Los mártires del Pan de Guajaibón: FIN DE AÑO PISOTEADO POR LA MUERTE

Por José Miguel Márquez Fariñas

 En la noche del 26 de diciembre de 1958, cuatro jóvenes procedentes de la Habana que se dirigían a la cordillera de la Sierra de los Órganos en la Provincia de Pinar del Río fueron detenidos en Bahía Honda. Faltaban apenas unas horas para el triunfo de la revolución, y estas pocas horas trastocaron para siempre su destino, porque en la madrugada del día 28 fueron ahorcados en el Pan de Guajaibón. No pudieron celebrar el nuevo año con sus familias, ni ver el triunfo que anhelaban y que ya estaba por estrenarse.

Corría el año 1958, y diciembre, mes de las celebraciones y los nuevos proyectos, era testigo de fuertes enfrentamientos entre la tiranía y el ejército rebelde, al tiempo que una intensa tensión anulaba para la mayoría cualquier opción de fiesta: las fuerzas represivas de Batista, en su impotencia, redoblaban sus rondas de terror. La noche del 26 estos cuatro jóvenes sufrieron un embate brutal, los esbirros les detuvieron y torturaron en el cuartel de Bahía Honda, y al día siguiente  fueron torturados nuevamente en el cuartel de Las Pozas, de la misma zona, hasta que terminaron siendo ahorcados el 28 en medio de un festín de sangre y violencia.

 Pero, ¿quiénes fueron estos muchachos que pasaron a la historia por siempre como los Mártires de Guajaibón?  Ellos eran: 

 Julián Martínez Inclán de veinte años, once como estudiante en el Colegio Belén de los jesuitas, miembro de la Academia Literaria Avellaneda, estudiante del segundo año de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Villanueva.

 Ramón Pérez Lima de veintidós años, graduado del Colegio Baldor con notas excelentes, primer expediente en el primer año de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de La Habana, primer expediente en el segundo año de la carrera en la Universidad de Villanueva y Profesor del Centro de Estudios Matemáticos de la Agrupación Católica Universitaria.

 Javier Calvo Formoso de veintiún años, antiguo alumno del Colegio Belén, miembro de la Academia Literaria Avellaneda, graduado con el segundo expediente en su curso. Profesor de la Escuela Nocturna Obrera de Belén y Presidente de la Confederación de Asociaciones Universitarias Católicas. Profesor de Psicología en el Colegio Belén y estudiante de Medicina de La Habana y de Psicología en la de Villanueva.

 Y José Ignacio Martí Santa Cruz de veintiún años, nacido en Santiago de Cuba y graduado del Colegio Dolores de los jesuitas en esa ciudad, estudiante de tercer año de Ingeniería Química de la Universidad de Villanueva, deportista distinguido.

 Cuatro jóvenes inteligentes, sensibles, capaces, generosos, en los albores de su juventud. Militantes católicos, formados en escuelas religiosas, estudiantes de la Universidad de La Habana y de la Universidad Católica Santo Tomas de Villanueva, que pertenecían a la Agrupación Católica Universitaria A.C.U. dirigida por la Compañía de Jesús.

 El sacerdote jesuita Amando Llorente, Director de la A.C.U, en entrevista que le realizara a raíz de los hechos el periodista católico Juan Emilio Friguls, publicada en la Revista Bohemia  en enero de l959, afirmó:

 ¨A las once de la noche del viernes 26 de diciembre, los cuatro jóvenes partieron hacia Pinar del Río. Iban desarmados y no llevaban ninguna misión de violencia: trataban de entrevistarse con unos miembros de la resistencia cívica de la provincia pinareña para conocer las necesidades perentorias que pudieran tener, especialmente en cuanto a medicinas, ropas, víveres, a fin de poder auxiliarlos desde la capital. Era una tarea patriótica y humanitaria que les había dictado su propio corazón y que se propusieron llevar a cabo después de recibir, como lo hacían diariamente, la Sagrada Comunión: eran almas blancas que solo aspiraban a remediar dolores y necesidades a quienes estaban luchando por un ideal patriótico.¨

