“La Revolución no habría durado arriba de seis meses”

por Dr. C. Eugenio Suárez Pérez y M. Sc. Acela Caner Román
(Tomado de un libro en preparación)

El domingo 26 de junio de 1960, a las 12:00 m., a través del Canal 12 Televisión de la Libertad y Televisión Revolución, en cadena con el Canal 4, Radio Rebelde y todas las emisoras del FIEL, la Universidad Popular cierra su ciclo sobre “Defensa de Cuba”, con una conferencia con el lema “¡Venceremos!”, a cargo del líder de la Revolución, Comandante en Jefe Fidel Castro. Varios fueron los temas tratados por Fidel en su intervención. En uno de ellos, con sólidos argumentos demostró las causas del porqué la conciencia revolucionaria del pueblo no era lo suficientemente madura el Primero de Enero de 1959.
“[…] Nosotros sabíamos que mientras existiera aquella institución la Revolución no podría marchar adelante, estaría perennemente amenazada. A nadie, seguramente, le queda la menor duda que de haberse promovido el programa revolucionario que se está llevando adelante, con la presencia de aquel ejército, la Revolución no habría durado arriba de seis meses. Posiblemente habría bastado la Ley de Reforma Agraria para tener como consecuencia el derrocamiento del Gobierno Revolucionario. En Guatemala, por ejemplo, ustedes recuerdan lo que allí ocurrió. Tan pronto se produce la invasión de un grupito de mercenarios, que habrían podido ser destruidos con tres compañías de soldados dispuestas a pelear, apenas se produce la invasión, aquel ejército deserta, traiciona al Gobierno constitucional y se pone de parte de los intereses de la United Fruit Company y de todas aquellas compañías que habían sufragado los gastos de la invasión.
”Luego, no se podía abrir una etapa revolucionaria en nuestra Patria, como no fuese desarraigando de raíz aquella institución en la cual se basaba todo el sistema político y económico, existente en nuestra patria. Y esa fue la primera etapa. Nosotros, ya conscientes de que se había logrado esa primera meta, sabíamos también que después vendrían nuevas metas. Nosotros sabíamos que ya el pueblo estaba en marcha, que nada podría impedir el desarrollo de la Revolución. Se podrían perder días más, días menos. A todos nos interesaba que no nos viesen nunca como hombres ambiciosos que en la lucha hubiésemos estado movidos por intereses de tipo personal.

Y esa fue una de las características de los revolucionarios en medio de aquel ambiente, que necesariamente tenía que influir sobre todos nosotros, en que la lucha política era una verdadera competencia de personalidades, en que no se debatían cuestiones de intereses verdaderamente populares, en que no se hablaba de grandes transformaciones económicas y sociales, sino que lo que estaban en juego eran las posiciones burocráticas y los cargos políticos, dentro del sistema imperante, en todos nosotros existía la gran preocupación de que no nos fuesen a medir con la misma vara, de que no nos fuesen a considerar aspirantes ambiciosos de poder.
”Hay que reconocer que eso era un prejuicio, y que nosotros fuimos víctimas de ese prejuicio, y siempre estábamos en una perenne actitud de renunciamiento, en cuanto a los cargos con públicos, cuando en realidad no se puede superar los cargos de las funciones que, en una revolución, los revolucionarios tienen que desempeñar.
”Por eso se perdió un poco de tiempo los primeros momentos, aunque, sin embargo, nunca se perdió la seguridad de que cualesquiera que fuesen los hombres que fallasen en la tarea de impulsar el proceso revolucionario, esos hombres caerían, esos hombres serían barridos por el propio proceso revolucionario. El camino estaba abierto, la Revolución había que impulsarla; los obstáculos que tenía por delante eran grandes. Por supuesto que, si el Gobierno Provisional hubiese adoptado una política conservadora, no iba a afrontar en el orden internacional el conflicto que un Gobierno verdaderamente revolucionario iba a suscitar, al chocar con los grandes intereses imperialistas en nuestro país.
