Dos nuevas columnas, un cumpleaños y la contribución por saco de azúcar

(Fragmentos tomados del libro De Cinco Palma a Santiago, de Eugenio Suárez Pérez y Acela Caner Román, Editorial Verde Olivo, La Habana, 2006, pp.272-288).

 Se acerca la fecha en que se organizarán dos columnas que deben marchar al occidente del país. El general de brigada William Gálvez conserva en su memoria estos días.

Alrededor del diez de agosto de mil novecientos cincuenta y ocho, nos encontrábamos descansando en un lugar conocido por Cuatro Caminos, cuando Camilo nos ordenó al teniente Haroldo Cantallops y a mí, que buscáramos unas bestias. Según nos dijo, quería ir adonde se hallaba Fidel, pues debía recibir instrucciones acerca de la misión que tenían que cumplir él y sus hombres.

 […] llegamos a Las Mercedes. Allí estaban Fidel, el Che, Celia y otros compañeros. En aquellos momentos se discutía con un alto oficial de la tiranía acerca de la tregua vigente y de la entrega de los prisioneros.

Este oficial, de apellido Neugart, con grados de coronel, fue básicamente con la intención de sondear la disposición del jefe rebelde en cuanto a aceptar un golpe militar para sustituir a Batista. A esta posibilidad, que indudablemente se fraguaba en las altas esferas castrenses, el Comandante en Jefe se opuso de manera categórica, al exigir que el gobierno pasara a manos de los dirigentes revolucionarios.

Allí, en Las Mercedes, Fidel informó a Camilo acerca de su plan de invasión; cómo debía actuar en todo el recorrido, cuáles eran los hombres que debía escoger para integrar la columna y otras instrucciones relacionadas con el audaz proyecto.

Camilo pidió que la columna llevara el nombre de “Capitán Osvaldo Herrera”, en memoria del heroico combatiente caído. Fidel explicó que ya se había escogido el nombre de “Antonio Maceo” y Camilo comprendió que, al tratar de reeditar la página más gloriosa de la Guerra del 95, el más adecuado, sin duda, era el del genial táctico y estratega mambí.

Se determinó crear la medalla al valor “Osvaldo Herrera” y ponerle este nombre al frente guerrillero que se organizaría en Pinar del Río, con lo cual se le rendiría homenaje a aquel bravo capitán.

[…] Camilo se sentía feliz. Nos dijo que Fidel había cumplido lo que una vez le insinuó. Nos mostró una nota del Comandante en Jefe, fechada el 26 de abril de 1957, en la que este le decía:    

 No te preocupes por no poder satisfacer por ahora tus ­deseos de visitar Camagüey, queda mucho terreno todavía por ­delante. Nosotros vamos hacia La Habana. ¿Te gustaría ser el primero en llegar a Pinar del Río?3[E1] 

 

El 13 de agosto de 1958, Fidel cumple treinta y dos años. Celia Sánchez, con la sensibilidad que la caracteriza, le prepara una sorpresa. Francisco Escalona Martínez, uno de los que comparte el agasajo, narra lo sucedido esta mañana bien temprano.

[…] Celia nos reúne a todos los que estamos en la casa de Bismark, en Las Vegas de Jibacoa, donde acampa con frecuencia la Comandancia General del Ejército Rebelde. Somos unos ­cuantos entre ayudantes, transeúntes y habitantes permanentes. En voz baja nos dice que tiene preparada una sorpresa para el Comandante, y necesita que estemos atentos y presentes cuando él se despierte. Su dinamismo nos asombra ­siempre, y en este momento tratamos de adivinar, en las miradas que intercambiamos, todo lo que hay de secreto en la sorpresa anunciada.

[…] Celia vigila el sueño del Comandante. Está impaciente y ansiosa porque se despierte, pero a la vez cuida porque no se haga ruido o alguien hable demasiado alto. Cuando cree conveniente o tal vez notando la expectativa despertada en nosotros, se nos acerca de nuevo y nos explica:

–Hoy es el cumpleaños de Fidel y tenemos que alegrarlo celebrándolo.

