Carta de Fidel desde presidio: Un entusiasmo y un fervor que no decae nunca

Dr. C Eugenio Suárez Pérez y Ms. C. Acela Caner Román

En la llamada Cárcel Modelo de Isla de Pinos, tras 17 meses de dura prisión, Fidel Castro mantiene incólume el espíritu de lucha que lo llevó al Moncada. Han sido arduos meses de trabajo y estudio.
El día primero de 1955 Fidel responde la carta que le enviara Antonio Ñico López, exiliado en México después de los acontecimientos del 26 de julio de 1953. Como Ñico había revelado su disposición de regresar a Cuba junto a otros dos moncadistas, Fidel, en una extensa misiva , le expone claramente su convicción de que ese regreso tenía que servir para enfrentar al dictador Batista. Así, le escribe:
« […] He considerado detenidamente tus intenciones de regresar a Cuba con Calixto y con Soza, tanto más cuanto deseas que yo decida sobre el particular. Me dices que piensas hacerlo legalmente por considerar que es inútil la estancia de ustedes en el extranjero, aunque no me explicas ningún otro detalle. No sé por tanto cuáles son concretamente tus propósitos. Opino, sin embargo, que de persistir los tres en el propósito de regresar deben hacerlo públicamente y comparecer ante los tribunales como combatientes del Moncada. Paso a explicarte las razones. En estos instantes muy poco pueden hacer ustedes en la calle mientras nosotros estemos presos. Lo que te propongo es algo digno de nosotros y conmovería a la opinión pública. El proceso se reabriría y le agitaríamos el país a Batista precisamente antes de la toma de posesión del 24 de febrero. Esto sería un golpe psicológico formidable en instantes que todas las voces están reclamando sin cesar la amnistía nuestra.
»El juicio oral se convertiría nuevamente en centro de atención pública y una tribuna magnífica para exponer nuestras ideas que repercutirían sin duda porque en estos momentos las noticias están recibiendo amplia divulgación en medio del clima artificial de libertad fraguado por el régimen para viabilizar la comedia electoral de noviembre. La llegada de ustedes a Cuba sería precedida por las declaraciones públicas que te remito adjunto para que las envíes con las firmas de ustedes tres a la CMQ, Miguel Quevedo, Conte Agüero, Pardo Llada, Unión Radio, Manuel Palacio Blanco, Prensa Libre, El Mundo y Diario Nacional; una carta y una copia para cada uno sin omitir ninguno por razones de mayor o menor simpatías. Esas declaraciones llegarían a Cuba por la misma vía que recibirás ésta, y se entregarían todas a un mismo tiempo. Tan pronto sean dadas a la publicidad se te comunicaría por cablegrama. Días después se divulgaría en forma igualmente amplia (previo aviso de ustedes), día, lugar y hora exacta de la llegada para que vayan a esperarlos alguna gente y quizás algunos periodistas. Habrá personas encargadas de todo eso. Por descontado que serían detenidos en el acto y remitidos con posterioridad a Santiago de Cuba para ser juzgados por el Tribunal de Urgencia. Soy contrario a pedir ninguna garantía que no sea el respaldo de la opinión pública. En esas circunstancias, pendiente de ustedes la noticia, tengan la seguridad de que no se les hará objeto de maltrato alguno. Ellos en estos momentos tratan de evitar todo escándalo porque hay un ambiente muy favorable a los exiliados y presos políticos. Por otra parte, el regreso de cualquier exiliado es ampliamente divulgado. El caso de ustedes con mucha más razón.
»Este plan debes hacerlo a conocer a los demás compañeros exiliados que creas conveniente […] Si después de ustedes varios más se deciden a venir antes del 24 de febrero volveremos loco al gobierno en un momento en que andan empeñados en dar sensación de normalidad política a toda costa y sería quizás factor decisivo para dictar la amnistía. Te prevengo que vas a encontrar muchas críticas sobre todo de aquellos que no están dispuestos a realizar semejante sacrificio […]».

Más adelante en la carta, Fidel pasa a explicarle otra variante del plan:
« […] Si se diera el caso hipotético que no los quisieran detener a la llegada para evitar precisamente lo que nos proponemos, entonces de motu propio se presentan ante el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba con Baudilio Castellanos que sería el defensor y no les quedaría más remedio que actuar, “porque ustedes lo que quieren es correr la misma suerte de los compañeros presos”».

