A LOS SOLDADOS DEL TIRANO DE UN SOLDADO REBELDE

Calixto  Morales Hernández, autor de este poema escrito en octubre de 1958, nació en Florida, Camagüey, donde fundó la primera célula revolucionaria. En 1955 se incorpora al  Movimiento 26 de Julio y formó parte de los expedicionarios del yate Granma. Tras el triunfo de la Revolución fue designado gobernador militar y civil de la provincia Las Villas. Ocupó varios cargos en la administración del Estado y fue embajador de Cuba en Islas Seychelles. En 2009 fue condecorado con la Distinción Coronel Mambí Juan Delgado. Falleció en La Habana el 2 de agosto de 2013.

Yo te conozco soldado

juntos corrimos los campos

y jugamos la pelota

con unos guantes prestados

De aquel barrio proletario

eras entonces pedazo,

y gritaban por las calles:

“vaya el Diario”

Recuerdo tus ropas rotas

y como andabas descalzo;

entonces yo te quería …

pero te hiciste soldado.

¡Qué contento con tus botas

y tu kaki almidonado!

¡Entonces yo te quería,

pero … ¡te hiciste soldado!

Juguete del coronel,

esclavo de muchos amos,

enemigo de tu hermano,

obediente, ciego, manso

a los gritos del cuartel.

Abjuraste de ser bueno

y hoy presumes de ser fiel.

¿Fiel a quién? ¿A quien te tendió

a mano para llevarte al cuartel?

¿Al que con dinero ajeno,

dinero que paga el pueblo,

paga tu padre, el obrero,

paga el industrial aquel-

compra tu cuerpo y tu alma

para convertirte en vil,

te da un kaki y un fusil

y te dice: ve  a la guerra,

vete a matar o morir,

para yo poder seguir

siendo dueño de la tierra,

del aire que tu respiras,

comprar yates y en placer

largos ocios disipar?

¡Cuánta pena, pobres seres

los que viven como tú!

¡Por qué matas la virtud

y asesinas la verdad!

¡Cómo te inyectan maldad

quienes te quieren perder!

¡Es que no quieres volver

a estrechar mano de pueblo!

Yo soy tu hermano;

te quiero…

te quiero ver liberado.

Yo soy soldado y también

quiero como tu vivir…

También empuño un fusil;

como tu a mis hijos quiero,

amo la luz, miro al cielo,

pero prefiero morir

a que me desprecie el pueblo,

a que mañana en la escuela

mis hijos de pena mueran

por ser hijos de un traidor.

¡Cuánta vergüenza y dolor

vas a legar a los tuyos,

lindos y sanos capullos,

de raíces venenosas!

¿Quién te llevará a la losa

que cubra tu cuerpo inerte

un bello ramo de rosas?

¿Quién se atreverá a quererte

si tu sembraste la muerte?

¡Qué triste legado dejas

soldado del opresor!

Para mi flores de historia,

bendición a m i memoria.

Para ti: de no escuchar el llamado

que hace la Revolución

odio de pueblo y rencor,

y tu hijo apostrofado

como hijo de un soldado

soldado de la traición.

Octubre 26/1958

 

 

 

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