La huella de Celia

Por Lic. Belkys Duménigo García

Cuando pensamos en Celia Sáchez Manduley, sin dudas, la imagen que nos viene a la mente es la de la luchadora que no se detuvo ante ninguna misión por compleja que fuera.
Frágil, como una florecita silvestre, creció junto a sus hermanos, apegada a las tradiciones de los más humildes, al calor de los amigos y a ideales de justicia y dignidad que robustecieron su espíritu. Fue el seno familiar el primer surtidor de amor a la patria que tuvo la niña nacida en Media Luna, el 9 de mayo de 1920. Junto a su padre, el doctor Manuel Sánchez Silveira, y un grupo de martianos ayudó a colocar en lo alto del Turquino un busto de José Martí, como homenaje perpetuo al Maestro.
Muchos la conocieron como Norma, Lilian, Carmen, Caridad o Aly, nombres que cubrieron su imagen de combatiente clandestina. Fue la primera mujer que enfrentó al Ejercito en la Sierra Maestra, y no solo fue heroína en la guerra, también lo fue en el trabajo. A su valor personal se unían la sencillez, la modestia y una exquisita delicadeza femenina. Formaba parte de su naturaleza la sensibilidad ante los problemas los de los demás y su preocupación por darles solución. No podía ser diferente porque Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley nunca cortó sus raíces campesinas y de pueblo.
Lograba simultanear con eficacia sus responsabilidades en el gobierno y su trabajo junto a Fidel, con el estrecho y sistemático contacto popular. La renuncia natural a una vida “normal” y entrega completa e incondicional al jefe de la Revolución quedarán para siempre en el corazón de los cubanos como un ejemplo de lealtad insuperable.
Su cabal conducta inunda de emociones a quien lea sobre su vida; en ella encontramos claros ejemplos a los que asirnos para superar debilidades cotidianas y cumplir con nuestras responsabilidades.
Por tradición familiar a Celia le apasionaba la historia; eso explica su afán por rescatar y custodiar como nadie los documentos surgidos durante la Guerra de Liberación Nacional, que hoy se conservan en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
La guerrillera ejemplar que mochila al hombro acompañó al Comandante en Jefe desde los acontecimientos de la Sierra; la trabajadora abnegada que junto a él recorrió los planes agrícolas, los centros de trabajo, las escuelas, hospitales, zonas arrasada por ciclones; quien contribuyó a la creación de importantes centros de desarrollo; la audaz funcionaria que no descuidaba el más mínimo detalle en cada tarea; la incansable Celia de todas las horas y todos los lugares, arribaría este mayo a su cumpleaños 95.
Pasaran los años y Celia tendrá nuevos cumpleaños que serán momentos de reflexión necesaria y de homenaje sentido, desde nuestras fibras más íntimas. Su huella es el estímulo más genuino para continuar haciendo Revolución.

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