No le llega la cachucha a las barbas de Fidel

Por Dr. Eugenio Suárez y Lic. Acela Caner

El domingo 22 de marzo, frente al Palacio Presidencial, se realiza el primer desfile de trabajadores y del pueblo en general en apoyo a la Revolución. Por primera vez en la historia de Cuba, existe plena identificación entre los institutos armados y el pueblo, pues al frente avanzan las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire del ejército Rebelde.

Para que hablara en el acto había sido invitado el expresidente de la República de Costa Rica, José Figueres. Desde el día 20 se encontraba en La Habana invitado por el presidente Manuel Urrutia y el ministro de Estado, Roberto Agramonte, para participar en el acto.

En su discurso, Figueres intenta dar “consejos” a Cuba de lo que debe hacer. Recomienda un concepto de parcialidad internacional que no está en correspondencia con el sentimiento popular de los cubanos. Al referirse a las relaciones con los Estados Unidos, el exmandatario expresa:

Y cuando noto que al tratar de discutir nuestras relaciones con los Estados Unidos, la potencia occidental que tenemos más cerca y al tratar de negociar con ella para que las relaciones económicas nos favorezcan, noto que a veces no nos damos cuenta de que le hablamos un lenguaje casi de enemigos bélicos y de que ninguna potencia mundial puede permitirle a alguien que le hable como un enemigo público.[1]

Desde la propia tribuna, una voz interrumpe a Figueres: “Lo que quieren los Estados Unidos es que nosotros les saquemos las castañas del fuego”. A partir de este momento el político centroamericano se turba y trata de justificar sus palabras alegando que su propósito no es criticar sino exponer algunas ideas.

Toca el turno ante los micrófonos al Comandante en Jefe Fidel Castro, quien inicia su intervención diciendo:

 

Nos hemos ido un poco lejos. Y es conveniente que volvamos otra vez a poner los pies sobre la tierra.

Nunca sabe uno cuál ha de ser su más difícil comparecencia en una tribuna pública. Cuando ha considerado difícil alguna de ellas, no ha tardado en aparecer otra que la supere. Y para mí ninguna tan difícil como esta de hoy, en que siento discrepar mis ideas con el ilustre visitante que es José Figueres.

¿Cómo exponer nuestra discrepancia sin faltar a la elemental cortesía que le debemos a nuestro huésped? Era difícil hablarle al pueblo en el día de hoy, porque toda revolución es en sí misma difícil y compleja; y esta comparecencia se hace aún más, cuando a los complejos problemas internos del país, tenemos que añadirles los complejos problemas internacionales.[2]

Fidel con mucho tacto continúa su intervención, y acudiendo a las campañas del enemigo plantea se ha hecho una campaña tal y tan tremenda, una campaña tan infame y tan pertinaz, que aun hombres como José Figueres, a quien suponíamos libre de temores y de prejuicios, ha sido influido por esas campañas; y así se nos ha tratado de quitar simpatías en todo el continente, y así se ha querido sumir en el odio de los demás pueblos del continente la Revolución más moral, más honesta y más justiciera que ha conocido América.

En su intervención, Fidel solicita la ayuda decidida del pueblo para llevar adelante la Revolución y evitar que fracase. Hace énfasis en el papel de los sindicatos y la necesaria unión que debe existir en las bases sindicales, como premisa fundamental para el avance de la Revolución, pues, desgraciadamente, las pugnas en la base, han llevado a los compañeros a una competencia en ver quién pide más, sin detenerse a considerar si el momento de pedir es este, si el momento de querer recoger los frutos de la Revolución es ahora o después. Sin detenerse a considerar que no podemos comernos el fruto antes de sembrar la semilla.

Durante su intervención, José Figueres usaba una gorra del tipo conocido por cachucha. Al siguiente día, el pueblo cubano, con su jocosidad proverbial, canta:

¡Vaya enano divertido,

oficioso consejero,

que con frecuente plumero

sacude un trono podrido!

¿A qué diablos ha venido

y en qué va a ayudarnos él?

Ya comenta el pueblo cruel

que aunque su jactancia es mucha,

¡no le llega la cachucha a las barbas de Fidel![3]

 


[1] Bohemia, (13), La Habana, 29 de marzo de 1959, pp. 86-87.

[2] Ibídem, p. 91.

[3] Hoy, La Habana, 24 de marzo de 1959, p. 5.

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