”Por eso, en los primeros momentos, no se desató esa ola de campañas, ni de intrigas, contra la Revolución. Sin embargo, sí desde los primeros momentos se desató una campaña de descrédito. No se maniobraba para destruirnos, pero se maniobraba para desacreditarnos. Y eso tenía una explicación. Si los intereses económicos norteamericanos, si el Departamento de Estado norteamericano, analizaba la composición del Gobierno Revolucionario en los primeros momentos, podía concebir la esperanza de que de aquel Gobierno, o de aquella integración, de aquella integración, en que había una proporción de elementos conservadores, no tenía por qué temer a una política profundamente revolucionaria. Pero, había un problema de alergia a las revoluciones; esa alergia a las revoluciones, a la misma palabra ‘revolución’, a todo proceso revolucionario, fue lo que hizo que, desde los primeros momentos, se empezara a tomar sobre Cuba una serie de medidas preventivas.
”La primera medida preventiva fue el iniciar una campaña de descrédito contra la Revolución, para destruir la simpatía que tenía ganada, en toda la América y en la propia opinión pública de los Estados Unidos, y comenzaron las campañas con los fusilamientos. Comenzaron a distorsionar por completo toda la verdad relativa a los fusilamientos, a decir, no que se estaban fusilando criminales, hombres que habían asesinado 30,40, 50, hasta 100 personas, para regar la versión de que estábamos fusilando por venganza a los ‘partidarios’ de Batista, cuando la realidad es que los partidarios de Batista, incluso funcionarios de aquel régimen, se paseaban tranquilamente por las calles, y la acción revolucionaria no se dirigía sino contra los responsables de hechos de sangre.
”La otra medida preventiva fue darle albergue, en los Estados Unidos, a los prófugos de la justicia revolucionaria, recibir allí hospitalariamente a los peores criminales, desde Masferrer hasta Laurent y actualmente, casi todos están allí, perfectamente instalados, en los Estados Unidos.
”En aquel momento no tenía sentido una política semejante, y solo podía tener explicación en la verdad que hoy comprendemos mejor, de que en realidad estaban constituyendo una reserva frente a la Revolución, es decir, estaban agrupando una tropa frente a la Revolución. La alergia hacia los revolucionarios los estaba llevando desde el primer momento a tomar una serie de medidas contra la Revolución Cubana, aun cuando la integración del Gobierno en los primeros momentos era una integración no radicalmente revolucionaria, sino un Gobierno que pudiera calificarse por su integración de moderado, y que durante cuarenta y cinco días no se había aprobado una sola ley revolucionaria de carácter económico y social. A pesar de que no se había dictado ninguna ley revolucionaria, desde los primeros instantes comenzaron a verse una serie de actos y de maniobras contra la Revolución Cubana, que solo podían tener explicación en el temor a que esa revolución avanzara, en el deseo de frenar la Revolución desde los primeros momentos.
”Ya desde los primeros momentos se comenzó a analizar el expediente de cada funcionario, a calificar, incluso sin la menor base, sin el menor fundamento, a presentar con tal matiz o más cual matiz político a los distintos miembros del Gobierno. Comenzó lo que pudiera llamarse una política de fiscalización de los funcionarios del Gobierno, como pretendiendo que el Gobierno tenía que consultar, porque para designar a cualquier funcionario del Gobierno, primero había que mandarle un telegrama al Departamento de Estado americano, o a los redactores o editorialistas de los órganos más reaccionarios de los Estados Unidos, y preguntarles si el compañero ‘fulano de tal’ lo podíamos designar Ministro de algo o responsable de algo o, de lo contrario, no se podía designar, porque a juicio de ellos no tenía un ‘limpio expediente’ para ser miembro del Gobierno Revolucionario.
”Es decir, esas cosas curiosas de los primeros días de la Revolución, que a medida que pasa el tiempo se van comprendiendo mejor y se van analizando más seriamente, pero que formaban parte de una insolencia que, afortunadamente, va quedando cada vez más atrás.
