MARTINIANAS: GOBIERNO Y POLÍTICA (1)

marti 8

1873: Si la libertad de la tiranía es tremenda, la tiranía de la libertad repugna, estremece, espanta. T. 1, p. 89.

1873: Cuba (…) su sufragio es su revolución. T. 1, p. 92.

1875: De tal manera necesitan los pueblos del concepto de dignidad, que hasta conviene heridas para darles el placer de defenderla. T. 6, p. 196.

1875: Es bello el cuidado de los vivos en hacer hermosa la morada de los muertos. Los muertos viven; pero algo de ellos queda dolorosamente en la tierra. T. 6, p. 196.

1875: (…) los que han de conducir un día por prósperos caminos a la patria, deben educarse vigorosamente, fortalecerse en la conciencia de sí propios, templarse al fuego vivo del derecho, ley de paz de los pueblos libres, en la progresión sucesiva de las leyes de los pueblos de la tierra. T. 6, p. 210.

1875: El gobierno es el decoro de la patria, y la patria no debe tener enemigos en sus propios hijos.—Si el gobierno yerra, se le advierte, se le indica el error, se le señala el remedio, se le razona y se le explica; —no se tuercen intenciones, se falsean hechos, se forjan decisiones que no existen, y débiles los opositores para atacar una administración existente,—abultan sus defectos pequeños, o se crean a placer una administración  defectuosa sobre la que cuesta poco declamar y combatir. No debe haber oposición constante; debe haber constante concienzudo examen y consejo.

Sin esta alteza de ideas, nadie aspire al respeto común, al dominio firme y duradero. T. 6, pp. 214-215.

1875: Cuando el acto de una administración es malo, no ha de corregirse con injuriar al que es responsable de él, sino con señalar sus defectos, y enseñar la manera con que el que lo censura lo corregiría. Así el país no se expondría a una prueba enojosa de los que aspiran a su mando, si en esta obra de examen tranquilo, convencido de que las faltas no se abultaban con las miradas de la ambición o del despecho, pudiese establecer sosegada comparación entre los que yerran en el poder, y los que dan fuera de él medios sensatos de no errar. T. 6, p. 242.

1875: El propio decoro es la ley suprema; abandónese a él la autoridad exaltada u ofuscada; prefiera su propia satisfacción a una voluntad injusta; la derrota digna es la mejor victoria; el deber cumplido es el gobierno mejor. T. 6, p. 264.

1875: No se viene a la vida para disfrutar de productos ajenos: se trae la obligación de crear productos propios. T. 6, p. 270.

1875: Es la vida política sueño y contagio: pásase por sobre todo para vivir en ella: una vez gustada, empléanse todas las fuerzas en no verse en la necesidad de abandonarla.

Nada halaga como ella: nada hay que origine más dolores; ni hay dolores más amados, y saboreados con placer, y solicitados que los que en ella se producen. Como que se siente crecer un hombre con la representación de los demás. T. 6, p. 272.

1875: Un gobernador puede tener simpatías íntimas por un culto determinado; pero cuando acepta el cargo de gobernador, sobrado difícil para que todos lo entiendan y lo cumplan, acepta con él la Constitución y leyes adicionales que el cargo representa: prohíben estas leyes la contemplación predilecta a culto alguno: la ley no asiste a los actos religiosos, porque la ley es el Estado; el Estado no puede tener principios religiosos, porque no puede imponerse a la conciencia de sus miembros, y al funcionario que lo representa, que es el Estado en cuanto es su funcionario, como el Estado ha de ser indiferente, como él no puede expresar determinada tendencia religiosa; porque no cabe la atención especial a una en aquel que tiene el deber de atender de igual manera a todos.

Y el que acepta la función pública, no puede aceptarla para violar su espíritu. Crea en lo íntimo, pero no viole en lo externo. La conciencia es libre: el acto legal, y más en su más alto representante, debe estar  perfectamente ajustando a la prescripción terminante de la ley. T. 6, p. 297.

1875: La sociabilidad es una ley, y de ella nace esta otra hermosa de la concordia. Los que se ven todos los días, se ven luego con cariño. Los que discuten frecuentemente, se temen primero, se estiman luego y quiérense después con imborrable y buen afecto. T. 6, p. 307.

