Camilo, de su pueblo y de su historia (fragmentos)

Por Lic. Edimirta Ortega Guzmán

Hay hombres que sin proponérselo dejan una huella indeleble en el quehacer de los pueblos, cuya obra revolucionaria los eleva a categoría de leyenda.
El tercer hijo del matrimonio de emigrados españoles Ramón Cienfuegos Flores, asturiano, y Emilia Gorriarán Zaballa, santanderina, nació el 6 de febrero de 1932 en la barriada de Lawton, en la capital habanera. La humilde familia ya la integraban sus hermanos Osmany y Humberto. Siendo muy joven comenzó su accionar revolucionario.
A partir del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, asestado por Fulgencio Batista, la situación política en el país se tornó más tensa aún, Camilo, junto a su hermano Osmany, expresó su inconformidad en varias manifestaciones populares. Muchos jóvenes fueron asesinados, otros emigraron hacia Estados Unidos, país al que también viajó Camilo. Muy pronto se vinculó a la organización patriótica Acción Cívica Cubana conformada por exiliados y participó en mítines contra los regímenes dictatoriales que gobernaban en Latinoamérica. Fue deportado de Estados Unidos y de regreso a la patria conoció de los atropellos contra su hermano Osmany, perseguido continuamente por la policía.
En 1956 vuelve a viajar a Miami y decide unirse a Fidel; cruzó la frontera y llegó a Ciudad México donde lo esperaba su hermano Osmany. Hubo que insistir para que lo aceptaran en el grupo que se preparaba para el desembarco, pues no pertenecía a ninguna organización y era un momento de obli¬gada cautela para los revolucionarios cubanos, pues ya habían estado presos, les habían ocupado armas y los asediaban de manera constante; pero como sus argumentos fueron convincentes, resultó uno de los últimos aceptados en la expedición del yate Granma.
En poco tiempo la presencia de Camilo se hizo insoslayable en el colectivo. El humor criollo que lo caracterizaba se expresaba en los momentos más embarazosos, y cuantos lo conocieron reconocen la alegría y optimismo que irradiaba. Su arrojo quedó demostrado al asumir una actitud de vanguardia en los difíciles momentos cuando fueron sorprendidos en Alegría de Pío por el ejército de la tiranía.
Su sentimiento solidario sobresalía entre sus cualidades: compartió con el Che “la única lata de leche que tenía; y desde aquel momento yo creo que nació o se profundizó nuestra amistad”, expresó el comandante Guevara.
Después de muchas vicisitudes, Camilo y sus compañeros hicieron contacto con Fidel en Cinco Palmas el día 20 de diciembre de 1956, y el 31 salieron rumbo a la Sierra Maestra. Camilo, que era solo un soldado, empezaba a perfilar sus extraordinarias condiciones de combatiente que luego evidenció en los distintos enfrentamientos contra el enemigo. En poco tiempo fue ascendido a teniente y nombrado jefe del pelotón de vanguardia de la columna comandada por Fidel.
Dirigió el segundo combate de Pino del Agua; allí fue herido y cuando vio que sus combatientes improvisaron una camilla para alejarlo de la acción, nuevamente dio muestras de su gallardía al exigir la primera atención para otro lesionado. Como apreció que su orden no era acatada, le escucharon decir: “O lo cargan ustedes o lo cargo yo”.
Fue el primer capitán rebelde al que se le dio la misión de bajar a los llanos para combatir a la tiranía. Allí trascendió su labor como jefe guerrillero y político, al conformar las células del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y designar los cuadros que garantizarían las acciones y sabotajes en los territorios bajo su mando. El día 16 de abril de 1958 Fidel lo nombró comandante, creó la Columna No. 2 y lo designó jefe militar de la zona donde operaba.
En respuesta al informe del día 9 de octubre enviado por Camilo, desde los llanos de Santa Clara, Fidel le dice: “[…] no hay palabras con qué expresar la alegría, el orgullo y admiración que he sentido por ustedes. Lo que han hecho ya, bastaría para ganarse un lugar en la historia de Cuba y de las grandes proezas militares”.
Con la huida del tirano Batista partió a ocupar el campamento militar de Columbia, principal fortaleza del Ejército Nacional. Ante la impresionante multitud congregada al paso de la Caravana de la Libertad, durante la entrada a La Habana el 8 de enero de 1959 Camilo exclamó: “A este pueblo ahora sí no se le puede engañar”. Ese día Fidel expresó un emotivo discurso, y en un momento, mirando al héroe legendario, le preguntó: “¿Voy bien, Camilo?” Esta interrogación propició que el pueblo reconociera en el guerrillero a uno de los compañeros de más confianza del líder cubano. Durante los primeros meses de Revolución trabajó intensamente en la reorganización de los mandos en la capital y otras tareas encomendadas por Fidel.
El 28 de octubre de 1959, de regreso a La Habana desde la ciudad de Camagüey, donde cumplía la misión de tomar prisionero al traidor Hubert Matos, el avión Cessna en que viajaba no llegó a su destino. La nave con sus tres ocupantes —el piloto, primer teniente Luciano Fariñas Rodríguez; la escolta, soldado Félix Rodríguez Martínez y el comandante Camilo Cienfuegos— se perdió en el tempestuoso mar. La búsqueda fue intensa y minuciosa hasta el doloroso momento de aceptar la noticia. Camilo murió en la flor de su vida, sin embargo, la obra de su corta existencia lo sembró para siempre en el corazón del pueblo, y nunca serán suficientes nuestro amor y gratitud.

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