La batalla de Guisa había iniciado la operación Santiago

A continuación ofrecemos tres fragmentos de escritos relacionados con la batalla de Guisa donde sus protagonistas dan cuenta de la magnitud de los combates. Con ello rendimos homenaje a los combatientes que lograron esta vitoria rebelde, a 55 años de los hechos.

(Tomado de La contraofensiva estratégica, de Fidel Castro Ruz, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2010, pp. 297-303).

 El primer día del mes de diciembre redacté el parte militar sobre la Batalla de Guisa, publicado en esa misma fecha por la emisora Radio Rebelde. La información pormenorizaba las bajas enemigas y los pertrechos ocupados; destacaba, además, la bravura del capitán Braulio Curuneaux, caído en combate casi al final de los enfrentamientos.

Radio Rebelde

Última hora: La Batalla de Guisa. Tomado el pueblo por las fuerzas rebeldes. Más de doscientas bajas ocasionadas al enemigo. Un tanque, dos morteros, una bazooca, siete ametralladoras trípode, 94 armas largas y cincuenta y cinco mil balas ocupadas.

Repetimos… Hemos recibido de la Comandancia General el siguiente parte:

Ayer, a las 9 de la noche, después de diez días de combate nuestras fuerzas penetraron en Guisa. La batalla tuvo lugar a la vista de Bayamo, donde está situado el puesto de mando y el grueso de las fuerzas de la dictadura. Se combatió contra nueve refuerzos enemigos que vinieron sucesivamente, apoyados en tanques pesados, artillería y aviación.

La acción de Guisa se inició exactamente el 20 de noviembre a las 8 y 30 de la mañana, al interceptar nuestras fuerzas una patrulla enemiga que diariamente hacía el recorrido de Guisa a Bayamo, poniéndole fuera de combate a los pocos minutos. Ese mismo día a las 10 y 30 de la mañana llegó al lugar de la acción el primer refuerzo enemigo contra el que se combatió hasta las seis de la tarde en que fue rechazado. A las 4 P.M. un tanque T-17 de 30 toneladas quedó destruido por una poderosa mina. Fue tal el impacto de la explosión que el tanque se elevó varios metros y cayó más adelante con las ruedas hacia arriba y la torre clavada en el pavimento de la carretera.

 Horas antes un camión repleto de soldados había sido también destruido por efecto de otra potente mina. A las seis de la tarde el refuerzo se retiró.

Al día siguiente el enemigo avanzó apoyado con tanques Sherman y logró penetrar en Guisa, dejando un refuerzo en la guarnición. El 22 nuestras tropas, repuestas del cansancio de dos días de continuas luchas tomaron de nuevo posiciones en la carretera de Bayamo-Guisa. El 23 una tropa enemiga intentó avanzar por el camino del Corojo siendo rechazada. El 25 [realmente fue el día 26], un batallón de infantería precedido por dos tanques T-17 avanzaba de nuevo por la carretera de Bayamo a Guisa en un convoy de 14 camiones. A dos kilómetros de este punto las tropas rebeldes hicieron fuego contra el convoy a ambos lados de la carretera cortándole además la retirada, mientras una mina paralizaba el tanque de vanguardia. Se inició entonces uno de los más violentos combates que se han librado en la Sierra Maestra. Había quedado sitiada no sólo la guarnición de Guisa sino el batallón completo que vino de refuerzo. Estos contaban en el interior del cerco con dos tanques T-17. A las 6 de la tarde el enemigo había tenido que abandonar todos los camiones, agrupándose estrechamente alrededor de los dos tanques. A las 10 de la noche, mientras una batería rebelde de morteros [del] 81 atacaba a la fuerza enemiga, reclutas revolucionarios armados de pico y pala abrieron una zanja en la carretera junto al tanque destruido el día 20, de modo que entre los restos de este y la zanja quedaba obstaculizada la salida de los dos tanques T-17 que estaban en el interior del cerco. A las dos de la mañana una compañía rebelde avanzó desplegada contra el enemigo batiéndolo fuertemente contra los tanques, donde quedaron sin agua y sin comida.