1875: Fuerza es, pues, prevenir la situación peligrosísima que se adelanta, y para que la producción baste al consumo, ir pensando que este equilibrio es necesario, que esta armonía no puede alterarse, que esta riqueza existe siempre, que la tierra produce sin cesar. T. 6, p. 310.

1875: A propia historia, soluciones propias. A vida nuestra, leyes nuestras. T. 6, p. 312.

1875: Hay una religión: la inconformidad con la existencia actual y la necesidad, hallada en nosotros mismos, de algo que realice lo que concebimos. T. 6, p. 313.

1875: Porque el ayuntamiento es una especie de prueba de hombres públicos; porque el manejo de fondos impone deber de hacer de ellos aplicación útil, visible y clarísima; porque la torpeza no es ya un derecho en quien ha tenido concepto suficiente de sí mismo para aspirar a un cargo popular. T. 6, p. 322.

1875: Una ciudad pide a sus munícipes algo más que la vanagloria fútil de llamarse ediles suyos; pídeles con imperio pulcritud y aseo; pídeles para los paseos, elegancia; para los lugares de tránsito, vía fácil; y para las calles apartadas y pobres, no descuido grave que aumente las desdichas de tanta criatura miserable, sino empeño tenaz e insistente, por lo mismo que de este bien que se hace no ha de resultar provecho alguno, y porque no es lícito a quien estime su buen nombre aceptar encargo cuya misión alta no cumple, y cuya trascendencia no alcanza ni entiende. T. 6, p. 322.

1875: Debe la polémica ceñirse —según nuestro entender humilde— a estudiar los conflictos de nuestra industria; a estudiar cada ramo en su nacimiento, desarrollo y situación actual; a buscar solución propia para nuestras propias dificultades. T. 6, p. 335.

1875: La imitación servil extravía, en Economía, como en literatura y en política. T. 6, p. 335.

1875: Bueno es que en el terreno de la ciencia se discutan los preceptos científicos. Pero cuando el precepto va a aplicarse;  cuando se discute la aplicación de dos sistemas contrarios; cuando la vida nacional va andando demasiado aprisa hacia la inactividad y el letargo, es necesario que se planteen para la discusión, no el precepto absoluto, sino cada uno de los conflictos prácticos, cuya solución se intenta de buena fe buscar. T. 6, p. 335.

1875: La política ha servido para afianzar la libertad: sirva el trabajo ahora para robustecer y enaltecer la patria. T. 6, p. 338.

1875: El hombre vivo se ahoga sin aire: los pueblos se ahogan sin vías de comunicación. Con ellas crece el consumo de productos, porque crece el abaratamiento de los precios; se desarrollan las aptitudes trabajadoras, porque se las remunera y emplea bien; cultívase con más empeño la tierra, porque no será, como otras veces, inútil el exceso de cultivo. Se venderá todo lo que se coseche, porque podrá salir con ligeros fletes del Estado. Ganará riqueza pública, porque fructificarán los elementos dormidos, y se vigorizarán con elementos nuevos; ganará la riqueza moral, porque del hábito del trabajo, mantenido por su fácil remuneración, dependen exclusivamente, y sobre todos otros gérmenes de vida, el buen concepto y venturoso porvenir de la nación. T. 6, p. 345.

1875: Las cuestiones graves no se resuelven con teorías preconcebidas. T. 6, p. 345.

1875: La obra bien pensada que no ha sido bien desarrollada, será, por lo tanto, verdaderamente defectuosa. T. 15, p. 87.

1875: En un país democrático, que recibe de la Cámara de Diputados las leyes que han de regir sus fuerzas y su vitalidad, no puede ser obra de la Cámara mirar con tranquilidad o indiferencia, y con miradas de descuido y de costumbre las disposiciones que han de dar al país esfera fija, racional, progresiva y bien fundada en que moverse.

Todo en la nación ansía salir de la situación transitoria en que las ambiciones de los extraños y los errores de sus hijos la han colocado; todo marcha por esfuerzo espontáneo rápidamente, y la Cámara no obra bien si no trabaja en el progreso general, si no ve a su lado, si no guía su marcha, si no huella decididamente al menos el camino que el espíritu del pueblo le señala. T. 28, p. 32.

1875: El país siente una necesidad, y a ella acude una reforma o una adición en las leyes vigentes. T. 28, p. 33.

