería y el cumplimiento ineludible de las leyes de la República”.
En la mañana del 29 de junio se hizo patente que Cuba es un país libre y soberano cuyas leyes esas empresas están obligadas a acatar y cumplir los poderosos monopolios norteamericanos, ya acostumbrados a imponer su voluntad a los pueblos subdesarrollados y débiles de todo el mundo. La Texaco comenzó a procesar el petróleo del Estado cubano, siendo asumida la dirección de la empresa en Santiago de Cuba y La Habana por funcionarios del Instituto Cubano del Petróleo.
La noticia de la disposición del ICP interviniendo la refinería, causó gran júbilo entre los trabajadores, los que inmediatamente organizaron actos de apoyo al Gobierno Revolucionario.
Al día siguiente dos nuevas resoluciones, la No. 189 y No. 190, ambas de 30 de junio, con igual contenido a la No.188 del 28 de junio, son firmadas por el primer ministro, Fidel Castro Ruz. En este caso, la primera para intervenir la Compañía Petrolera Shell de Cuba, S. A., y la segunda con el mismo objetivo a la Esso Standard Oil, S. A. si se negaran a cumplir y acatar las leyes cubanas de refinar el petróleo adquirido por el país.
En una acción conjunta fueron intervenidas en la mañana del primero de julio las refinerías de las compañías petroleras extranjeras Esso y Shell por el Gobierno Revolucionario. De esa forma se cumple la Ley de Minerales Combustibles que pretendieron incumplir los monopolios petroleros, negándose a refinar el petróleo adquirido por el Estado cubano. Ambos actos, con el anterior, constituyeron una reafirmación más de la conciencia de soberanía política e independencia económica que guiaban los pasos de nuestra patria hacia la conquista de un destino mejor.
Pocas horas después como continuación de las acciones del Gobierno Revolucionario comenzaron a llegar a La Habana buques soviéticos con provisión de petróleo. En la mañana del lunes 4 llegó al puerto de La Habana el buque soviético Chernovci que traía un cargamento de 70 000 barriles de petróleo crudo.
Tres resoluciones se interpusieron ante la primera gran zancadilla económica.

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