Algunas concepciones estratégicas de Fidel para el rechazo de la ofensiva enemiga

Compilación de Eugenio Suárez

 Desde finales de mayo se había iniciado la ofensiva del ejército de la tiranía, por Las Mercedes y Minas de Bueycito, simultáneamente, con la intención, pensó el enemigo, de aniquilar al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra. El 14 de junio de 1958, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz envía unas instrucciones al comandante Ramiro Valdés, jefe de la Columna 4. Eran las 7 de la mañana, cuando se sentó a redactar en La Plata el extenso documento de 18 páginas.

 (Fragmentos tomados del libro La Victoria Estratégica. Por todos los caminos de la Sierra, de Fidel Castro Ruz).

 […] En ese mismo documento expuse ampliamente muchas de las concepciones estratégicas que pensaba aplicar ante la ofensiva enemiga, que se estaba acercando ya a su momento más crítico:

 […] en este momento, estoy pensando cuidadosamente en las semanas y meses venideros. Esta ofensiva será la más larga de todas, porque es la última de todas. Después del fracaso de este esfuerzo, Batista estará perdido irremisiblemente y él lo sabe, por tanto echará el resto. Esta es, pues, una batalla decisiva, que se está librando precisamente en el territorio más conocido por nosotros.

 Y seguidamente preciso:

 Yo estoy dirigiendo todo mi esfuerzo a convertir esta ofensiva en un desastre para la Dictadura, tomando una serie de medidas destinadas a garantizar: primero, la resistencia organizada un tiempo largo, segundo, desangrar y agotar al ejército y tercero, la conjunción de elementos y armas suficientes para lanzarnos a la ofensiva apenas ellos comiencen a flaquear. Estoy preparando una por una las áreas de sucesivas defensas. Estoy seguro de que haremos pagar al enemigo un precio altísimo. A estas horas es evidente que están muy retrasados en sus planes y aunque presumo que hay mucho que luchar, dados los esfuerzos que deben hacer para ir ganando terreno, no sé hasta cuándo les dure el entusiasmo.

La cuestión es hacer cada vez más fuerte la resistencia y ello será así, a medida que sus líneas se alarguen y nosotros vayamos replegándonos hacia los sitios más estratégicos.

 La idea estratégica era organizar una defensa escalonada, cada vez más firme en la medida en que se concentraran las líneas defensivas, y cada vez más costosa al enemigo, que tenían en su contra tres factores: la extensión progresiva de sus líneas de abastecimiento en un terreno plenamente desfavorable para él, ya que no estaba en condiciones de garantizar la seguridad de su retaguardia, y quedaba expuesto al ataque constante de sus convoyes de suministro; la necesidad de desarrollar sus operaciones más importantes en un territorio familiar a los rebeldes, que conocíamos palmo a palmo y en el que habíamos preparado nuestras defensas más elaboradas, y finalmente, la imposibilidad moral y material que presuponía al enemigo –y los hechos me dieron la razón– para sostener por un tiempo relativamente prolongado una campaña que le costaba tanto esfuerzo y desgaste.

Como parte de la estrategia de concentración de fuerzas y previendo la posibilidad de que el enemigo alcanzara la Maestra, le ordené, en consecuencia, a Ramiro trasladar el campamento principal de la Columna 4 de La Mesa hacia Agualrevés, al oeste de Santana en la propia Maestra. El traslado incluiría todas las instalaciones, talleres, víveres y reses. De tal suerte, aun en el caso de que el enemigo alcanzara la Maestra por Santana, las fuerzas y los recursos de ese sector rebelde no quedarían aisladas de las de la Columna 1 en los accesos a La Plata, sino integradas en un sistema único y orgánico de defensa que abarcaría, todavía en ese momento, territorios importantes al este del Turquino.

Con lujo de detalles, instruí a Ramiro acerca de las posiciones en que debía desplegar sus fuerzas en el caso de que los guardias franquearan la Maestra. Cabe apuntar aquí que yo no le concedía posibilidad alguna de avance al enemigo más allá de Santana:

 Una vez situadas en Agualrevés y así dispuestas las fuerzas, se acabó el retroceso. Con el Turquino en un flanco, la Maestra en otro, nosotros protegiéndoles este lado, es de todo punto imposible que ningún ejército avance por ahí.