Hace una seña de que esperemos y se dirige hacia otra parte de la casa. Luego regresa con dos cajas de cartón. En la cocina abre las cajas. En la grande aparece un hermoso key adornado con abundante merengue y de la pequeña extrae velitas que va colocando.

Ya el asombro está expresado en el brillo de todos los ojos. A la vista de tan apetitoso manjar nuestras glándulas salivales se reactivan, las tripas se alborotan. Nos tocamos en los ­hombros unos a otros y señalamos hacia la caja grande estirando los ­labios y enarcando las cejas. Nos hemos transformado en muchachos golosos.

–¡Un key…!

–¡Con velitas…!

–¡En plena Sierra…!

Y Celia mandando a callar. Se pone en movimiento hacia donde duerme el Comandante. Sus pasos son suaves y silenciosos, amortiguados por las blancas alpargatas que calza y que contrastan con su uniforme verde olivo.

Estamos como hipnotizados, haciéndonos la boca agua y tratando de adivinar sabores.

Celia se demora unos segundos y regresa agitada.

–¡Ahora, vamos pronto…!

Comenzamos a encender las velitas. Sin esperar a que estén ­todas prendidas, Celia toma el key con ambas manos. Todavía se detiene un segundo más para decirnos lo que vamos a cantar. Antes de llegar a la puerta del cuarto hace una parada y mira hacia atrás para ver si todos la seguimos. Penetramos, y ella es la primera que rompe a cantar en voz baja. Nosotros la imitamos elevando las ­voces para inundar de alegría el cuarto del Comandante.

Los aplausos, la risa, el júbilo. El Comandante se sienta en la cama sin dejar de mirar el key. Se pasa una mano por la cabeza, se toca la barba; y riendo como un muchacho grande, emocionado, exclama:

–¡Oye…! ¿Pero yo cumplo tantos años…?

Su entusiasmo es notable, familiar, hace pensar que experimenta la misma ansiedad de nosotros ante el key. No es extraño, el estado general de desnutrición en la vida guerrillera crea un anhelo perenne por el dulce y posiblemente él sea quien más haya sufrido su carencia. Ahora su alegría es contagiosa y nos lleva a la conclusión de que vale la pena cualquier sacrificio para disfrutarla. Lo observamos bien, sigue sentado en la cama y se inclina para ­soplar las velitas. Hace un comentario desconfiado, como vislumbrando una broma, y sin dejar de reír, cuenta las velitas hasta cerciorarse que no hay más de treinta y dos.

Ese día no se detuvo la guerra. Todo siguió cambiando para bien del cubano. A nosotros nos pareció extraordinario, sorprendente y común al mismo tiempo. Todos los que estábamos en la casa y los que pasaron por ella comimos un key con sabor distinto al que se pueda imaginar, sabor a libertad.2

Cuatro días después, Fidel le escribe al Che.

Sierra Maestra, Agosto 17 de 1958

8 y 30 a.m.

Che:

Todos los esfuerzos del ingeniero eléctrico (y me consta que ha trabajado con mucho interés) para arreglar el magneto de la bazooka han sido inútiles. Se va hacer una adaptación para usarla con pilas. Le he dicho que invente un sistema sencillo y práctico, de modo que las pilas puedan ser sustituidas fácilmente.

Hoy sale de Santo Domingo el Vaquerito con los hombres que le quedan (1 Garands, 3 Cristóbal y 2 Spring). Te lo mando de acuerdo a tu última nota. Solo queda lo de la bazooka por resolver. Dile a tu bazuquero que regrese mañana a buscarla.

Los hombres que vayan a quedar por ahí desvinculados, mándalos a Fajardo en Las Vegas. Infórmame lo que queda de Silva, Fonso y Raúl.

Sería muy conveniente que fueras al alto de Mompié el ­martes 19 por la tarde y yo trasladarme allí para los últimos toques. He decidido un cambio importante de estrategia que debes conocer aunque no altera nada la parte tuya.

