Frank País García, por la unidad en la insurrección

Por Dr. C. Julio César Rosabal García (Investigador de la Oficina de Asuntos Históricos Consejo de Estado)

Franka PaísFrank País García se vio en la necesidad de madurar, casi adolescente, en la década del 50 del pasado siglo XX cubano. Su condición de huérfano de padre y de hijo mayor, lo convirtió en un joven responsable desde muy temprano. Su educación religiosa, su definición de lo justo y lo injusto, su auto preparación y habilidad para la lectura, junto a la situación revolucionaria, lo condujeron a descubrir la necesidad de cambiar la sociedad. Como otros muchos jóvenes, entendió que era necesario asumir la vía de las armas para lograrlo.
Puso su empeño en subordinarse a una organización que, por las armas, intentara derrocar el gobierno de Fulgencio Batista. Así aceptó estructuras hasta que los fracasos lo llevaron a crear la suya: Acción Revolucionaria Oriental.
Mientras el abogado Fidel Castro Ruz organizó un movimiento, asaltó los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, sufrió prisión, fue liberado, y el 12 de junio de 1955, fundaba el grupo ejecutivo que organizaría el Movimiento Revolucionario 26 de Julio; Frank lideraba Acción Revolucionaria Nacional, una organización en próspero avance.
En aquel momento, que Fidel estaba obligado a salir de Cuba, cuando algunos pensaron que le sería imposible regresar desde México; ya Frank tenía un camino recorrido y avanzado. Por lo que había logrado, y por el ímpetu de su juventud, pudo no haber aceptado incorporarse al Movimiento, proponer coordinar esfuerzos o que asumieran su dirección por contar ya con una estructura, ante un Movimiento que resurgía como ave Fénix de las cenizas de aquel 26 de julio de 1953; pero su conducta fue otra. Ya Frank se había leído La historia me absolverá, ya había entendido la superioridad de la luz del pensamiento de Fidel Castro, y tomó la decisión que con más nitidez demostró su madurez en relación con la definición de unidad: subordinar, no solo su persona, sino convencer y sumar a toda la estructura de su organización a un líder superior.
Frank tuvo pocos encuentros con Fidel; el primero en México, cuando fue mandado a buscar en agosto de 1956 y compartieron cerca de una semana, y otra vez en octubre del mismo año, ocasión en que Fidel le asignó la responsabilidad de Acción Nacional. Se volvieron a ver, por última vez, en la reunión de febrero de 1957, en la Sierra Maestra.
Desde que salió Frank de la cárcel en mayo de 1957, hasta su muerte, se cruzó con Fidel Castro, cerca de 20 cartas, a pesar de las dificultades para comunicarse. En ellas se aprecia la evolución en el trato desde “Alex”, “Querido Alejandro”, “Estimado Alejandro”, “Amigo Alejandro”, hasta “Mi Querido Alejandro”. Y Fidel desde “Al Informante”, “Compañero David” hasta “Querido Hermano”, en la carta que firmaron los oficiales del Ejército Revolucionario del Movimiento 26 de Julio por la muerte de Josué.
A pesar de esos pocos encuentros, asombra la coincidencia de criterios y el nivel de relaciones y comunicación que lograron establecer. El respeto mutuo, la confianza y el equilibrio en la independencia de Frank y la consulta e información a Fidel de todas las decisiones tomadas.
La unidad tuvo varias expresiones en el pensamiento de Frank: primero la unidad de las fuerzas comprometidas en la lucha, la unidad en la coordinación y disciplina de alcance nacional en función de un mismo objetivo.
La unidad rebasó los marcos del bando insurreccional y llamó a los militares. Una insurrección donde los bandos fueron partes de un mismo pueblo, que luego de la lucha tenían que convivir derrotados y vencedores. Como táctica de debilitar su poderío, mermar sus efectivos, sumar las armas, evitar mayores derramamientos de sangre y acortar el plazo de la lucha. En fecha tan temprana como enero de 1957, Frank dirigió una carta al soldado y lo denominó “Querido compañero”.