 De esta forma, quedaría plenamente asegurado en el sector oriental el objetivo estratégico fundamental en toda esta etapa, desglosado en el mensaje a Ramiro en los puntos siguientes:

 1º Proteger y mantener territorio básico para abastecernos en él de armas y municiones por aire, cosa que está muy adelantada.

2º Mantener la planta trasmisora que se ha convertido en factor de primera importancia.

3º Resistir organizadamente los tres meses que considero indispensables para poder lanzarnos a la ofensiva con abundantes hombres y equipos.

4º Ofrecer una resistencia cada vez mayor al enemigo a medida que nos concentremos y ocupemos los puntos más estratégicos.

5º Disponer de un territorio básico donde funcione la Organización, los hospitales, los talleres, etcétera.

 Esta defensa organizada y cada vez más concentrada del “territorio básico” en torno a La Plata, en espera del momento de pasar a la contraofensiva, prevista desde el principio como eje de nuestra planificación estratégica frente a la ofensiva enemiga, adquiría ahora mucha mayor significación a partir del desarrollo hasta ese momento de los hechos. En realidad, el 14 de junio, fecha en que redacté este largo mensaje, faltaban menos de 15 días para el agotamiento del impulso ofensivo del ejército de la tiranía y el inicio de una segunda etapa que se caracterizaría por la contención de esa ofensiva y la preparación de condiciones para la contraofensiva rebelde.

___

El desembarco enemigo por la costa sur se produjo el 10 de junio. La misión era cumplida por el Batallón 18 y se abría para las fuerzas rebeldes un frente sur.

[…] Hay que tener en cuenta, además, que en lo que respecta específicamente al frente sur, la situación se tornó muy fluida en el curso de los días posteriores al desembarco enemigo, y con ella iba evolucionando también de manera muy dinámica nuestra planificación defensiva.

En mantenerse constantemente al tanto de los acontecimientos, y siempre un paso por delante de ellos, en esa suprema flexibilidad operativa radicó una de las claves tácticas más importantes del éxito del Ejército Rebelde. Esta primera fase de la campaña en el frente sur de la ofensiva, hasta la llegada de Quevedo a Jigüe, constituye quizás uno de los ejemplos más significativos.

Lo que sigue a continuación es un intento de reconstrucción de la vertiginosa marcha de los acontecimientos durante estas primeras jornadas de lucha en el Sur.

En un mensaje a Pedro Miret, quien seguía al frente de la fuerza rebelde atrincherada en la desembocadura del río La Plata, la mañana del 11 de junio, al día siguiente del desembarco del Batallón 18, le trasmití las instrucciones para la defensa de ese sector […]:

 La primera resistencia hay que hacerla en la costa y por los flancos lo más lejos posible en los lugares más estratégicos de los caminos que vienen del Macho y Palma Mocha. Cuando hayan tenido que replegarse hasta el río [La Plata], resistir entonces río arriba hasta el campo [de aviación], metro a metro. Destruir el avión si no podemos hacer nada por salvarlo e inutilizar el tractor quitándole y guardando algunas piezas esenciales. Después la resistencia hay que hacerla río arriba hasta el Jigüe. Es muy importante que tengan que pagar con muchas vidas cada kilómetro que avancen hacia nosotros. Hacer muchas trincheras donde quiera que vayan a resistir.

 Como se puede apreciar, estas instrucciones recogían el sentido esencial

de nuestro plan general, es decir, la resistencia escalonada y tenaz al enemigo, para dificultar y demorar su avance el mayor tiempo posible y desgastarlo de manera incesante e inexorable. No se trataba de detenerlo en un primer momento, difícilmente podríamos lograrlo con los efectivos rebeldes concentrados en la costa.

Obsérvese también la mención a Jigüe como último punto contemplado implícitamente en la retirada rebelde y, por tanto, en la penetración enemiga. De hecho, ya en este momento yo tenía previsto ese lugar como el posible escenario de la batalla decisiva en este sector. No se trataba de un sueño o una inspiración. Era el resultado de un íntimo conocimiento del terreno y de la consagración al estudio y el análisis de los modos de actuar del ejército, lo que me llevaba a predecir, por lo general con bastante exactitud, lo que iba a ocurrir. De aquel ajedrez de batallones moviéndose, apoyados por la aviación militar y la marina podían salir todas las variantes, esos dos factores fueron esenciales en la elaboración de las ideas que condujeron a la derrota enemiga.

