la renuncia de Fidel y el 26 de julio de 1959: NUEVE DÍAS QUE ESTREMECIERON A CUBA

Por Dr. C. Eugenio Suárez Pérez
El mes de julio de 1959 fue decisivo para la Revolución cubana. Desde su primer día el Jefe de la Revolución, compañero Fidel, dio las orientaciones para ordenar los planes organizativos de la concentración campesina que se efectuaría en La Habana, para conmemorar el primer 26 de Julio, después del triunfo revolucionario.
PREPARATIVOS DE LOS ACTOS DEL 26 DE jULIO
En varias reuniones se valoraron las espontáneas ofertas recibidas de distintos sectores de la vida nacional para facilitar el desarrollo de la concentración y de los millares de alojamientos que los habaneros ofrecen a los campesinos.
Este acto va a demostrar la compenetración y la hermandad entre el campesinado

y los citadinos, diría Fidel.
En uno de esos encuentros se acuerda que el 26 de julio de 1960 serán los habaneros quienes en número de medio millón se concentrarán en la Sierra Maestra para devolver la visita a los campesinos. Asimismo, Fidel expresa su deseo de que los campesinos participaran en el acto en guayaberas y sombreros de yarey, al estilo mambí, con una bandera cubana en el ala anterior. También anunció que ese día se efectuaría un gran desfile del Ejército Rebelde en un lugar de la capital y sugirió que se realizaran grandes festejos en lugares públicos para que los campesinos pudieran compartir con el pueblo habanero las alegrías de la conmemoración revolucionaria.
Para la concentración del 26 de julio se ha hecho un costo estimado de 3 millones de pesos, y Fidel aclara que ese gasto no podía asumirlo el Estado, por lo que concentración tiene que organizarla el Movimiento 26 de Julio, solicitar la ayuda de todo el mundo y lograr que sea el propio pueblo quien costee los gastos, sin la ayuda económica del Estado.
Desde el lunes 13 de julio comienzan a llegar los campesinos. El primero de ellos es Eduardo Rivas Morales, un joven de Las Tunas, que según dijo quiso “ser de los primeros porque el embullo me comía por dentro. Díjeme, hasta La Habana no paro. Y así fue. Llegué hoy al mediodía”.
El 15 de julio Fidel visita el Monumento a José Martí y estudia detenidamente la mejor forma de ubicar la plataforma o glorieta que ha de servir para los oradores de la concentración campesina. Después visitó el edificio de la Biblioteca Nacional y sugirió que la terraza del lugar fuera utilizada como tribuna para el acto.

RENUNCA IDEL A SU CARGO DE PRIMER MINISTRO
Para el mes de julio era insostenible la conducta de Manuel Urrutia Lleó como presidente de la república de Cuba. Sus criterios y actitudes obstaculizaban el avance de la Revolución. Los seis meses transcurridos han sido suficientes para poner al descubierto sus verdaderas intenciones. Sus intereses eran contrarios a los del Movimiento 26 de Julio. Las discrepancias y conflictos provocados por Urrutia desde los primeros momentos de la constitución del Gobierno Revolucionario cubano ya eran impugnables.
El 12 de julio de 1959, mientras Fidel clausuraba en el Capitolio Nacional el Primer Forum sobre la Reforma Agraria, en el Palacio Presidencial ocurrían movimientos extraños que llamaron la atención de Carlos Olivares, quien trabajaba junto al presidente. Olivares subió al tercer piso y observó que se estaban preparando maletas y paquetes y escuchó cuando la esposa de Urrutia interrumpió para preguntarle si dejaba el Título de Abogado en el cuadro o lo enrollaba. El presidente contestó con disgusto: “Luego veremos eso”.
Ya los pronunciamientos públicos del presidente Urrutia habían provocado incertidumbre en el pueblo. Todas las medidas sociales que se proponían adoptar para el mejoramiento de la población significaban comunismo. Su intervención era similar a lo expuesto por el traidor Pedro Luis Díaz Lanz desde Estados Unidos.
En la primera página del matutino Revolución de ese viernes 17 de julio aparece un titular de dos palabras: “Renuncia Fidel”. Inmediatamente debajo: “Explicará hoy al pueblo los motivos de su decisión”. Desde horas tempranas de esa dramática mañana, en la medida que el pueblo y sus organizaciones conocen la noticia, el país se estremece. La reacción es unánime en defensa de Fidel. Las guaguas llevan letreros que dicen: “Fuera los traidores del gobierno”. La gente se congrega en los alrededores del Palacio Presidencial, portan carteles en los que se lee: “Fidel: Contigo hasta la muerte”; “Qué se vaya el otro”.