Estoy en La Plata remendando pelotones y atendiendo otras cosas.

Fidel Castro3

Joel Iglesias, combatiente de la columna del Che, es testigo y partícipe de los intensos preparativos para la invasión.

El Che la realizaba de acuerdo con las órdenes recibidas de ­nuestro Comandante en Jefe, que también se ocupaba del completamiento de nuestra columna y de garantizar el transporte, ya que este en una nota enviada al Che (sin fecha), le plantea:

Che:

Esta mañana te mandé los hombres que tienen Garands del pelotón de Crespo. Haz lo que creas mejor con los hombres y con los Garands. El que no te convenga le das otra arma y lo devuelves. Tienes que decirme cuántos Garands vas reuniendo y cuántos crees necesitar. Asimismo debes ir haciendo la ­lista de las demás armas […]

Pepito me habla del asunto de los camiones. Que arregle eso contigo de acuerdo con tus planes. Que coja los que necesita, donde sea y de quienes sean, pero que procure si es posible agarrarlos con comida.

Fidel

Por estos días, continuaron incesantemente los preparativos en cuanto al armamento que llevaríamos en la invasión4.

[…]

El 18 de agosto, Fidel firma una importante orden para el desarrollo de la guerra.

Orden militar

Se asigna al comandante Camilo Cienfuegos la misión de conducir una columna rebelde desde la Sierra Maestra hasta la provincia de Pinar del Río, en cumplimiento del plan estratégico del Ejército Rebelde.

La Columna No. 2, “Antonio Maceo”, que así se denominará la fuerza invasora en homenaje al glorioso guerrero de la Independencia, partirá del Salto el próximo miércoles, 20 de agosto de 1958.

Al comandante de la columna invasora se le otorgan facultades para organizar unidades de combate rebeldes a lo largo del territorio nacional, hasta tanto los comandantes de cada provincia arriben con sus columnas a sus respectivas jurisdicciones; aplicar el código penal y las leyes agrarias del Ejército Rebelde en el territorio invadido; percibir las contribuciones establecidas por las disposiciones militares, combinar operaciones con cualquier otra fuerza revolucionaria que se encuentre ya operando en ­algún sector determinado; establecer un frente permanente en la provincia de Pinar del Río, que será base de operaciones definitivas de la columna invasora y designar para esos fines a oficiales del Ejército Rebelde hasta el grado de comandante de columna.

Fidel Castro Ruz

Comandante Jefe

Sierra Maestra, Agosto 18-58, 9 a.m.5

 

También en este histórico día, Radio Rebelde da a conocer el informe final del Comandante en Jefe sobre el rechazo de la ofensiva de la tiranía.

[…]

El Comandante en Jefe ha mandado a buscar a Pastorita Núñez, quien llega a su lado el 18 de agosto. La destacada combatiente narra el encuentro.

[…] Fidel estaba en su bohío, que apoya un extremo en la ladera y el otro sobre pilotes, bajo el frondoso follaje húmedo del bosque. En aquel local de tabla y guano, con piso de madera, pequeño para el movimiento de sus largos pasos, que sonaban mientras caminaba de la puerta al interior, a la vez que gesticulaba y mordía el tabaco, me dijo: “Ya lo tengo, vas a recorrer uno a uno todos los centrales azucareros de la provincia de Oriente para cobrar el impuesto de guerra, y en un mes tendremos el dinero que necesitamos para comprar armas”.

Al día siguiente, en un bloc de papel chico en el que hace las anotaciones, me leyó la orden que ya tú conoces. Antes me dijo: “No sé si poner tu nombre de guerra –Agustina– o tu verdadero nombre, porque es bastante riesgoso, tu nombre es conocido”. Yo le contesté: “El riesgo es igual, Fidel, pon el que resulte más efectivo”. Se quedó pensando un instante y exclamó: “Tienes razón, el riesgo está en llegar a los centrales azucareros, cualquiera que sea el que vaya: voy a poner tu nombre”.