Y en otro mensaje inmediatamente posterior, volví a insistirle: “Tienes q. resistir de verdad y no dejarlos llegar al Jigüe ni a Purialón si es posible. Ese camino es formidable para combatir”.

Con el desembarco en Las Cuevas ya no tenía sentido la defensa de Ocujal y la permanencia allí del pelotón rebelde de Ramón Paz. Al día siguiente del desembarco ordené a Paz que se replegara hacia el río Palma Mocha, a la altura de la casa del colaborador campesino Emilio Cabrera, en El Jubal, que era donde venía a salir uno de los caminos que partían de Las Cuevas y, por tanto, una de las posibles vías de penetración del enemigo.

Cursadas las instrucciones antes citadas a Pedro Miret para la defensa del río La Plata, me dediqué entonces a organizar las primeras medidas defensivas en la zona entre el Turquino y Palma Mocha. Instruí también a Paz que ordenara a la escuadra de Vivino Teruel, la que hasta ese momento cuidaba la desembocadura del río Palma Mocha, que se retirara casi un kilómetro río arriba y preparara una primera línea defensiva en espera de nuevas instrucciones. Igualmente, Paz debía enviar una escuadra de su tropa “[…] lo más avanzada posible por el camino de la casa de Emilio [Cabrera] a las Cuevas, que esté al acecho de cualquier movimiento enemigo por ese camino y hacerle la primera resistencia”.

También le indiqué a Almeida que, con algunos de los hombres traídos por él desde el Tercer Frente, se ubicara en el alto de Palma Mocha, entre este río y el de La Plata, como una especie de reserva dispuesta a moverse hacia donde fuese necesario.

Ya en esos momentos, nuestra preocupación principal no era que el enemigo ocupara Ocujal o Las Cuevas, o cualquier otro punto de la costa, salvo la desembocadura del río La Plata. Así se lo hice saber a Paz en un extenso mensaje que le envié al mediodía del 11 de junio, en el que expresaba cuál constituía nuestro objetivo esencial a la luz de la situación táctica creada después del desembarco: “Ahora lo que hay que impedir es que [el enemigo] avance hacia arriba”.

En ese mismo mensaje analicé los cursos más posibles de acción de la tropa que había desembarcado, partía de la premisa de que su primer movimiento sería la ocupación de Ocujal y de la playa de Palma Mocha para asegurar sus dos flancos. De ahí en adelante, las tres variantes principales eran: el avance desde Las Cuevas hacia el curso superior del río Palma Mocha por el camino que sale a El Jubal, el avance hacia el mismo punto a lo largo del camino que sigue el curso del río desde la desembocadura, y el avance hacia La Plata por el camino de la costa. En el primer caso, chocarían con la escuadra avanzada de la tropa de Paz; en el segundo, con la de Teruel; y en el tercero, con la que Miret tendría emplazada en el camino de la costa, lo más cerca posible del río Palma Mocha, de acuerdo con las instrucciones que yo le había enviado. En este último caso, la escuadra de Teruel debía hostigar a la fuerza enemiga desde la retaguardia.

                                                 ___

 

Las concepciones estratégicas del Comandante en Jefe fueron reiteradas el 18 de agosto, cuando por Radio Rebelde ofreció una exhaustiva información de los acontecimientos.

 

(Fragmentos tomados del libro La Contraofensiva Estratégica. De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba, de Fidel Castro Ruz).

 […] La estrategia rebelde estaba sintetizada en las siguientes palabras de las instrucciones dirigidas por la Comandancia General a los Comandantes de Columnas, en los primeros días del mes de junio, que decía textualmente, entre otras cosas:

 Tenemos que estar conscientes del tiempo mínimo que debemos resistir organizadamente y de cada una de las etapas sucesivas que se van a presentar. Más que en este momento estamos pensando en las semanas y meses venideros. Esta ofensiva será la más larga de todas. Después del fracaso de ésta, Batista estará perdido irremisiblemente; él lo sabe y por tanto hará el máximo esfuerzo. Esta es una batalla decisiva que se está librando precisamente en el territorio más conocido por nosotros. Estamos dirigiendo todo el esfuerzo por convertir esta ofensiva en un desastre para la Dictadura. Estamos tomando una serie de medidas destinadas a garantizar: Primero: la resistencia organizada, Segundo: desangrar y agotar al ejército adversario, Tercero: la conjunción de elementos y armas suficientes para lanzarlos a la ofensiva, apenas ellos comiencen a flaquear.

