MARTINIANAS: MARTÍ EN MARTÍ (6)

Viñales. Pinar del Río. Cuba

El perfil del rostro de José Martí formados por montañas. Viñales. Pinar del Río. Cuba

1885-1895: Casi spre., después de hablar con una mujer, hago versos: con una mujer distinguida; alma linda o potente en cuerpo amable: con la amante que centellea, con la madre que resplandece, con la anciana que suspira. T. 22, p. 246.

1885-1895: Porque a mí me enorgullece, no sólo todo lo cubano, sino todo lo que se hace en Cuba. Que se haga en Cuba es mi orgullo si es bueno. T. 22, p. 250.

1885-1895 De todos los oficios, prefiero el de la imprenta, porque es el que más ha ayudado a la dignidad del hombre, y el de edificador y cantero, porque yo rompí piedras para amasar edificios: –hay que tardar una eternidad en armarse, porque son edificios de almas, muchos más duros a veces y más pesados que las piedras! Me enamora todo lo que se yergue y levanta: un talento que surge, un amor que se aviva, una pared que se alza. T. 22, p. 252.

1885-1895: Yo vivo para el estricto cumplimiento de mis deberes. Cada uno de ellos me trae en sí un séquito de males, provenientes del tremendo conflicto entre el deber puro y la naturaleza humana. No sé hacerme a indignas transacciones, y no hay mano querida que no descargue sobre mí un golpe terrible. Sé que son responsables de mi muerte los que me desconocen y atenacean: –y los amo tan profundamente, que sólo estaré en pie por ellos, en el sereno día del juicio, las penas a que han de ser, por su crueldad injusta, condenados.–

¿Por qué vives tú? Me dijeron un día: para morir por los demás.– ¿Cómo no he de morir por los que quiero? –¿Pero mi hijo partirá conmigo? –¡Ay! Que él también ha de cumplir la ley.– T. 22, p. 254.

1885-1895: Yo no quiero en el mundo más que a mi deber, mis amigos y mis hijos, y el recuerdo de las horas fugaces en que he sido amado. No amores largos, de interés y desganamiento: sino un árbol cubierto de súbito de flores al caer de la tarde, o una confesión tímida en la cuenca a la sombra de un ala, que dio en beso encendido. T. 22, p. 254.

1885-1895: Yo debí nacer s/ una pila de libros. T. 22, p. 278.

1885-1895: La fatalidad no existe. Jamás he creído en ella. No es más que la debilidad o desesperación de los que la invocan. T. 22, p. 280.

1885-1895: Yo amo tenazmente el arte. Hoy tenía un peso, y lo he gastado en tazas del Japón; mi mujer viene. He penetrado los misterios del color, he sorprendido en la obra del mármol los secretos del cincel; una obra bella es para mí una hermana, un golpe de color, para mí una revelación clarísima de los pensamientos e ideas que agitaban el alma del pintor. T. 22, p. 285.

1885-1895: Una vez traduje en Madrid no sé que contrato lleno de voces técnicas y extrañas. Mis botines se quejaban de mi abandono, y se hacía necesario reparar la brecha abierta; yo gané ocho pesos, lo que fue maravilla, con mi bellaca traducción. Yo gaste mis ocho pesos —no en botines sino en fotografías de cuadros buenos. Creo que tuve que esperar un mes para tener zapatos. T. 22, p. 285.

1886: Es que ya me voy haciendo calvo, y tengo miedo de salir de la vida sin haber tenido ocasión de cumplir mi deber: —Porque no es racional que el que tiene fuerzas para llevar a la espalda un quintal, sea empleado en sacar agua, con un balde sin fondo, de un pozo vacío. T. 20, pp. 79-80.

1886: Lo de los libros es la cosa magna, y hoy, de pensarlo hacedero, he cantado y me he puesto a arreglar mis papeles.—Déme un estribo para echar a andar otra vez sobre la vida: porque el que nació conmigo, se me lo han comido. T. 20, p. 86.