Las declaraciones de los dirigentes de la Revolución y de las organizaciones se funden en los pedidos que, desde todos los rincones del país, el pueblo le hace a Fidel para que no renuncie. Los estudiantes comienzan a concentrarse en la Universidad de La Habana. En la histórica Colina se oyen gritos de “Fidel no puede renunciar”, “Aquí lo que hay es que meterle mano a los cobardes”. Luego, los estudiantes marchan en manifestación frente al Palacio. El pueblo entero se moviliza. Está intranquilo. Todos quieren que regrese Fidel. Los dirigentes de las principales organizaciones piden calma para esperar las declaraciones del líder máximo de la Revolución.
A las 07:45 p.m., mientras los periodistas aguardan a Fidel por la puerta del edificio de Radiocentro (hoy ICRT) que da a la calle M, el líder de la Revolución toma el elevador de la calle 23 para subir al cuarto piso. Después, por la escalera, desciende a la segunda planta hasta el Estudio No.1, que está ubicado cerca de la calle M. Junto a él se encuentran los comandantes Raúl Castro, Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés, Juan Castiñeiras, Carlos Iglesias, Antonio Enrique Lussón y otros oficiales de las FAR.
Cientos de personas se van concentrando en la calle M. La multitud, poco a poco, gana la calle 23. El pueblo de Cuba espera recibir la información completa sobre lo que está sucediendo en el país y de los obstáculos y escollos que ha tenido que vencer el compañero Fidel durante estos primeros seis meses de la Revolución en el poder.
Como se había anunciado, a las 8 de la noche inicia Fidel sus declaraciones ante un grupo de periodistas. Lo primero que aclara es que renunciar a un cargo no quiere decir renunciar a la Revolución y que renunciar a un cargo no quiere decir renunciar al cumplimiento del deber. Y pasa a explicar detalladamente que la renuncia obedece a la imposibilidad por su parte de continuar ejerciendo el cargo en las actuales circunstancias, dadas las dificultades con el señor presidente de la república.
Durante su intervención, los miembros del Consejo de Ministros están en el Palacio. Allí está también Urrutia Lleó, quien antes de que el Jefe de la Revolución concluya su discurso solicita su renuncia.
Solo habían transcurrido quince minutos para que el Gobierno Revolucionario tuviera un nuevo presidente. A las 11:15 de la noche, por unanimidad, el Consejo de Ministros designó al doctor Osvaldo Dorticós Torrado para el cargo de presidente de la república de Cuba.
Bajo la dirección de Dorticós como presidente, el 18 de julio se reúne el Consejo de Ministros y toma como acuerdos felicitar al pueblo cubano por la decidida, serena y amplia movilización desarrollada en respaldo al premier Fidel Castro durante la crisis en relación con el doctor Manuel Urrutia; rechazar la renuncia presentada por el Comandante Fidel Castro de su cargo y hacer pública exhortación para que continúe en el desempeño de sus funciones; donar los ahorros de un millón doscientos mil pesos anuales que producirán las rebajas acordadas en el presupuesto presidencial a la Casa de Maternidad y Beneficencia y, por último, reducir el salario mensual que percibe el primer magistrado.
El 21 de julio vuelve a sesionar el Consejo de Ministros y Dorticós ratificó que no aceptaba la renuncia de Fidel, y se rechaza por segunda vez la renuncia. Además, convocó a los ministros para una sesión que se celebraría el 26 de julio, a las 5:15 a.m., en el cuartel Moncada, como homenaje de recordación a los mártires que en 1953 asaltaron aquella edificación militar y el cuartel Carlos M. de Céspedes.
El día 22 de julio el Comité Ejecutivo de la CTC convoca a los obreros, a los estudiantes, a las asociaciones cívicas, a los comerciantes e industriales, a los profesionales a que demuestren de forma inequívoca su deseo de que regrese Fidel Castro al puesto de dirección del Gobierno Revolucionario.