Territorio Libre de Cuba

Sierra Maestra

Agosto 19 de 1958

Se comisiona a la compañera Pastora Núñez a fin de que con otras personas integre una comisión con el objeto de visitar a ­todos los propietarios de ingenios azucareros de la provincia de Oriente para informarles que por disposiciones militares del Ejército Rebelde, se establece la contribución de quince centavos por cada saco de azúcar de 250 libras producido en la zafra de 1958 […].

Esta contribución deberá ser satisfecha en su totalidad antes del próximo 15 de octubre.

El no cumplimiento de la misma en el tiempo y forma indicados dará lugar a sanciones que serán irrevocables a partir de ­dicha fecha, pues no se admitirá aplazamiento alguno ni aceptaremos su cobro posterior.

 

Fidel Castro

Comandante Jefe

[…]

Este martes 19 de agosto, Fidel y el Che se encuentran en el alto de Mompié. Allí también está Edilberto Enamorado, quien recuerda que:

Al encontrarse con Fidel y el Che, el primero le dice ¿ustedes saben lo que van a traer del llano?, pues no van a traer nada, sino que llevarán al Che […]

Fidel les expresaba la convicción de que ellos estaban cumpliendo las misiones asignadas, con eficacia, y al mismo tiempo les recuerda su responsabilidad, diciéndole a Magadán que si al Che le pasaba algo, sería por no haber hecho las cosas debidamente. Enamorado, tratando de salvar la parte que a ellos correspondía, le dice a Fidel: Que asumían la responsabilidad, pero a su vez el Che debía prestar atención a sus recomendaciones y consejos, dado que ellos eran los conocedores del terreno. Según afirma Enamorado, el Che aceptó sus observaciones.6

Dos días después, en horas de la noche, Fidel firma otra ­orden de gran importancia para el desarrollo de la guerra.

Se asigna al comandante Ernesto Guevara la misión de conducir desde la Sierra Maestra hasta la provincia de Las Villas, una columna rebelde y operar en dicho territorio de acuerdo con el plan estratégico del Ejército Rebelde.

 La Columna No. 8 que se destina a ese objetivo llevará el ­nombre de Ciro Redondo, en homenaje al heroico capitán rebelde muerto en acción y ascendido póstumamente a comandante.

La Columna No. 8 Ciro Redondo partirá de Las Mercedes entre el 24 y el 30 de agosto. Se nombra al comandante Ernesto Guevara jefe de todas las unidades rebeldes del Movimiento 26 de Julio que operan en la provincia de Las Villas, tanto en las zonas rurales como urbanas y se le otorgan facultades para recaudar y disponer en gastos de guerra las contribuciones que establecen nuestras disposiciones militares, aplicar el código ­penal y las ­leyes agrarias del Ejército Rebelde en el territorio donde operen sus ­fuerzas, coordinar operaciones, planes, disposiciones administrativas y de organización militar con otras fuerzas revolucionarias que operen en esa provincia, las que deberán ser invitadas a integrar un solo cuerpo de ejército para vertebrar y unificar el­ ­esfuerzo militar de la revolución; organizar unidades locales de combate, y designar oficiales del Ejército Rebelde ­hasta el grado de comandante de columna.

La Columna No. 8 tendrá como objetivo estratégico batir incesantemente al enemigo en el territorio central de Cuba e interceptar hasta su total paralización, los movimientos de tropas enemigas por tierra desde Occidente a Oriente, y otras que oportunamente se le ordenen.

Fidel Castro Ruz

Comandante Jefe

Sierra Maestra, Agosto, 21-58, 9:00 p.m.7

 

1   Wiliam Gálvez,Camilo: Señor de la vanguardia, pp.179, 180 y 197.

2            Francisco Escalona Martínez: “Ese día no se detuvo la guerra”, Verde Olivo, No.1, enero de 1990, pp.8 y 12-13.

3, 4 y 6  Joel Iglesias Leyva: De la Sierra Maestra al Escambray, p.42.

5 y 7 Ricardo Martínez Victores: 7RR. La historia de Radio Rebelde, pp.315-316

 


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