El balance final de la batalla

Fidel Castro Ruz

Tomado de La Victoria Estratégica. Por todos los caminos de la Sierra, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2010, pp. 701-707.

Fue una victoria rotunda de nuestras fuerzas guerrilleras.

Con la retirada de las últimas unidades del Ejército de la tiranía de Las Mercedes quedó derrotada de forma aplastante y definitiva la gran ofensiva enemiga contra el territorio rebelde del Primer Frente de la Sierra Maestra, durante la cual el mando militar de la dictadura lanzó sus más poderosos recursos, en un intento final por destruir el núcleo central guerrillero.

El valor, la tenacidad, el heroísmo y la capacidad de los combatientes rebeldes en la férrea y organizada defensa de las posiciones, y la aplicación contundente de todas las formas tácticas de acción de la guerrilla, desbarataron la ofensiva en 74 días de incesante e intenso batallar.

Dentro de esa brillante actuación de todos nuestros combatientes, contribuyeron en particular a este desenlace victorioso, un grupo de aguerridos y eficientes capitanes que actuaron en la primera línea de combate, con inteligencia y coraje, al frente de sus hombres.

En este balance final es obligado destacar, en primer lugar, al Che y Camilo, quienes cumplieron cabalmente con su papel de ser mis principales lugartenientes en diferentes momentos, así como a Andrés Cuevas, Ramón Paz, Daniel, Angelito Verdecia, Ramiro Valdés, Guillermo García, Lalo Sardiñas y Pinares, entre otros.

Como escribí en el parte leído por Radio Rebelde el 7 de agosto, apenas al día siguiente de concluida la Batalla de Las Mercedes:

La ofensiva ha sido liquidada. El más grande esfuerzo militar que se haya realizado en nuestra historia Republicana, concluyó en el más espantoso desastre que pudo imaginarse el soberbio Dictador, cuyas tropas en plena fuga, después de dos meses y medio [de] derrota en derrota, están señalando los días finales de su régimen odioso. La Sierra Maestra está ya totalmente libre de fuerzas enemigas.

La derrota de la ofensiva enemiga, después de 74 días de incesante combate, significó el viraje estratégico de la guerra. A partir de ese momento la suerte de la tiranía quedó definitivamente echada, en la medida en que se hacía evidente la inminencia de su colapso militar.

Ese mismo día redacté una carta dirigida al mayor general Eulogio Cantillo, quien dirigió toda la campaña enemiga desde el puesto de mando de la zona de operaciones, asentado en Bayamo. Le confirmé a Cantillo que se encontraban en poder de nuestras fuerzas alrededor de 160 soldados prisioneros, entre ellos muchos heridos, y que estábamos en disposición de establecer de inmediato las negociaciones pertinentes para su entrega. Tras complicadas gestiones, esta segunda entrega de prisioneros se efectuó varios días después en Las Mercedes.

En el curso de esos 74 días de intensos combates para el rechazo y la derrota de la gran ofensiva enemiga, nuestras fuerzas sufrieron 31 bajas mortales. Las noticias tristes no amilanaron nunca el espíritu de nuestras fuerzas, aunque la victoria nos supo amarga muchas veces. Aún así, la pérdida de combatientes pudo ser muy superior, teniendo en cuenta la intensidad, duración y violencia de las acciones terrestres y los ataques aéreos, si no lo fueron se debió a la extraordinaria pericia alcanzada por nuestros guerrilleros en la agreste naturaleza de la Maestra y por la solidaridad de unos rebeldes con otros. Muchas veces, heridos graves salvaron su vida, en primer lugar, porque sus compañeros hicieron lo imposible por trasladarlos a donde pudieran asistirlos los médicos, y todo, a pesar de lo abrupto del terreno y el silbido de las balas en medio de los combates.

A lo largo de estas páginas he ido mencionando los nombres de los caídos, pero quiero relacionarlos de nuevo a todos aquí para ofrecer de una sola vez el cuadro completo de nuestros mártires, merecedores del eterno recuerdo de respeto y admiración de todo el pueblo. Ellos son:

Comandantes: Andrés Cuevas, Ramón Paz y René Ramos Latour, Daniel.

Capitanes: Ángel Verdecia y Geonel Rodríguez.

Tenientes: Teodoro Banderas, Fernando Chávez, El Artista, y Godofredo Verdecia.

Combatientes: Misaíl Machado; Fernando Martínez; Albio Martínez; Wilfredo Lara, Gustavo; Wilfredo González, Pascualito; Juan de Dios Zamora; Carlos López Mas; Eugenio Cedeño; Victuro Acosta, El Bayamés; Francisco Luna; Roberto Corría; Luis Enrique Carracedo; Elinor Teruel; Juan Vázquez, Chan Cuba; Giraldo Aponte, El Marinero; Federico Hadfeg; Felipe Cordumy; Lorenzo Véliz; Gaudencio Santiesteban; Nicolás Ul; Luciano Tamayo; Ángel Silva Socarrás y José Díaz, El Galleguito.