”Si analizamos el grado de ‘inmiscuencia’ — ¿cómo podríamos llamarle?—, para hablar más claramente, el grado de “entrometimiento”, de “meterse en lo que no les importaba” por parte del extranjero, de la prensa extranjera y de los agentes extranjeros, en los asuntos de nuestro país, de los primeros momentos a hoy hay una gran diferencia. Quizás ellos estaban lejos de imaginar en aquellos días que íbamos a llegar a este grado de desarrollo revolucionario, de liberación nacional, de espíritu de lucha y de sentido de la soberanía a que hemos llegado hoy. De lo contrario, no hubiesen manifestado en aquellos momentos la falta de respeto, la falta de consideración hacia nuestro país, que demostraron. Porque, de entonces a hoy a mediado una gran diferencia; desde las versiones que comenzaron a regar todas las agencias, pretendiendo influir con su campaña en la actuación del Gobierno Revolucionario, hasta las primeras notas diplomáticas, de aquel tono ‘entrometido’, hasta hoy, pues, ha mediado un proceso interesante.
”Es evidente que se ensayaron todos los medios para influir en el proceso revolucionario, desde el esfuerzo que realizaron una serie de agentes, como el señor Jules Dubois y otros, para presentarse como interesados defensores de la Revolución, en su afán de mediatizarla, en su afán de frenarla; es decir que, fracasado el expediente del golpe de Estado, debido a la reacción rápida y unánime del pueblo, que con la huelga general, sin necesidad de tirar un tiro más, hizo fracasar la maniobra, se inició entonces el otro expediente, el expediente de tratar de frenar la Revolución y desviar la Revolución mediante el falso apoyo, mediante el halago, si se quiere, y se daba el caso curioso de que algunos países, por ejemplo la Argentina, al ver los obreros a los señores que estaban defendiendo la Revolución cubana, harto conocidos por su postura reaccionaria, y por el papel que habían jugado en la América Latina, al ver que determinados tipos de periódicos, como La Marina, es decir, no la de aquí, sino los que en otros países tienen una posición similar a La Marina, al ver que aquéllos periódicos defendían a la Revolución, recelaban de la Revolución”.
Las primeras maniobras contrarrevolucionarias
Los contrarrevolucionarios cubanos han empleado varias formas para enfrentar a la Revolución, Fidel se encarga de explicar todas las formas que han usado desde la victoria de enero de 1959.
“[…] El primer esfuerzo de los grandes intereses reaccionarios por captar la Revolución, por frenarla, mediante el halago, fracasó, como tenía que fracasar necesariamente, ese expediente.
”Entonces vino el expediente de las amenazas, de las notas diplomáticas, de las amenazas de rebaja de cuota azucarera, de las reclamaciones y las protestas contra las medidas revolucionarias, como una nueva arma. En medio de esto, hay que tener en cuenta una circunstancia, que cada una de estas armas se iba utilizando de acuerdo con el grado de conciencia que suponían en el pueblo. Hay que tener en cuenta que todas las armas que se han usado contra la Revolución —y nosotros lo hemos tenido muy en cuenta— han tratado de operar sobre el pueblo, y que la Revolución solo ha podido ir avanzando en la misma medida en que ha ido avanzando la conciencia del pueblo. Esta es una verdad que no podemos ignorar, es una verdad tan elemental que no se podría comprender la estrategia de la Revolución, ni la solidez de la Revolución, ni las perspectivas de la Revolución mientras no se comprenda que la Revolución no es un proceso que dependa de la voluntad de los hombres, que dependa del capricho o de la voluntad de nadie, que todos tenemos un papel y un rol que desempeñar, pero que ese rol es un rol circunscrito a las realidades históricas, a las realidades económicas, a las realidades sociales y, sobre todo, circunscrito a la realidad de conciencia revolucionaria que el pueblo haya adquirido. Porque no basta el estar padeciendo de una serie de males económicos o sociales, sino hace falta que el pueblo tenga conciencia de esos males y de esas realidades. La Revolución solo ha podido ir avanzando en la medida en que ha ido avanzando la conciencia del pueblo y las armas que sean usado contra la Revolución han sido armas que han tratado de ajustarse al grado de preparación política de nuestro pueblo en un momento determinado, aunque afortunadamente, afortunadamente han calculado mal el grado en que ha sido capaz de avanzar la conciencia revolucionaria de Cuba.
