Repercusión de la visita de Fidel al sur de América

Por Dr. Eugenio Suárez Pérez y Lic. Acela Caner Román

El viaje de Fidel a países de América del Sur tuvo una repercusión como quizás nunca antes alguien la hubiera tenido. La prensa de esos países así lo demuestra.
Su barba “nadie nunca se la mesó” y “nadie nunca” se la mesará
El periódico argentino La Nación publica en sus páginas:
Si el rostro es el espejo del alma, el alma de Fidel Castro tiene la lealtad, la nobleza y la grandeza de los seres de excepción. Pero el héroe popular parece ser consciente de su popularidad y también de su responsabilidad. No hace nada de modo ostentoso. Todo habla por sí mismo, y toda su sensibilidad parece afluir, como una descarga, a las manos alargadas, de dedos inquietos. Esas manos podrán ser de artista, mas nunca de rudo guerrero. Como serían las manos del Cid, un guerrero que también hablaba de dignidad y honor en nombre de su pueblo. De su barba sabemos que nadie nunca se la mesó. Y a este hombrón que acaba de ponerse de pie nadie nunca le mesará la barba.
Por su parte, el diario también argentino El Mundo valora la fuerza de las palabras de Fidel pronunciadas en la Conferencia de los 21:
Literalmente, con su discurso Castro arrojó una verdadera bomba en medio del recinto, pero no hubo incomodidad por su aparente falta de sentido diplomático: Hay cosas que debían ser dichas en esa forma y así fueron dichas.
En otro momento de este artículo se lee:
El calor de su convicción, la incuestionable honestidad de sus planteamientos y la sinceridad absoluta con que abordó los distintos temas, le ganó la simpatía de casi todos los presentes, ya que hubo algunos delegados —no los indicaremos— a quienes las definiciones y la profesión de fe democrática americana de Castro, no podían serles evidentemente gratas.
El Caballero de las Verdes Selvas
Una crónica de María Teresa de León refleja las emociones que provoca la participación de Fidel en la Conferencia de los 21.
Junto al canciller argentino aparece, buscando apresurado su asiento, un hombre alto, ancho, de uniforme verde, cara solar, barba antigua suave de santo militante y mirada que parece no ver. Ya el uniforme marca una tercera posición en el vestir, ni castrense ni civil, miliciano nada más, hombre transitorio en la pelea, hombre del común al servicio del serio asunto del combate. Si pudiéramos exagerar diríamos un heroico arcángel apoyado sobre una mesa, cansado mientras escucha a los delegados, por ejemplo del Paraguay, con la atención, de pronto, de un perdiguero de raza, interesado por lo que puede transparentarse en el discurso del hermoso pueblo ausente en aquella voz.
Los fotógrafos desdeñan gastar películas en otro que no sea el presidente (sic.) del Gobierno cubano. Fidel Castro muestra la paciencia del que a diario se somete a la operación quirúrgica de la posteridad. Se deja arrebatar trozos de su expresión, que darán risa a sus nietos […].
Hasta que habló el canciller de Venezuela la Asamblea de los 21 respiraba aquella mañana un aire convencional y escéptico […].
En ese aire despejado de equívocos por Venezuela se levantó a hablar Fidel Castro. Todos los corazones marcaron la misma hora exacta. Un leve acento de timidez, una pausa entre frase y frase. Se había descompuesto el altavoz y las palabras sonaban puras no mecanizadas, como ascendiendo. Yo pensé en el acento respetuoso del hijo con los padres equivocados, a los que hay que decir claras las cosas y hacerlos responsables. Responsables de la falta de eficacia para sacar de su encrucijada a los pueblos subdesarrollados de América. El hilo sonoro descubría paulatinamente la verdad de sus intenciones con la elocuencia del que intenta al llegar a la desnudez total de la verdad, encontrar un nuevo camino […].
Iban llegando las ovaciones al caballero de las verdes selvas y todos se inclinaban atraídos por el verdor que aún llevaba en su barba florida y no mesada por nadie, el muchacho de Cuba. El alba verde de la Sierra Maestra encandilaba la conferencia económica de los países americanos con la hermosa presencia popular que está viviendo la isla del Caribe. Se sentían sorbidos los delegados por las verdades, tan pocas veces dichas, ya que nuestro tiempo se hizo muy hábil en ocultar situaciones para no desagradar […]. Concluyó el discurso de Fidel Castro con una asombrosa ovación de reconocimiento […]. Los viejos delegados, se batían en retirada frente a la ráfaga casi adolescente americana que cruzaba la conferencia […].
Y después del discurso quedó en la retina su figura. Nos cuentan que desde Rodolfo Valentino nadie tuvo mayor prestigio ante la opinión femenina norteamericana. Pero eso es anécdota. Pero también factor de triunfo. ¿Quién sería capaz de arremeter contra una figura cinematográfica, contrariando a la poderosa mujer del norte? El romántico caballero de la Sierra Maestra con su cara solar, es hoy por hoy, el personaje más extraordinario de América. Se le tienden diariamente trampas inmundas ¡Qué tristemente serviles son las radios y diarios del mundo cuando atacan la aurora que ha abierto en el cielo de América la valentía cubana! […].

 

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