1886: Todo me ata a New York, por lo menos durante algunos años de mi vida: todo me ata a esta copa de veneno:—Vd. no lo sabe bien, porque no ha batallado aquí como yo he batallado; pero la verdad es que todos los días, al llegar la tarde, me siento como comido en lo interior de un tósigo que me echa a andar, me pone el alma en vuelcos, y me invita a salir de mí. Todo yo estallo. De adentro me viene un fuego que me quema, como un fuego de fiebre, ávido y seco. Es la muerte a retazos. Solo los días en que no bajo a negocios, o veo a poca gente, o ando mucho al aire ahora que hay primavera, padezco menos de este horror de espíritu: ¡que riendas he necesitado tener para sujetar la mente a frenos! ¡el día que yo escriba este poema! T. 20, p. 90.

1886: (…) yo, mísero de mí, no soy dueño de mi vida, ni puedo hacer, desde que contraje por mi voluntad, deberes privados, todo lo que mi deber público me manda, sino aquella parte de éste que no haga imposible el cumplimiento de aquellos, como lo haría sin duda en la campaña formidable que yo emprendería en mi tierra. T. 20, p. 91.

1887: A mí me parece a veces que me vendo y prostituyo cuando, con el ánimo dispuesto a peleas mayores, tengo que bajarme, como león de circo, a lucir mis lindezas ante los concurrentes. Haría polvo entonces con mucho gusto de los huesos de la frente. T. 20, p. 118

1887: No he puesto mi firma al pie del artículo, no en manera alguna porque lo rehuya si así lo quiere el periódico, sino porque no pareciese imposición de mi nombre, y aprovechamiento impuro de un asunto que está por sobre las personas. Si se desea que lleve mi firma, autorízalo. T. 20, p. 323.

1887: (…) yo no vivo más que para mi tierra; pero refreno mil veces lo que el amor a ella me manda, para que no parezca que hago por interés mío o por ganar renombre, lo que me aconseja ese amor absorbente que a la vez me sostiene y me consume. T. 20, p. 324.

1887: En mí, el amor a la patria sólo tiene un límite; y es el temor de que imagine nadie que por mi interés me valgo de ella, ni siquiera por el interés de ganar fama, que con ser menos innoble que otros, lleva a los hombres muy lejos a veces de aquella pureza absoluta que la patria tiene derecho a exigir de todos lo que se ocupan en servirla. T. 1, p. 211.

1888: Ud. debe vivir muy feliz, si goza tanto como yo cuando hago un bien. T. 20, p. 125.

1888: Ni en prosa ni en verso lo digo, porque no se ha de escribir, sino lo que puede fortalecer. T. 20, p. 127.

1888: Me enoja no tener donde escribir todo lo que pienso. T. 20, p. 132.

1888: (…) yo no concibo libro sobre México que no deje delante de los ojos al cerrarse una montaña azul, y un ramo de flores. Si yo escribiese sobre México, no me parecería que escribía, sino que hacía un ramo. T. 20, p. 134.

1888: A mí, por supuesto, me gusta más alabar que censurar, no porque no censure también yo, que hallo en mi indignación contra lo injusto y feo mi mayor fuerza, sino porque creo que la censura más eficaz es la general, donde se señala el defecto en sí y no en la persona que lo comete, con lo cual queda el defecto tan corregido como del otro modo, sin dar lugar a que el censurado lo tome a mala parte, o encone el defecto, creyendo la crítica maligna y envidiosa. T. 20, p. 134.

1888: No me quiero hacer ruidos. Todo lo peso y calculo. Hoy no tengo ocasión de servirle a mi patria visiblemente, ni creo que la haya por bastante tiempo; pero presto en silencio un gran servicio, alejando de ella a muy malos amigos, con influjo y prudencia que parece que sólo yo tengo aquí ahora. Sé que se miraría, y yo mismo miraría, como una deserción el abandono voluntario de un deber tan callado como importante que sobre mí ha venido cayendo y soy casi el único en cumplir. De guerra, y de trabajos ostensibles, no hay por ahora asomos. Dentro de algunos meses tal vez, no sentiré en conciencia como tan especial la obligación que siento ahora. T. 20, p. 194.

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