 ¨Para evitar tropiezos en la Carretera Central, fuertemente vigilada, optaron por realizar el viaje, aunque solo eran cuatro, en dos automóviles, que salieron a la misma hora hacia un lugar de la provincia occidental.¨

 ¨De acuerdo con el plan de viaje que se habían trazado, regresarían a La Habana en la tarde del día 31, para esperar el Año Nuevo junto con sus familiares, por eso no empezamos a impacientarnos hasta el día primero, en que ni regresaron ni tuvimos noticias de ellos..¨

 Días después se confirmaría el horrendo asesinato de los jóvenes y se localizarían los cadáveres en el Pan de Guajaibón, junto con los restos del joven nombrado Manuel Zabala, que había corrido la misma suerte.

 Julio Domínguez García, en aquel entonces secretario del Rector del Colegio Belén, el padre jesuita Daniel Baldor y de la Vega, formó parte de la comitiva de la iglesia que viajó a Pinar del Rio para desenterrar a los jóvenes de la A.C.U., cuyos cadáveres se encontraron en una fosa en el Hoyo de Alea, al pie del Pan de Guajaibón, con marcas visibles de tortura. Refiere Domínguez García que la comitiva estaba integrada por el antes referido Amando Llorente, el Prefecto del Colegio Belén y otros sacerdotes y hermanos jesuitas.

 Ellos fueron informados de que el crimen se llevó a cabo con la anuencia del connotado asesino y torturador Jacinto García Menocal, comandante del ejército batistiano que operaba sembrando el terror en los territorios de Consolación, Candelaria, Los Palacios, Bahía Honda, Artemisa y San Cristóbal, entre otros.

 Este asesinato produjo una sentida conmoción entre los familiares, amigos y círculos de la Iglesia Católica, en particular en los centros de enseñanza católicos a los que los jóvenes se mantenían vinculados. A las honras fúnebres asistieron el representante del Vaticano, Nuncio Luis Centoz, obispos, clérigos y estudiantes de los colegios católicos de la capital.

 Lo cierto es que estos jóvenes habían expresado a dirigentes del Movimiento 26 de Julio vinculados al sector estudiantil, su intención de alzarse e incorporarse al Ejército Rebelde, en una reunión que se celebró en la Academia De La Salle, a raíz de haberse decretado en 1958 la huelga y el cierre de las universidades privadas. Ellos habían apoyado el cierre de la Universidad de Villanueva, a la que se había opuesto el rector de este centro: el padre Kelly, un norteamericano perteneciente a la Congregación de los Agustinos, de quien posteriormente se conoció que había informado al tenebroso Buró de Investigaciones del régimen los nombres de los instigadores de la huelga.

 En una reunión celebrada en la Academia De La Salle en 1958,  donde participaron por el Movimiento 26 de Julio, Ricardo Alarcón de Quesada, actual asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros José Buajasán Marrawi, Coronel  Sergio Mendoza Díaz y el Rector de dicha Academia, Bernabé Gabriel, este último partidario del cierre de estos centros de enseñanza.

 Controvertidas fueron las reacciones y opiniones en torno a este hecho. Al triunfo de la Revolución, familiares de Javier Calvo Formoso denunciaron categóricamente que estos jóvenes habían sido víctimas de una delación, sospechas que sustentaban, entre otros indicios, en el hecho de que las fuerzas represivas los estaban esperando en Bahía Honda.

 A 55 años de estos hechos, rendimos tributo a estos jóvenes que movidos por sentimientos patrióticos habían decidido incorporarse a la lucha revolucionaria y en quienes sus verdugos se ensañaron y descargaron todo su odio y la impotencia, sabiéndose próximos a la derrota y temiendo que el pueblo les ajustara cuentas por los crímenes cometidos al servicio de la dictadura más sangrienta de la historia de Cuba.

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