Y ante la posibilidad de que ellos puedan ser encarcelados, Fidel agrega:
« […] Demás está decirte que no considero que en la prisión se pierda inútilmente el tiempo. Por el contrario aquí estamos preparando ideológica e intelectualmente la vanguardia y los jefes de nuestro movimiento. Somos jóvenes y nada nos apura. ¡Ojalá en vez de 20 tuviésemos aquí 80 compañeros! Tengo mucha más fe en los servicios que le van a prestar a Cuba los que están aquí presos que los que andan desperdigados y descarriados por el exilio. Los mismos compañeros que quedaron en libertad aquí en Cuba han realizado una tarea pobrísima que en nada supera a la de los exiliados. Nosotros desde aquí, sin embargo, hemos hecho mucho, y ya toda Cuba conoce nuestro programa y nuestras ideas, venciendo toda clase de obstáculos por el régimen de prisión que nos han aplicado. […] Con toda seguridad te digo que en el actual ambiente del país lo que está a la orden del día para nosotros es prepararnos para una larga lucha pero que culminará en la realización segura de los más anhelados sueños del pueblo cubano tan merecedor de mejor suerte. Día a día con nuestros gestos nos hemos ido ganando cada vez más simpatía, el gesto de ustedes sería uno más, que causaría admiración, e ingresarían además en este taller donde forjamos en un mismo pensamiento y una misma doctrina y disciplina a los guías de nuestra generación. De ningún modo será ya mucho el tiempo que vamos a permanecer presos porque es mucha la presión pública a favor de nuestra libertad. Mas, si así no fuera, ¿qué nos importa estar presos el tiempo que sea necesario?»

Del estado de ánimo de los moncadistas que se encuentran en prisión, Fidel le cuenta:
« […] Un entusiasmo y un fervor que no decae nunca; disposición al sacrificio, ardor de lucha. Así, mientras los políticos, que jamás fueron revolucionarios por mucho que se disfrazaran de tales, se preparan para seguir tomando a Cuba de pedestal para mezquinas ambiciones, nosotros nos preparamos para la gran obra revolucionaria sobre el ara mismo del sacrificio. La prisión es para nosotros academia de lucha y nada podrá detenernos cuando la hora llegue. Mientras tanto, creo sinceramente que nada hay que esperar de los partidos políticos y los grupos pseudorrevolucionarios cuya incapacidad ha quedado al desnudo totalmente en los tres años transcurridos desde el 10 de marzo. Sólo nosotros con sangre, sudor, sacrificio, desinterés e idealismo hemos ido abriendo una brecha de esperanza y de fe en el corazón desilusionado de la nación; seamos dignos acreedores de ella sabiendo esperar, sabiendo actuar, sabiendo crecernos en la adversidad. Se perdió una batalla pero se salvó el honor de Cuba; volveremos de nuevo a la lucha y sólo podrán decir que nos han vencido cuando no quede en nuestras venas una gota de sangre; cuando hasta el último de nosotros haya muerto. Nos faltaron los recursos, pero nunca nos faltó la razón».

Tras recordar cómo las intrigas de los politiqueros y falsos revolucionarios trataron de arrebatarle al Movimiento los hombres entrenados y sembraron la confusión y la mentira en todo el país;
escribe:
« […] No sé si sabrás cuánto calumniaron después nuestro movimiento y cuán cobardemente han silenciado los bárbaros asesinatos que se cometieron en el Moncada con los prisioneros. Solos fuimos a morir, solos hemos padecido persecución y cárcel, solos seguiremos pues adelante. Sería cosa de ciegos, de locos y de traidores, venir ahora a unirse con quienes no tienen ni prestigio ni organización para ir a la vanguardia de la revolución cubana. Soy partidario de la unión de todos los cubanos, pero de los cubanos dignos y limpios, dirigidos por hombres que no tengan complicidad con un pasado bochornoso. ¿Qué importa que no tengamos dinero mal habido? ¿Lo teníamos acaso antes del 26 de Julio? Entonces no nos detuvimos; menos nos detendremos ahora que al menos contamos con la fe de un pueblo que nos vio ir a morir por su libertad con las manos vacías».

Fidel concluye la carta a Ñico López, expresando:
« […] Tú eres de los buenos y a ti te escribo en la seguridad de que me habrás de comprender. Mi abrazo fraternal a los que como tú se encuentran leales a los principios de los que cayeron; a los demás, no los doy por perdidos; tengo la más firme fe de que tarde o temprano me darán la razón y que algún día volveremos a marchar todos por el mismo camino de gloria que nos llevó al amanecer del 26 de Julio
»Los quiere y espera, su compañero y hermano».

Ninguna de las dos alternativas propuestas por Fidel llegó a realizarse. El doctor Mario Mencía en su libro La prisión fecunda, aclara:
« […] La situación de Ñico y Calixto en esos momentos era de absoluta miseria. Dormían bajo la escalera de un edificio, a veces varios días sin comer. Quienes les podían facilitar el dinero para el pasaje de regreso eran los elementos priístas con los que no tenía relaciones. Pasaron las semanas en gestiones infructuosas. Al llegar marzo la perspectiva se modificó. De todas maneras la carta de Fidel queda de ejemplo sobre su talento para manejar toda aquella situación».

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