”El papel que a los líderes de la Revolución les corresponde es precisamente ir calculando acertadamente lo que es capaz de avanzar la conciencia revolucionaria del pueblo, porque el error grave para los enemigos de la Revolución habría sido también grave para la Revolución, si los dirigentes de la Revolución hubiesen desestimado esa capacidad del pueblo o sobrestimado esa capacidad del pueblo para avanzar revolucionariamente. Y una de nuestras obligaciones es saber valorar acertadamente ese estado de conciencia revolucionaria. […]
”En la misma medida en que la Revolución aumentaba su fuerza, las posibilidades de enfrentarse a esa situación eran mayores y en la etapa que se produce esa situación de golpe militar, la Revolución era tan fuerte en el pueblo, que no le costó prácticamente ningún trabajo vencer aquel primer obstáculo. Pero nadie debe dudar de que si el golpe militar se produce los primeros seis meses de lucha, la influencia de los factores conservadores habría podido ser mucho mayor que la influencia de los elementos revolucionarios. ¿Por qué? Porque no había avanzado suficientemente en el pueblo esa conciencia revolucionaria. Porque una gran parte del pueblo acostumbrada a las pugnas de los partidos políticos, a las demandas de los partidos políticos, a las cuestiones que promovieron los partidos políticos y que no iban más allá de una serie de cuestiones que podían referirse a meros accidentes de nuestra situación económica, pero que no discutían en su lucha por el poder, las fuerza que luchaban por el control del Gobierno, no se planteaban metas de transformación económica y social profunda para encontrar solución verdadera a los problemas de Cuba.
”Una gran parte del pueblo vivía todavía con esa mentalidad y se creían todavía en una serie de remedios mágicos, que eran pintados como remedios mágicos para los males del país y que no eran tales remedios. Habían formado nuestra mentalidad, la mentalidad del pueblo en una serie de criterios que estaban muy lejos de ser criterios revolucionarios.

”Luego si se hubiese producido un golpe militar en aquella etapa, no se habría encontrado con una conciencia revolucionaria lo suficientemente fuerte para sobrepasar ese obstáculo. Cuando se produce el obstáculo del golpe militar, la conciencia es lo suficientemente fuerte para sobrepasarlo, pero eso no significaba que estuviésemos preparados para sobrepasar nuevos obstáculos.
”Por eso la Revolución ha avanzado a través de etapas. ¿Era la conciencia revolucionaria del pueblo del primero de enero de 1959 la conciencia revolucionaria del 26 de junio de 1960? ¿Era la conciencia del primer mes la que existe hoy después de 18 meses de lucha revolucionaria? Desde luego nosotros no podemos precisar si en la conciencia de cada cubano se habrán podido percatar de lo que cada uno de los cubanos ha cambiado, pero nosotros sí nos damos cuenta de lo que esa conciencia ha cambiado a lo largo de 18 meses.
