Julio de 1959: El Ejército Rebelde y la defensa del país

Por Dr.C. Eugenio Suárez Pérez

El desarrollo del Ejército Rebelde y los conceptos de la defensa militar de la Revolución avanzan. Cada mes se adoptan medidas y precisan las concepciones en correspondencia con los intentos del imperialismo. En este mes fueron las siguientes:
NO AZUCEN PORQUE AQUÍ NO ASUSTAN A NADIE
El primero de julio en Camagüey, Fidel sostiene una reunión con los ganaderos de esa provincia beneficiados por la reforma agraria, y antes de concluir reafirma la decisión de defender los derechos y la libertad alcanzados por el pueblo cubano:
Porque esta tierra nuestra, esta patria nuestra y muy nuestra como no lo fue nunca; esta patria sabremos defenderla. Esta causa justa nuestra. Esta causa justa como no lo fue ninguna otra, sabremos defenderla. A nada ni a nadie tememos. Con la frente en alto, con la rectitud de nuestra conciencia. Con la convicción de que estamos sirviendo a un gran ideal, con la convicción de que estamos luchando por una gran patria. Aquí cada hombre, cada mujer y cada guajiro y cada obrero sabrán atrincherarse para defender el país. Que dejen de estar azuzando poderosos intereses porque no hay interés en el mundo por poderoso que sea capaz de sojuzgar a un pueblo que está defendiendo su libertad y que está defendiendo nobles propósitos. No hay interés en el mundo que no se detenga ante el espectáculo de un pueblo enteramente unido, lleno de entusiasmo y decidido a defender sus prerrogativas y sus derechos, con la vida, decidido a hacer los sacrificios que sean necesarios. No azucen porque aquí no asustan a nadie.
NUNCA USAREMOS LS ARMAS CONTRA EL PUEBLO
El comandante Raúl Castro preside la graduación de 426 soldados auxiliares de veterinaria, que se efectúa el 2 de julio. En sus palabras Raúl aborda tres temas de gran importancia para la futura estructura de las fuerzas armadas.
En primer lugar define el carácter de esta institución cuando expresa:
Nosotros somos un Ejército político, pero para hacer política de la buena, de la que conviene a la mayoría y no a un núcleo de privilegiados. No se puede ser apolítico, ya que apolítico significa no tener interés en la marcha de los asuntos públicos. Y precisamente para eso se luchó, para transforma la estructura económica y asocial del país. Nuestros hombres, y especialmente los hombres del Ejército Rebelde, están trabajando activamente en los planes de construcción civil del Gobierno Revolucionario. El INRA está dirigido por miembros del Ejército. Las Fuerzas Armadas juegan un rol importante en la vida pública de la Nación, y como que están al servicio de una causa: la del pueblo, la de las mayorías, la de la justicia, y si sirven a esos nobles intereses, son Fuerzas Armadas políticas.
El segundo tema que trata el comandante Raúl Castro es el de la disciplina militar.
Personalmente, no me gusta que un compañero se cuadre ante mí. Hasta ahora no hemos usado el saludo militar. Pero consideramos que tenemos que volver a instaurarlo, porque no saludamos a la persona, sino a lo que representa, a la investidura que tiene, y porque ese saludo no es más que una demostración de respeto al superior. Y así como ante mí se cuadra un militar de menor graduación, yo también me cuadro y saludo a mis superiores civiles, que representan la libre voluntad del pueblo cubano.
En cuanto a las órdenes, para el mejor funcionamiento de nuestras Fuerzas Armadas, deberán cumplirse rápidamente y sin discutirlas, aunque no parezcan del todo acertadas. La única orden que jamás cumpliremos será la de hacer uso de las armas que ganó el pueblo, contra ese mismo pueblo.
El tercer tema está relacionado con la necesidad de rectificar el concepto de que los militares deben tener derecho al voto. Al respecto Raúl manifiesta:
Aunque el Ejército no es más que el pueblo uniformado —como dice Camilo— y como tal debe tener los mismos derechos que el pueblo, por ahora hemos reconsiderado esa medida, la cual teóricamente habíamos aceptado, que es darle sufragio universal al militar. Por ahora, para evitar las más mínimas discusiones, y hasta que no consolidemos bien nuestra obra revolucionaria, no debemos tener derecho al voto.
PRIMER CONCURSO NACIONAL DE OBRAS DE TEATRO
El 6 de julio se da a conocer que varios miembros del Ejército Rebelde clasifican para integrar la delegación deportiva los III Juegos Panamericanos, que se celebrarán del 27 de agosto al 3 de septiembre en 1959 en Chicago, Estados Unidos. Este día la Dirección de Cultura de las FAR convoca al Primer Concurso Nacional de obras teatros y el día 26, el comandante Camilo Cienfuegos clausura el III Curso de la Policía Nacional Revolucionaria, en Ciudad Libertad.
También en este mes los distritos militares, escuadrones y fuerzas del Ejército Rebelde comienzan a organizar las patrullas campesinas en las provincias que actualmente conforman el territorio del ejército Central.
NO QUEREMOS SOLDADOS DE CUARTELES
El 30 de julio Fidel se encuentra en Santiago de Cuba rindiendo homenaje a Frank País y a René Ramos Latour. Fueron varios los homenajes ese día. A las nueve de la noche, en el Instituto de Segunda Enseñanza, se inicia una velada solemne; después de varios oradores, por último, Fidel se dirige a los presentes. En sus palabras rinde honores a Frank País y René Ramos Latour, el inolvidable comandante Daniel, al tiempo que define los principios del Ejército Rebelde y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias vigentes hasta nuestros días, cuando dice:
Tenemos soldados por necesidad, no por placer; tenemos soldados por necesidad y no por afición, paga el pueblo a los soldados, los alimenta y los viste para tener hombres cuyo premio fundamental sea la consideración y el cariño de sus conciudadanos, cuyo premio fundamental sea el respeto de la ciudadanía, la confianza de la ciudadanía, el amor de la ciudadanía. Tenemos soldados porque la Patria los necesita para defender su Soberanía y su Revolución, si no, no tendríamos soldados.
Luego, en memoria de los caídos con el recuerdo puesto en aquellos magníficos soldados de los primeros días, que no le podían pedir refuerzos a nadie, que no le podían pedir auxilios a nadie, que no le podían pedir comida a nadie, que ganaron innumerables combates porque nunca se sintieron cansados, nunca fueron remisos a cumplir una orden y muchas veces hasta después de cuatro o cinco días sin comer caminaban treinta kilómetros de noche, para interceptar a una tropa en retirada; soldados del cumplimiento del deber en la clandestinidad, como Frank País; soldados como Daniel, que murió un día como hoy, hace un año, cuando nuestras fuerzas habían iniciado la contraofensiva, cuando el enemigo se retiraba y hacía un último esfuerzo por rescatar a una tropa sitiada; un día como hoy, cuando Daniel, junto con otro contingente de trescientos hombres íbamos a combatir un refuerzo que llegaba contra esa tropa sitiada a que me refería y al llegar al alto de una de aquellas montañas más abruptas en horas de la madrugada, al saber que la tropa sitiada se había rendido y habiéndosele ordenado a distintas fuerzas avanzar para cortar la retirada del refuerzo, aquellos hombres, entre ellos en una de las columnas el compañero Daniel, que no tuvo tiempo ni de atrincherarse porque apenas llegaba a la posición después de muchos días de luchar sin comer y la tropa casi descalza, combatió con el enemigo que ya se retiraba. Hombres como aquellos que hicieron posible la victoria son los que necesitamos en el país; hombres como aquellos que murieron al amanecer sin tiempo para dormir un minuto después de muchos días en pie de lucha; hombres como aquellos, que eran pocos pero podían vencer a muchos, porque eran superiores por su abnegación, por su espíritu de sacrificio, son los que necesitamos. […]
Así que el combatiente revolucionario no puede pensar jamás en el número de los enemigos, sólo en la calidad de los defensores de la Patria y de la Revolución, porque el número no importa en lo absoluto; lo que importa es la calidad; y los mejores soldados fueron aquellos de la Guerra de Independencia, los mejores soldados fueron aquellos de la montaña, el mejor ejército fue aquel ejército espartano en que los hombres llevaban una vida austera, que tomaban un caldo negro, que pasaban frío y vivían en condiciones duras, porque soldados de cuarteles, no queremos; queremos soldados de marcha, queremos soldados de montaña, queremos soldados que se mojen, queremos soldados que marchen de noche, queremos soldados que lleven su olla arriba para cocinar por escuadras y que no anden pensando en llevar calderas para cocinar para el batallón o el regimiento. Queremos soldados que no olviden sus días de campaña, sus tácticas de lucha, soldados que no se nos vuelvan mediocres con la vida de los cuarteles, porque a ese soldado de cuartel lo derrotamos totalmente, a ese ejército de cuartel lo destruimos totalmente, pues un buen soldado rebelde merece llamarse soldado rebelde porque por algo hemos llevado el nombre “rebeldes”; el soldado que se acomoda en los cuarteles, olvidándose de la vida del verdadero soldado rebelde que fundó este Ejército de la República no es buen soldado rebelde. […] Soldados que tengan muy presente que la Revolución jamás contemporizará ni con indisciplina ni con corrupción ni con desviación. […]
Y, por tanto, todo jefe que consienta indisciplinas, es un mal jefe, todo jefe que tolere indisciplinas, es un mal jefe. La rectitud y la disciplina no están reñidas con la confraternidad y el compañerismo revolucionario. Deben ser las normas del Ejército Rebelde y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
ESTAMOS DISPUESTOS A SER TAMBIÉN SUS COMPAÑEROS EN LAS TUMBAS
Fidel concluye sus palabras reiterando el compromiso de defender la Patria y la Revolución.
[…] porque esta Revolución tenemos que defenderla, porque esta Patria tenemos que defenderla porque en ella no está sólo el porvenir y la felicidad de nuestro pueblo, en ella están todas las esperanzas y todas las ilusiones de millones y millones de compatriotas; porque aquí en nuestro suelo están enterrados nuestros muertos, y aunque los que los asesinaron ya no están aquí, pues huyeron cobardemente, hoy, cuando esos mismos asesinos, aliados a todos los intereses se preparan para volver aquí a implantar el terror, el luto y la humillación de ayer, hoy, cuando esos mismos asesinos se empeñan en movilizar cuantos enemigos sea posible para volver a implantar

el terror sangriento que costó tantas vidas; hoy debemos decir y debemos proclamar y debemos jurar que esta tierra y esta Revolución las defenderemos hasta la última gota de sangre.
Que esta tierra y esta Revolución no volverán a arrebatárnoslas, porque aquí no sólo están sembradas las esperanzas de nuestro pueblo, aquí, en esta tierra, en la entraña de esta tierra, están enterrados los restos de nuestros muertos, y si le arrancaron a ellos la vida y si el precio del triunfo fueron esas vidas, las vidas pudieron arrancárselas, pero la idea y el ideal por el que cayeron, no podrán arrancarlos, pudieron arrancarles la vida, pero no podrán arrancarnos el recuerdo de nuestros muertos, porque los verdaderos revolucionarios, los que fuimos sus compañeros en las montañas, los que fuimos sus compañeros en las cárceles y en sus mesas, estamos dispuestos a ser también sus compañeros en las tumbas.

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