Están preparadas una por una, las etapas sucesivas de defensa. Albergamos la seguridad que haremos pagar al enemigo un precio altísimo. A estas horas es evidente que están muy retrasados en sus planes, y aunque presumimos que hay mucho que luchar, dados los esfuerzos que deben hacer para ir ganando terreno, no sabemos hasta cuándo les dure el entusiasmo.

La cuestión es hacer cada vez más fuerte la resistencia y ello será así a medida que sus líneas se alarguen y nosotros vayamos replegándonos hacia los sitios más estratégicos.

Como consideramos posible que en algunos puntos ellos logren flanquear la Maestra, en documento adjunto se comunican las instrucciones precisas para cada caso.

Los objetivos fundamentales de estos planes son:

Primero: disponer de un territorio básico donde funcione la organización, los hospitales, los talleres, etc.

Segundo: mantener en el aire la Emisora Rebelde que se ha convertido en factor de primera importancia,

Tercero: ofrecer una resistencia cada vez mayor al enemigo, a medida que nos concentremos y ocupemos los puntos más estratégicos para lanzarnos al contraataque.

 El plan contenido en estas instrucciones se cumplió rigurosamente.

La guerra de guerrillas había dejado de existir para convertirse en una guerra de posiciones y de movimientos. Nuestros pelotones fueron situados en todas las entradas naturales de la Sierra por el Norte y por el Sur. Fue necesario cubrir con nuestras escasas fuerzas 30 kilómetros al Norte y 30 kilómetros al Sur de la Maestra.

­­___

 

En el mes de junio el enemigo fue ganando terreno. Un día del mes de junio se convirtió en el más crítico para las fuerzas rebeldes, pero también este mes se inició un fulminante contraataque que no terminó hasta la expulsión de la Sierra Maestra al ejército de la tiranía. Así, lo narra el compañero Fidel:

 Durante 35 días el enemigo fue ganando terreno paulatinamente. A mediados de junio los batallones 11 y 22, que habían estado presionando desde las Minas de Bueycito, cortaron diagonalmente las estribaciones de la cordillera y avanzaron hacia Santo Domingo.

Todas las fuerzas enemigas  giraban así sobre el Oeste del Turquino.

El día que marcó el momento más crítico fue el 19 de junio. En el curso de esas 24 horas las fuerzas enemigas penetraron combatiendo simultáneamente en Las Vegas de Jibacoa, Santo Domingo y avanzaban hacia Naranjal, en La Plata, desde Palma Mocha, amenazando con aislar los pelotones más avanzados de nuestras fuerzas. Días más tarde avanzaron por Gaviro [Gabiro] y franquearon la Maestra por el Alto de San Lorenzo. Fue la rapidez con que nuestros incansables combatientes se movieron de unas posiciones a otras, de acuerdo con los movimientos enemigos, lo que permitió afrontar en cada caso la situación difícil.

Los puntos más avanzados que lograron establecer las fuerzas enemigas fueron: Naranjal, hasta donde llegó el Batallón 18 del comandante Quevedo, avanzando desde la desembocadura de La Plata, y Meriño, donde penetró el Batallón 19 del comandante Suárez Fouler [Fowler].

El territorio Libre había quedado reducido considerablemente.

Por el Norte y por el Sur el enemigo había penetrado a fondo. Entre las tropas que atacaban desde ambas direcciones apenas quedaba una distancia de 7 kilómetros en línea recta, pero la moral de nuestras tropas estaba intacta, y se mantenía casi completa la reserva de parque y de minas de alto poder destructivo. El enemigo había tenido que invertir mucha energía y tiempo para ganar terreno en el interior de las montañas.

El 29 de junio se asestó en Santo Domingo a las fuerzas de la tiranía al mando del teniente coronel Sánchez Mosquera el primer golpe anonadante, contra una de las tropas más agresivas que contaban. Con las armas y el parque ocupado en esa acción que duró 3 días, se inició el fulminante contraataque que en 35 días arrojó de la Sierra Maestra a todas las fuerzas enemigas, después de ocasionarles casi mil bajas, entre ellas más de 400 prisioneros.

 

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