Cartas de Fidel desde presidio SER DIGNO Y SER LEAL HASTA EL ÚLTIMO INSTANTE DE MI EXISTENCIA

Por Dr. C. Eugenio Suárez Pérez y Lic. Acela Caner Román

Desde el Pabellón No.1 de la cárcel de Isla de Pinos —en diciembre de 1954—, Fidel Castro escribe varias cartas familiares. Entre ellas, hemos escogido fragmentos de la carta que dirigiera a una de sus hermanas, el 5 de diciembre, y la que le escribiera al padre de Renato Guitart, once días más tarde.
En la primera de esas cartas, tras referirse a las visitas recibidas en esos días — en una extensa postdata—, Fidel cuenta a su hermana de sus lecturas más recientes y su interés por determinados temas de estudio. Así escribe:
«De momento no tengo que encargar ningún libro nuevo. A veces repaso los que considero de mayor provecho; otros, lo voy viendo poco a poco. Dedico los domingos a leer “Vidas paralelas” de Plutarco, que me entretiene enormemente. Estos libros son una vieja ilusión mía desde que estaba en los primeros grados y me embelesaba leyendo la Historia. Nunca estaba conforme con lo que traían los textos y siempre quería averiguar más. Entonces yo no tenía la menor idea de Plutarco, Herodoto o Tácito. Apreciaba los libros de historia sólo por el tamaño: “¡Cuántas cosas interesantes traería!” ¡Qué lástima de años en que todo se graba febrilmente! Pero yo no tenía libros, ni nadie que me los indicara o me los diera. […]
»Durante la semana leo otras cosas, más o menos obligadas por la disciplina del estudio. La cuestión es que siempre estoy insatisfecho y quisiera tener veinte ojos para aprovechar mejor el tiempo. A veces también me canso y me dan ganas de hacer una sopa de libros».

El 16 de diciembre de 1954, Fidel escribe una larga misiva dirigida al padre de Renato Guitart. Desde las primeras palabras se evidencia cuán embarazoso fue para el líder de las acciones del 26 de julio de 1953, responder la carta que le enviara el padre del combatiente caído en el Moncada.
«Señor Guitart:
»Se me hace difícil comenzar ésta, llamarlo a usted de algún modo, encontrar la palabra que exprese al mismo tiempo mi gratitud, ni emoción, mi profundo reconocimiento por esa carta suya tan sentida, tan amable y tan llena de paternal y cariñoso afecto. Me llama usted, “queridísimo Fidel”. ¿Cómo llamado yo usted? ¡Pocas veces en mi vida me he sentido tan honrado como al recibir esas líneas suyas, ni tan estimulado a ser bueno, ser digno y ser leal hasta el último instante de mi existencia.
»Ese abrazo largo de que usted me habla y que yo le daré algún día de todo corazón, ¡como lo hubiera deseado en otras circunstancias!: sin la cruel ausencia física de Renato, sin la hiel amarga de la adversidad en que todo se vuelve contra uno y no lo sostiene más que la convicción y la fe. Puesto que en tales circunstancias es usted quien a mí se acerca para abrirme amplia y generosamente las puertas de su afecto, queda para usted en este caso toda la bondad y nobleza de tal gesto en que reconozco al padre digno de aquel hijo que fue digno hijo de usted.
»Mas no le hablaré de él cual si estuviera ausente, que no lo ha estado ni lo estará nunca. No son meras palabras de consuelo. Sólo quienes lo sentimos real y perennemente en las entrañas de nuestras almas podemos comprenderlo. La vida física es efímera, pasa inexorablemente, como han pasado las de tantas generaciones de hombres, como pasará en breve la de cada uno de nosotros. Esa verdad debiera enseñar a todos los seres humanos que por encima de ella están los valores inmortales del espíritu. ¿Qué sentido tiene aquella sin estos? ¿Qué es entonces vivir? ¡Cómo podrán morir los que por comprenderlo así la sacrifican generosamente al bien y la justicia! Dios en la idea suprema del bien y la justicia. A Dios tienen que ir los que por una y otra caen sobre la tierra de la patria».

Fidel concluye sus palabras expresando la emoción que siente ante los padres de ese joven santiaguero que entregó su vida por una causa justa.Su compromiso de honor con la familia de Renato Guitart es el mismo que ha mantenido con todos los caídos y sus familiares.
«Admiro el valor, la resignación y la grandeza con que ha afrontado usted una parte tan enorme de sacrificio a los ideales de su hijo; porque él se dio así mismo y usted lo dio a él; su valor ante el dolor es tan heroico y generoso como el de él ante la inmolación. Él se sentirá orgulloso de usted, como usted tiene tan sobradas razones para poder estar eternamente orgulloso de él. Un deseo formulo para Cuba desde lo íntimo de mi alma: que tenga siempre hombres como usted y como él.
»Nunca le daré motivo para arrepentirse de esas líneas hermosas que me envió, que yo le agradezco infinitamente y que guardaré siempre. Ojalá que en nuestro afecto y sobre todo en nuestra conducta encuentre usted un alivio a su pena. Como usted, su esposa. Yo sé que ella es una madre espartana; como usted, llena de resignación, de bondad y de fe.
»“El hijo que se va de la tierra en el alma de la madre queda”. Hágala llegar nuestro devoto y fervoroso cariño. También a su hija que en nosotros tiene muchos hermanos.
»Las palabras están de más cuando los sentimientos quieren hablar; es preciso adivinar lo que uno siente y no puede expresar, aunque pudiera. Usted comprenderá los míos, como adivino y comprendo yo los suyos. Renato está y estará perennemente presente entre nosotros, y estará cada día más en el corazón de todos los cubanos; él, todo ideal, todo valor, todo dignidad, todo carácter, todo inolvidable ejemplo, era de los que sabían que nunca mueren los que caen por lo que él cayó.
»Suyo, Fidel».

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