POR QUÉ MARTINIANAS

marti 7

Varios lectores me han preguntado de dónde sale la palabra MARTINIANA para referirse al pensamiento de José Martí. El origen del nombre se encuentra en la carta que remitiera una cubana a su compañera, dándole a conocer opiniones sobre el periódico Patria. La misiva fue enviada luego a la redacción del periódico, y José Martí la publicó con el título De las damas cubanas, en la edición no. 9 del 7 de mayo de 1892.

A continuación les mostramos el artículo de Martí sobre la carta mencionada. Tanto la exposición martiana como el documento de la leal cubana contienen alto valor patriótico, y por tratarse de documentos históricos hemos respetado la ortografía de todo el escrito, así como hizo Martí al reproducir la epístola en el periódico Patria:

De las damas cubanas.

De todas las penas de este mundo cura, y de todas las heridas del bien obrar, la estimacion de los hombres verdaderamente buenos; pero con ella misma es incompleta la victoria cuando no mueve el corazón de la mujer. El es la medicina: él es el milagro: él es triunfo. Y Patria, que no es vana, pero que vive de la fuerza de su gratitud, no tiene valor para esconder del público la nobilísima, la animosa, la conmovedora carta en que una amiga de pluma de seda cuenta á otra la tristeza de la lluvia del Norte, y la generosidad con que juzgan á Patria las damas cubanas. ¡La vida es aún un torneo, y esta carta es para el justador la banda hermosa!

La ingenua emocion y el patriotismo triste dan caracteristica belleza al lenguaje literario y puro de esta carta. Pero ni es dable á Patria agradecida decir aquí, porque no parezca paga ó lisonja, el mérito de quien la celebra con la abundante bondad del alma rica, que puede dar mucho sin empobrecer; ni puede Patria dejar de advertir que las campañas de los pueblos sólo son debiles cuando en ellas no se alista el corazon de la mujer; pero cuando la mujer se estremece y ayuda, cuando la mujer, tímida y quieta de su natural, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño —la obra es invencible.

Dice la carta hermosa:

Amiga Querida:

¡Quien supiera escribir! Tal fué mi exclamación aI terminar la lectura del último número de Patria. ¿Querrás saber, sin duda, amiga mia, porqué anhelaba yo poseer en aquel momento el difícil arte de manejar con habilidad la pluma? Pues era sencillamente para escribir un artículo al dignísimo Director de Patria, en nombre de las damas ucbanas, felicitándole por su ameno é interesante periódico, el cual ha venido á llenar un vacio que se dejaba sentir desde hace algun tiempo en nuestra culta agrupación.

Es justo que se le rinda tributo al mérito, homenaje á la virtud, y gratitud al que por tantos títulos la merece; por eso yo, deseosa de cumplir tan grato deber, con el corazón lleno de entusiasmo y admiracion, al tropezar con el insuperable obstáculo de no poder poner en palabras lo que concibe la mente, exclamo como la joven del poema de Campoamor: “iQuien supiera escribir!”, y dejo la pluma, con mortal desaliento.

Pocas veces he pasado una hora tan deliciosa como la que empleé ayer leyendo las varias secciones del interesante semanario que con tanto acierto dirige nuestro eminente amigo Martí. ¡Con qué gusto y fruicion volvía á leer algunos de sus articulos!; cada vez me parecian mejor escritos y mas originales, y algunas de sus bellísimas frases, de esas que solo él puede expresar, y que pudiéramos llamar Martinianas, se quedaban en mi oido como un eco de dulces armonías. Pero déjame contarte, amiga mia, el efecto mágico que en mi ánimo produjo la lectura del último número de Patria.

Era un día oscuro y lluvioso, y se hallaba mi espíritu triste y abatido, como lo está siempre cuando no brilla el sol, pues entónces con mas fuerza que nunca viene á mi mente el recuerdo de la Patria lejana, y se hace sentir mas el destierro, que como carga insoportable pesa ya sobre el hombro adolorido. Se me cae de la mano la enojosa labor, y me encamino con paso lento á la sala en busca de algo que distrajera mi atencion. Me dirijo á una mesita donde se hallan diseminados varios libros y papeles. “¿Encontraré aquí algo que me satisfaga?” pensaba yo, y como contestacion á mi pregunta se fijan mis ojos en la palabra Patria. Sin vacilar un instante tomo el periódico, segura ya de que su lectura habia de producir el efecto deseado, y me siento al lado de una ventana á saborear su contenido.

No me habia engañado, amiga mia. Apénas habria transcurrido un minuto cuando ya no me acordaba de la lluvia ni de la tristeza, y con el corazón henchido de amor patrio sigo devorando aquellas columnas que despertaban en mí el mas vivo interes y la admiracion mas profunda. ¿Y como no han de despertar interés vivísimo, artículos tan elocuentes y de tanto mérito? ¿Y quien no ha de sentir en su pecho la mas profunda admiracion hacia el patriota ardiente que solo vive por Cuba y para Cuba, encuentra su único placer en hacer algo por la amada Patria que gime entre cadenas?

Ni una línea se escapa: empiezo por las Bases del Partido Revolucionario Cubano, y continúo leyendo hasta llegar al último renglon, que encierra, por cierto, pensamiento magnífico. Pero aun no puedo dejar á Patria de la mano, y vuelvo á leer el artículo dedicado á Emilio Agramonte: ¡qué cosa más bella! Solo una mano maestra como la de

Martí hubiera podido pintar en dos pinceladas y de una manera tan hábil y exacta al hombre y al músico. Al leer aquellas lineas parecíame que tenia delante al profesor Agramonte; lo veia entrar “á paso menudo”, como dice con tanta gracia Martí, y colocar sobre el piano “la mano pequeña”, y era tan vívida la pintura que hasta me parecia oirlo tocar con aquel sentimiento y gusto, de, que sólo él es capaz. Admirable descripcion la que hace Martí de las dos fiestas con que nos ha recreado últimamente el Sr. Agramonte.

“Honrar á la patria es una manera de pelear por ella.” Con estas palabras comienza modesto director de Patria el artículo á que acabo de referirme y cuya lectura ha de haber

excitado la admiracion de todo el que lo haya leido. Hermoso pensamiento el que encabeza el bellísimo artículo, y si su autor no fuera tan modesto, se sentiría orgulloso y feliz al pensar que pocos pelean por la patria como José Martí, puesto que son pocos los que la honran de una manera tan digna.

Páginas enteras podría escribirte sobre este simpático y interesante periódico; hay tanto bueno en este último número que no sabría decir que es lo que mas me ha gustado. El artículo titulado “Nueva York, el escudo” es admirable; y en él se hace debida justicia al

infatigable patriota Don José Francisco Lamadriz, que tuvo el pesar de morir sin haber visto realizado su mas bello ideal.

¿Y puede haber nada mas tierno que, “El alma cubana”, ó séase la narracion que con brillante colorido hace Martí de la anciana Carolina, que guarda parte de su humilde salario para enviarlo al cubano preso, y otra parte para darla á la patria? iGrandíosa leccion

la que nos da la anciana de setenta años!

La “Carta de Cuba”, viene á dar nuevo aliento á los que confiamos en la libertad de la Patria, á los que creemos que aun hay en Cuba hijos dignos que se lanzarán á defender la madre oprimida y vilipendiada cuando suene la hora de la redencion.

iComo gozamos al leer la descripcion que hacen de la fiesta que dieron en Tampa los cubanos, á beneficio de Los Caballeros de la Luz!

Pero es fuerza que concluya esta desaliñada epístola, que demasiado he abusado ya de tu indulgencia.

Tuya siempre.                       X.

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