Otra muestra de unidad fue la incorporación de la mujer a la insurrección, como Gloria Cuadra de la Cruz, María Antonia Figueroa Araujo, Asela de los Santos Tamayo; pero la mayor prueba de su valoración sobre el papel de la mujer en la lucha fue la joven ingeniera química, que tantas veces fungió como su chofer; y la responsabilidad de ser chofer de un líder clandestino, no era simplemente conductora de un vehículo, sino que por las mismas exigencias de la clandestinidad, quien conducía el auto debía ser la persona de mayor confianza, conocía los horarios, los itinerarios de desplazamiento, los lugares de reuniones, los arsenales, los contactos públicos y secretos, los lugares donde dormía el jefe, los teléfonos donde llamarlo; las amistades y familiares más íntimos, los lugares que más frecuentaba. Además la compartimentación obligaba que el número de citados para cada actividad era el indispensable, por tanto la chofer asumía tareas y responsabilidades, se convirtió en la persona más cercana, confidente y casi su segunda; muchos contactos se realizaban sobre el propio auto, en un recorrido, cualquier decisión se comentaba delante de la conductora. Una opinión de Vilma era escuchada y tenida en cuenta, un mensaje de Frank en boca de Vilma era una orden para quien la escuchara. A lo que se le sumaban los riesgos para la vida en caso de identificarlo o de persecución.
Esas cualidades no fueron ajenas a la observación de Frank, quien diez días antes de morir, decidió entregarle a la joven, la altísima responsabilidad de dirigir el Movimiento en Oriente. Hoy cabe preguntarse ¿cuántos hombres, miembros del Movimiento, cercanos a Frank, con demostrada fidelidad, valentía, capacidad de acción y dirección, con disciplina y prestigio, habían en Oriente para ocupar ese cargo? Sin embargo, Frank decidió que la más idónea para dirigir a todos esos jóvenes impetuosos, a esos combatientes llenos de bríos y dispuestos a morir, era aquella joven mujer que poseía el equilibrio entre el valor, la inteligencia y la autoridad: Vilma Espín Guillois.
La historia le dio la razón, en la certeza de aquella tremenda decisión. Fue Vilma quien dirigió la recuperación del cadáver de Frank, quien organizó la ceremonia del velorio y el entierro, fue quien organizó lo que hasta ahora se conoce como la huelga espontánea por la muerte de Frank. Fue quien ordenó la semana de ajusticiamiento de chivatos como enérgica respuesta a la muerte de Frank. Fue quien propuso a René Ramos Latour para asumir las responsabilidades que cumplía Frank, y que nadie cuestionó. Fue así quien dirigió el Movimiento en la provincia de Oriente hasta junio de 1958, con resultados satisfactorios y con una autoridad incuestionable. Los méritos de esa mujer al frente del Movimiento en un territorio que hoy comprende el de cinco provincias, son huellas de sus virtudes y a la vez mérito de las certezas de Frank País.
Para el joven Frank País, a pesar de quedar trunca su vida con tan corta edad en el transcurso del primer año de la guerra, cuando aún la insurrección estaba en su primera etapa, ya la luz de sus ideas dejaba ver un líder con una claridad meridiana del papel de la unida en el logro del triunfo.
Por aquellos días, uno de los habaneros que más conoció a Frank País y sintió su muerte, Armando Hart Dávalos, escribió:
Hombres de su estirpe no nacen todos los días. Contadas veces la naturaleza obsequia a los pueblos con seres semejantes. Su muerte, lo siembra en el corazón de Cuba. […] No sé si era un político con vocación militar o un militar con vocación política. Sí sé que para él las palabras disciplina, organización, civismo, libertad tenían un valor sagrado, […] Quien hablara dos veces con él sabía que había nacido para mandar. Y mandaba con moral espartana y noble espíritu de justicia… Era “el más limpio y capaz de todos nuestros combatientes” como afirmara el propio Fidel.
[…] Porque sabía mandar y qué mandar en aquel dramático momento, Frank País asumía con rigor el liderazgo revolucionario. […] Frank País, desde su escondite en Santiago, mandaba en Cuba. Ahí están el sabotaje, la agitación, los gallardetes izados, la prensa clandestina, La Resistencia Cívica, etc.
Había sido obra suya el estallido insurreccional del 30 de noviembre, la disciplina y organización del 26 de Julio fuera de la Sierra y fue creación suya también toda la base organizativa del Movimiento. Su obra póstuma fue el paro general que brotó de su cadáver.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Artículos y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s