1875: Con cuidado y atención unánimes examinemos todos una a una y detalladamente las necesidades, la manera de regirlas, las sumas acordadas que la ley económica propone; llevemos todos a la Cámara la intención patriótica decidida de no obrar por costumbre y con tibieza en la que es base cierta y única de todos los movimientos del país: examinemos concienzudamente la ley de presupuestos; pensemos que no ha de tener derecho a quejarse de sus errores quien a tiempo y con poder para protestar no protestó contra ellos; y nadie olvide que sin la vida sólida económica es imposible todo progreso y toda seguridad en la Nación. T. 28, p. 34.

1875: El poder civil es el poder supremo en el Estado: el poder religioso está subordinado a él: si el Estado ha de sostener al clero, el clero ha de sostener y acatar y respetar al Estado:—esto significa la política no interrumpida. T. 28, p. 36.

1875: DIPUTADO: Hombre encargado por el pueblo para que estudie su situación, para que examine sus males, para que los remedie en cuanto pueda, para que esté siempre imaginando la manera de remediarlos.

La silla curul es la misión: no es la recompensa de un talento inútil, no es el premio de una elocuencia incipiente, no es la satisfacción de una soberbia prematura. Se viene a ella por el mérito propio, por el esfuerzo constante, por el valer real; por lo que se ha hecho antes, no por lo que se promete hacer.

Los privilegios mueren en todas partes, y mueren para alcanzar una diputación. No es que las curules se deban de derecho a los inteligentes: es que el pueblo las da a quien se ocupa de él y le hace bien.

De abajo a arriba: no de arriba a abajo.

El ingenio no merece nada por serlo; merece por lo que produce y por lo que se aplica.

Debemos el ingenio a la naturaleza: no es un mérito, es una circunstancia de azar: el orgullo es necio, porque nuestro mérito no es propio. Nada hicimos para lograrlo: lo logramos porque así encarnó en nosotros.

¿Es la inteligencia adquirida casualmente, título para la admiración y el señorío? Diputado es el que merece serlo por obra posterior y concienzuda; no el que por méritos del azar se mira inteligente y se ve dueño.

El talento no es más que la obligación de aplicarlo. Antes es vil que meritorio el que lo deja vagar, porque tuvo en sí mismo el instrumento del bien, y pasó por la vida sin utilizarlo ni educarlo.

El talento es respetable cuando es productivo: no debe ser nunca esperanza única de los que aspiran a altos puestos. Diputado es imagen del pueblo: óbrese para él, estúdiese, propáguese, remédiese, muéstrese afecto vivo, sea el afecto verdad. El talento no es una reminiscencia del feudalismo: tiene el deber de hacer práctica la libertad.

No se arrastra para alzarse: vive siempre alto, para que nada pueda contra él.

Se enseña y se trabaja: luego se pide el premio.

Se habla, se propaga, se remedia, se escribe; luego se pide la comisión a los comitentes a quienes se hizo el beneficio.

El beneficio no es aquí más que el deber: todavía se llama al deber bien que se hace.

La diputación no se incuba en el pensamiento ambicioso: se produce por el asentamiento general.

Todos creen útil a uno: uno es nombrado por todos: nombrado realmente por el bien hecho, por la confianza inspirada, por la doctrina propagada, por la esperanza en lo que hará.

El hombre útil tiene más derecho a la diputación que el hombre inteligente. El inteligente puede ser azote: el útil hace siempre bien.

Se cree que es el talento mérito nuestro, y qué él da derecho de esperarlo todo: él impone la obligación de aprovecharlo: cuando se busca la comisión ajena, ajeno ha de haber sido el provecho.

La inteligencia no es la facultad de imponerse; es el deber de ser útil a los demás. Granma, 27 de enero de 1993, p. 3.[1]

1876: El estudio es un mérito; pero la imitación es un error: más que error, una dejación de la dignidad de la inteligencia. T. 6, p. 368.

1876: Nada es tan autocrático como la raza latina, ni nada es tan justo como la democracia puesta en acción: por eso no es tan fácil a los americanos convencernos de la bondad del sistema democrático electivo, y tan difícil realizarlo sin disturbios en la práctica. T. 7, p. 347.

1876: Y ésa es la ley: en la formación de los pueblos se empieza por la guerra, se continúa con la tiranía, se siembra con la revolución, se afianza con la paz. Esta nunca es perfecta, pero se va perfeccionando. T. 7, p. 348.

 

[1] Solo en esta ocasión no se emplea como fuente las Obras Completas  pues este artículo de Martí no aparece en ellas.

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