Al amanecer del 27 dos batallones de refuerzo de Bayamo, precedidos por tanques Sherman llegaron al lugar de la acción. Se combatió contra ellos durante todo el día 27. A las seis de la tarde los blindados y la Infantería enemigas iniciaron retirada general. Los Sherman pudieron salir gracias a sus ruedas de estera. Tras ellos arrastraron uno de los tanques T-17, pero el otro no pudo ser retirado. Sobre el campo lleno de cadáveres enemigos quedaron numerosas armas; treinta y cinco mil balas, catorce camiones, 200 mochilas y un tanque T-17 en perfectas condiciones, con abundante parque de cañón calibre 37 milímetros. Pero la acción no había concluido; una columna rebelde avanzando rápidamente de flanco interceptó al enemigo en retirada en las proximidades del entronque en la carretera Central, atacándole y haciéndole numerosas bajas y ocupándole más armas y más parque.

 Rápidamente el tanque fue ocupado y puesto en condiciones de entrar en acción. El 28 por la noche dos pelotones rebeldes precedidos por el tanque avanzaron resueltamente hacia Guisa. A las dos y veinte de la madrugada del día 29, el T-17 tripulado por rebeldes se situó exactamente a las puertas del cuartel de Guisa y en medio de los numerosos edificios donde estaba atrincherado el enemigo  [comenzando  comenzó] a disparar sus armas. Cuando había disparado ya cincuenta cañonazos, dos impactos directos de bazooka disparados por el enemigo paralizaron los motores del mismo. Los tripulantes del tanque averiado continuaron disparando contra el cuartel el resto de las balas del cañón hasta agotar la última. Entonces bajándose del tanque iniciaron la retirada.

Se produjo un acto de inigualable heroísmo. El teniente Hipólito Prieto [en verdad fue Leopoldo Cintra Frías] que manejaba la ametralladora del tanque la sustrajo del mismo y bajo un fuego cruzado, y a pesar de estar herido, se arrastró bajo las balas llevando consigo la pesada arma sin abandonarla un instante.

Ese mismo día, al amanecer cuatro batallones enemigos avanzaron por tres puntos diferentes: el camino de Bayamo al Corojo, la carretera de Bayamo a Guisa y el camino de Santa Rita a Guisa. Todas las fuerzas enemigas de Bayamo, Manzanillo, Yara, Estrada Palma, Baire y otros puntos fueron movilizadas. La columna que avanzaba por el camino de El Corojo fue rechazada después de dos horas de fuego.

Los batallones que avanzaban por la carretera de Bayamo a Guisa fueron contenidos durante todo el día, acampando durante la noche a dos kilómetros de Guisa. Los que venían por el camino de Corralillo fueron igualmente rechazados, dando entonces un rodeo por el noreste del pueblo. El treinta se libraron las últimas acciones; los batallones que habían tomado posiciones a dos kilómetros del pueblo, intentaron reiteradamente avanzar durante todo el día sin conseguir forzar el paso.

A las cuatro de la tarde, mientras nuestras unidades combatían contra los refuerzos, la guarnición de Guisa abandonó el pueblo en precipitada retirada dejando atrás todo el parque y numerosas armas.

A las nueve de la noche nuestra vanguardia penetró en el pueblo. Ese mismo día sesenta y un años atrás, fuerzas del ejército libertador al mando del General Calixto García Íñiguez habían tomado el pueblo de Guisa.

En el momento en que se redacta este parte de guerra se ha contado ya el siguiente equipo ocupado al enemigo:

 Un tanque de Guerra T-17, tomado, perdido y vuelto a recapturar, 94 armas entre fusiles ametralladoras, Garand, Springfield, y ametralladoras San Cristóbal; dos morteros 60, un mortero 81, una bazooca, siete ametralladoras trípode calibre 30, cincuenta y cinco mil balas, ciento treinta granadas de Garand, setenta obuses de mortero 60 y veinticinco de 81, veinte cohetes de bazooca, 200 mochilas completas, ciento sesenta uniformes, catorce camiones de transporte, víveres, medicinas, etc… Se sigue registrando el campo de batalla  [en con] la seguridad de encontrar más armas.

Se le ocasionó al enemigo más de 200 bajas entre muertos y heridos en los diez días de combate. Hoy la Cruz Roja ha procedido a enterrar numerosos cadáveres de soldados de la dictadura que fueron abandonados en el campo de batalla y que no habían podido ser sepultados mientras duró la misma. Ocho compañeros cayeron heroicamente en el curso de la acción y siete más fueron heridos. La batalla se libró principalmente contra las tropas acantonadas en Bayamo.