”Aún cuando se había logrado vencer un obstáculo de carácter interno, es decir aún cuando se había logrado vencer un obstáculo como el que constituía el golpe militar, sin embargo, todavía quedaban muchos obstáculo por vencer. Había una mentalidad que era el producto de muchos años de acondicionamiento mental, una mentalidad que había estado siendo acondicionada a través de todos los medios de propaganda, de divulgación de las ideas, de radio, cine, televisión, todos aquellos medios. No había una conciencia revolucionaria al triunfar el pueblo el primero de enero en su lucha contra el aparato militar de la tiranía, tenía ya una serie de ideas claras, sabía ya cuál era, cuál debía ser su actitud ante el golpe militar, expresó toda la alegría del triunfo, pero no podía decirse que en el pueblo había una conciencia revolucionaria, una verdadera conciencia revolucionaria, había un instinto, una confianza, un estado de ánimo, de optimismo, de fe, pero no existía conciencia revolucionaria en cuanto a una educación, una idea clara de lo que la Revolución era y de los obstáculos que la Revolución debía vencer para marchar adelante, tan es así que el primer día se llamaba revolucionario aquí desde el dueño del central azucarero hasta el limpiabotas. Quizás porque cada cual estaba esperando lo más conveniente para sus intereses. Los sectores más sufridos del país y los más necesitados estaban esperando las medidas que los beneficiara y los sectores más privilegiados del país estaban esperando las medidas que tendieran a consolidar y a perpetuar sus privilegios, pero lo que no sabía el pueblo en su conjunto, no sabían esos sectores mayoritarios del país, los que estaban esperándolo todo de la Revolución, no sabían los obstáculos que habría que vencer para que esas aspiraciones pudieran realizarse, las armas que contra la Revolución se iban a emplear y los peligros que la Revolución tendría que correr. El primer peligro fue la campaña de halagos, esa campaña para ganarse a la Revolución, para confundir a la opinión, para mediatizarla, para frenar cualquier impulso revolucionario. Inmediatamente empezaron a hacer uso de todas las armas de que disponían para lograr ese propósito. La segunda arma que usan es, ya cuando se convencen de que la Revolución está tomando un camino que no es el camino de sus intereses, cuando se convencen de que sus temores, de que nuestra Revolución estaba teniendo un proceso verdaderamente revolucionario, no eran infundados, empiezan a utilizar el arma de la amenaza. Todo el mundo sabe, por ejemplo, la influencia que en nuestro país tenía una Nota norteamericana; la influencia que en nuestro país tenía la prensa norteamericana; todo el mundo sabe que a nuestro pueblo se le había creado una costumbre, la costumbre de creer que no podríamos hacer absolutamente nada si no era con el permiso de los norteamericanos; la costumbre de creer que ningún gobierno se podía mantener en Cuba, si no era con el apoyo de los norteamericanos; que ningún gobierno se podía mantener con el disgusto de los norteamericanos, se nos creó una mentalidad fatalista, de una dependencia. Se nos habituó a la idea de que dependíamos enteramente…, la influencia de esa idea nosotros la conocíamos durante la guerra. El número de personas que en la calle, desde el hombre corriente, aquel hombre humilde de pueblo, pensaba que la dictadura iba a caer porque los americanos habían dicho tal cosa o más cual cosa contra ella.
”Esa creencia que lograron inculcársela incluso hasta el hombre de pueblo, al hombre sencillo de pueblo esa creencia que lograron inculcársela a una parte considerable de nuestra población; esa idea de la dependencia política, de incapacidad nuestra para poder andar con nuestros propios pies, y regir nuestro destino con nuestra propia voluntad. La influencia de la propaganda en los periódicos norteamericanos; la influencia de las Notas diplomáticas, ¿qué efecto perseguían? Perseguían el efecto de sembrar el desaliento, de sembrar el miedo, de sembrar en el pueblo la incertidumbre sobre el futuro.
”Y comenzaron con la campaña de prensa, ya casi desde el segundo mes de campaña intensa de prensa para desprestigiar en el exterior y para debilitarnos en el interior. Después vinieron las Notas diplomáticas que estaban persiguiendo también ese propósito, el propósito de debilitar el ánimo del pueblo. Después vinieron las campañas divisionistas, otra arma para debilitar la Revolución, que han ido empleando por etapas en la esperanza de que iba a lograr con ello los objetivos que se proponían. Eso se veía que era un plan, que era una actitud manejada sistemáticamente. No estaban lanzando, no estaban haciendo cosas al azar, eran los mismos métodos que habían empleado en otros países, los mismos métodos que habían empleado, por ejemplo, en Guatemala, las mismas campañas, las Notas diplomáticas, las campañas de descrédito, las mentiras truculentas, las cuestiones de las bases de cohetes y de submarinos, la campaña anticomunista, es decir, empezar a acusar de comunista a todo el mundo. Primero, la propaganda, el ambiente que habían creado durante muchos años, el anatema contra el comunismo y después la acusación de comunista indiscriminadamente”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Artículos y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s