Colaboradores campesinos: Lucas Castillo, otros miembros de su familia, e Ibrahim Escalona Torres.

Honor y gloria eterna, respeto infinito y cariño para los que cayeron entonces.

El enemigo sufrió más de 1 000 bajas, de ellas más de 300 muertos y 443 prisioneros, y no menos de cinco grandes unidades completas de sus fuerzas fueron aniquiladas, capturadas o desarticuladas. Quedaron en nuestro poder 507 armas, incluidas dos tanques, 10 morteros, varias bazucas y 12 ametralladoras calibre 30.

A todo ello habría que añadir el efecto moral de este desenlace y su trascendencia en la marcha de la guerra: a partir de ese momento, la iniciativa estratégica quedaba definitivamente en manos del Ejército Rebelde, dueño absoluto, además, de un extenso territorio al que el enemigo no intentaría siquiera volver a penetrar. La Sierra Maestra, en efecto, quedaba liberada por siempre.

La victoria sobre la gran ofensiva enemiga del verano de 1958 marcó el viraje irreversible de la guerra. El Ejército Rebelde, triunfante y extraordinariamente fortalecido por la enorme cantidad de armas conquistadas, quedó en condiciones de iniciar su ofensiva estratégica final.

Con estos acontecimientos se abrió una nueva y última etapa en la guerra de liberación, caracterizada por la invasión al centro del país, la creación del Cuarto Frente Oriental y del Frente de Camagüey. La lucha se extendió a todo el país. La gran ofensiva final del Ejército Rebelde condujo, con la fulminante campaña de Oriente y de Las Villas, a la derrota definitiva del Ejército de la tiranía y, en consecuencia, al colapso militar del régimen batistiano y la toma del poder por la Revolución triunfante.

En la contraofensiva victoriosa de diciembre de ese año, se decidió el triunfo con alrededor de 3 000 hombres equipados con armas arrebatadas al enemigo.

Las columnas del Che y de Camilo, avanzando por las llanuras del Cauto y de Camagüey, llegaron al centro del país. La antigua Columna 1 de nuevo entrenó más de 1 000 reclutas en la escuela de Minas de Frío, y con jefes que surgían de sus propias filas, tomaron los pueblos y ciudades en la Carretera Central entre Bayamo y Palma Soriano. Nuevas tanquetas T-37 fueron destruidas, los tanques pesados y la aviación de combate no pudieron impedir la toma de ciudades cientos de veces mayores que el pobladito de Las Mercedes.

En su avance, a la Columna 1 se le unieron las fuerzas del Segundo Frente Oriental Frank País. Así ocupamos la ciudad de Palma Soriano el 27 de diciembre de 1958.

Exactamente el 1ro. de enero de 1959 -la fecha señalada en carta a Juan Almeida antes de iniciarse la última ofensiva de la dictadura contra la Sierra Maestra-, la huelga general revolucionaria, decretada a través de Radio Rebelde desde Palma Soriano, paralizó al país. El Che y Camilo recibieron órdenes de avanzar por la Carretera Central hacia la capital, y no hubo fuerzas que hicieran resistencia.

Cantillo, en reunión conmigo, con Raúl y Almeida reconoció que la dictadura había perdido la guerra, pero poco después desarrolló en la capital maniobras golpistas, contrarrevolucionarias y pro imperialistas e incumplió las condiciones pactadas para un armisticio. A pesar de ello, en tres días estaban a nuestra disposición las 100 000 armas y los barcos y aviones que poco antes habían apoyado y permitido la fuga del último batallón que penetró en la Sierra Maestra.

Pusimos en libertad, sin condición alguna, a los prisioneros de guerra, a quienes respetamos la vida, cuidamos su salud cuando estaban heridos y protegimos en medio de los combates.

Entramos en la capital el 8 de enero de 1959, me hubiera gustado que muchos de aquellos militares profesionales que no eran culpables y tenían cualidades se hubieran unido a nosotros, pero ya no fue posible. Una marea de pueblo revolucionario se incorporó a nuestra tropa y, junto a los veteranos del Moncada, el Granma, el llano y la Sierra, nutrió de gente sana, nueva y pujante las filas de lo que poco tiempo después serían nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias. La vida, al fin, desbordaba predicciones y sueños.

El 11 de noviembre de 1958 había salido de La Plata con 30 hombres armados y 1 000 reclutas desarmados a conquistar la patria anhelada por los mambises, con el propósito de que esta vez sí entraríamos a Santiago. El 1ro. de enero de 1959, tras la epopeya escrita en montañas, campos y ciudades, nada pudo impedir el triunfo de la independencia definitiva y la justicia en Cuba.

 

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