Fue una lucha de hombres contra aviones, tanques y artillería. El más destacado oficial rebelde fue el capitán Braulio Coronú [Curuneaux] veterano de numerosas acciones que cayó gloriosamente defendiendo su posición en la carretera de Guisa, por donde no pudieron pasar los tanques enemigos.

Las unidades rebeldes al mando de sus capitanes y demás oficiales combatieron con una moral extraordinaria. Se destacaron especialmente los capitanes Reynaldo [Reinaldo] Mora, Rafael Verdecia, Ignacio Pérez y Calixto García; los Tenientes Orlando Rodríguez Puerta [Puertas], Alcibíades Bermúdez, Gonzalo Camejo que dirigió la tripulación del Tanque y que dirigió la batería de morteros 81, Dionisio Montero que manejó la batería del 60, el teniente Raimundo Montes de Oca, instructor de la Compañía de ametralladoras, el ingeniero Miguel Ángel Calvo, jefe de la Sección de Minas y Explosivos, y los tenientes Armelio Mojena y Niní Serrano [René Serrano]. Una escuadra del pelotón de mujeres Mariana Grajales combatió valerosamente también durante los diez días que duró la acción soportando el bombardeo de los aviones y el ataque de la artillería enemiga.

Guisa, a 12 kilómetros del Puesto de Mando de Bayamo es ya Territorio Libre.

Fidel Castro
Comandante Jefe

 (Tomado de “Versión del discurso del Comandante en Jefe ante los oficiales y jefes vanguardias de las FAR de 1973”, Trabajo Político, p. 73.)

Hay un combate que fue más importante, desde el punto de vista militar, o más difícil desde el punto de vista militar que el del Jigüe, fue el de Guisa. Porque el de Guisa fue un desafío ­nuestro, con tropas todas nuevas, porque ya habían salido ­todas las columnas, contra el ejército de operaciones de ellos que estaba en Bayamo. […]

Ese combate en Guisa fue muy audaz, porque fue con una tropa nueva, contra las tropas principales de ellos que estaban en Bayamo, un desafío muy grande. Al final de diez días, nos quedamos con el pueblo de Guisa. Y ellos no pudieron, ellos ­fueron derrotados y nos quedamos con el pueblo. Esa tropa quedó muy desmoralizada en todos aquellos combates, y nos facilitó el avance ­sobre Baire, Jiguaní, Maffo, Palma Soriano; facilitó el avance ­sobre Santiago de Cuba, nos quedaba el ejército de Bayamo en la retaguardia, pero estaba muy desmoralizado por los diez días de combate en que tuvieron una cantidad enorme de bajas. Y ese sí, porque ya ese no era en las montañas, allí se podía llegar con ­tanques, por caminos asfaltados. Ese fue uno de los combates más difíciles. Ahora, hay una cosa muy importante: la primera gente de nuestro ejército aprendió a combatir y fue adquiriendo una experiencia, una confianza, una seguridad. Ahora, sin embargo, los que venían nuevos, ya no tuvieron que hacer el aprendizaje que hicieron los primeros; ya ellos seguían la tradición de los primeros.

 (Fragmentos del libro del Comandante de la Revolución Guillermo García Frías, El último combate, p. 97).

Tomada Guisa, luego de una corta estancia en Charco Redondo, el Comandante en Jefe se acercó a la Carretera Central y estableció su puesto de mando en el lugar conocido como la Rinconada, enclavado entre los pueblos de Baire y Jiguaní. Desde allí dio las primeras órdenes para iniciar el desarrollo de un conjunto de fulminantes acciones que llevarían a nuestras tropas hasta las mismas ­puertas de Santiago. Fidel estaba al frente de la mayor agrupación de fuerzas y en la dirección del golpe principal: la capital oriental.

La batalla de Guisa había iniciado la Operación Santiago, y de forma paulatina se fueron agrupando fuerzas del Primero, Segundo y Tercer ­Frentes, todas bajo su mando directo, con el objetivo de ­rendir las guarniciones del ejército situadas entre Bayamo y Santiago de Cuba, a lo largo de la Carretera Central.

 

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