Tras su histórica comparecencia el 17 de julio, el líder de la Revolución se retrajo de participar en actividades por la televisión. Su decisión era una incógnita. En la noche del miércoles 22 emergió de su aislamiento para concurrir a la clausura del Congreso Obrero Textil. Los delgados demandaron el regreso de Fidel a su cargo planteándole que se quedarían por tiempo indefinido en el lugar hasta que no retirara la renuncia. La respuesta de Fidel, como siempre, fue convincente. Con su extraordinaria fuerza de persuasión les propuso esperar al 26 de julio para someterle ese problema a todo el pueblo, a los campesinos que venían de todas las provincias y a todo el pueblo de La Habana, en la Plaza Cívica.
La columna invasora campesina presidida por el comandante Camilo Cienfuegos, que había partido días atrás de Yaguajay, en horas de la noche llega a Madruga, y el 23 acampa en el Dique, cerca de San José de las Lajas.
Respondiendo a la convocatoria de la CTC, el 23 de julio en la mañana, de diez a once, toda Cuba se detiene reclamando el regreso de Fidel Castro. La campanada de las diez y media de la mañana no se escuchó. Todo se paralizó en Cuba. En unos casos el pito de una fábrica, en otros el timbre de un establecimiento, o una simple mirada a las manecillas del reloj. Eran las diez de la mañana del jueves, la hora señalada por la Confederación de Trabajadores de Cuba para iniciar un paro proletario, un paro distinto, de respaldo, de agradecimiento, de solidaridad con el jefe de la Revolución cubana y de ruego para que se reintegrara a sus funciones de primer ministro.
El dependiente dejó de envolver arroz y el barbero con toda responsabilidad explicó al parroquiano que había que espera. Prensa Latina emitió un parte anunciando que no daría noticias por el teletipo durante esa hora. En los domicilios donde hizo falta se apagaron las cocinas, se dejó de planchar o lavar la ropa y las escobas fueron recostadas a la pared. Esto lo hicieron las amas de casa sumándose al paro. Multitud de telegramas llegaban del resto del país. En los centrales los trabajadores dejaron las reparaciones, en las fincas las labores agrícolas. En el aeropuerto de Boyeros, y en otros, el roncar de los aviones dejó de sentirse durante una hora.
A las once de la mañana los pitos de fábricas, la salida al aire de las radioemisoras, el chirriar de puertas que se levantan, el sonido de cláxones, el reinicio del tráfico, surgen los gritos espontáneos de toda la población, en todos los lugares de Cuba, pidiendo “que vuelva Fidel. La ciudadanía había dicho la última palabra: “¡Fidel, tienes que regresar!”. Las campanas de la vieja Catedral santiaguera anunciaron con sus tañidos el inicio y el fin del paro.
La noche del viernes 24 se efectúa un juego de pelota muy singular. El equipo de los Barbudos y el de la Policía Militar se enfrentaban en el estadio del Cerro con el objetivo de recaudar fondos para la reforma agraria. Los Barbudos, formados por miembros del Ejército Rebelde, son dirigidos por Fidel, quien actúa como lanzador. El lanzador del equipo contrario será el comandante Camilo Cienfuegos. Pero Camilo no lanzó contra el equipo de Fidel, porque según palabras textuales: “Yo no estoy contra Fidel ni en un juego de pelota”. De esta forma decidió que integraría batería con el líder máximo de la Revolución.

Y LLEGÓ EL 26 DE JULIO
A las 2 y 10 de la madrugada del domingo 26 de julio, el Consejo de Ministros se había trasladado hacia Santiago de Cuba para efectuar en el cuartel Moncada la reunión acordada el pasado 21 de julio. La sesión está programada para iniciarse a las 05:15 de la madrugada, la hora exacta en que comenzó el histórico asalto.
En La Habana, en horas tempranas de ese día es inaugurada la Plaza de los Mártires, en el triángulo formado por las calles 23, 25 y 30 del Vedado, lugar donde estuvo el siniestro Buró de Investigaciones de la policía de la dictadura. Luego de dar comienzo el presidente Dorticós a la sesión, el ministro de Educación doctor Armando Hart planteó que fuese declarado el 26 de julio “Día de la Rebeldía Nacional”, proposición que fue aprobada unánimemente por el Consejo. A continuación fue aprobada, también por unanimidad, la propuesta de Pedro Miret de declarar al 30 de julio de cada año “Día de todos los Mártires de la Revolución Cubana”, escogiéndose esa fecha por conmemorarse la caída de Frank País, el joven dirigente revolucionario oriental asesinado en las calles de Santiago de Cuba.
A propuesta del ministro de Recuperación de Bienes Malversados, doctor Faustino Pérez, acordó el Consejo de Ministros transferir al Instituto Nacional de Reforma Agraria
los bienes recuperados hasta este momento, que se encontraban en manos de los malversadores y esbirros de la derrocada tiranía.
Osvaldo Dorticós invita a Haydée Santamaría Cuadrado, una de las mujeres que participaron en la acción del Moncada para que diga unas palabras al pueblo de Cuba.
Haydée, muy emocionadas por el recuerdo del 26 de julio seis años atrás, y evocando a los que cayeron aquel día, expresó:
Hoy aquí pido en nombre de los mártires —ya que son muchos los vivos que le van a pedir que vuelva―, hoy aquí también pido en nombre de ésos que sé que se lo están pidiendo, que Fidel vuelva, que vuelva al puesto que le pertenece, porque así lo quieren los vivos y porque así lo quieren los muertos”.
En La Habana, a las diez de la mañana, comienza el desfile por el 26 de Julio.
Más de medio millón de personas ―entre ellas varios miles de campesinos―, congregados a todo lo largo del Paseo del Prado, desde el Castillo de la Punta hasta la calle Monte, presenció el desfile militar y el paso la columna invasora campesina, conducida por Camilo Cienfuegos. El Comandante en Jefe acompañado por el general Lázaro Cárdenas expresidente de México, y los comandantes Raúl Castro, Augusto Martínez Sánchez, Efigenio Ameijeiras, Antonio Enrique Lussón y otros dirigentes militares, también están presentes.
Tan pronto terminó el desfile el compañero Fidel, frente a la propia tribuna presidencial en el Paseo del Prado, tomó un helicóptero que lo trasladó al parque Maceo, donde fueron situando los tanques y una sección de artillería pesada para realizar un simulacro de combate con la participación de fuerzas de mar, tierra y aire.
Millares y millares de personas se fueron congregando a todo lo largo del Malecón. Por primera vez el pueblo de Cuba podía presenciar, con todos sus detalles, un simulacro de ataque a una unidad naval. Las fuerzas rebeldes dieron una magnífica demostración de organización y disciplina en este evento. El propio Comandante Fidel Castro dirigió las fuerzas de tierra que hicieron fuego contra el blanco situado a milla y media de la costa.
A las cuatro de la tarde comenzó el acto en la Plaza Cívica. Entre los oradores, el general Lázaro Cárdenas pronunció un importante discurso. También usó de la palabra el presidente de la república Osvaldo Dorticós Torrado y el jefe de las fuerzas armadas comandante Raúl Castro.
Dorticós al dirigirse a los participantes en el acto quiso recoger el clamor del pueblo con una interrogación: “¿Desean ustedes o no que ejerza sus funciones de gobierno el doctor Fidel Castro?”. Grandes aplausos y exclamaciones de aprobación siguieron a su pregunta. “Pues si es así, y si esta es la respuesta, yo termino mis palabras diciendo: esta vez, por vez primera en la historia de nuestra Revolución, no manda Fidel Castro, manda el pueblo que ordena a Fidel Castro cumplir con su deber como gobernante”.
Las emociones en la Plaza van en aumento. Interviene Raúl y, casi al finalizar, dice que están presentes miles de ciudadanos y cientos de cartelones, en ninguno se pide nada y en todos se apoya, y la única cosa que se pide es que regrese Fidel. La ovación es prolongada e ininterrumpida.
En estos momentos Osvaldo Dorticós toma el micrófono y dice: “Compañeros, en el instante más cargado de emoción de mi vida puedo hoy como, residente de la república, anunciar a ustedes que el compañero Fidel Castro, ante vuestro mandato, ha aceptado retornar al cargo de primer ministro del Gobierno Revolucionario”3. La ovación es mucho más estruendosa que las anteriores.
Continúa hablando Raúl, y dice: “Creo que esta vez, colectivamente, conjuntamente con todo nuestro pueblo, podemos decir: ¡Gracias Fidel! ¡Que regrese Fidel! Y ya regresó. En realidad, creo que nunca se fue, porque su pueblo no lo dejaba. Y Fidel está aquí porque hace falta, porque la nave de la Revolución, para cumplir el cometido de nuestra Revolución, hace falta Fidel. 4

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