MARTINIANAS: MARTÍ EN MARTÍ (4)

Martí 1

1881: Antes de hacer colección de mis versos me gustaría hacer colección de mis acciones. T. 21, p. 159.

1881: El trabajo me pone alas. A otros embriaga el vino; a mí el exceso de trabajo.- Del vino —espuma, del exceso de trabajo, poesías. T. 21, p. 160.

1881: Siempre que me siento a escribir, la Fortuna celosa me pone una copa de hiel al lado. Mi obra es trocarla en mieles. —Jamás he estrado en una gran labor sin que alguna profunda pena haya venido a perturbarme en el comienzo. —Y he hecho mi jornada bravamente, con un muerto a la espalda. T. 21, p. 161.

1881: ¡Qué bienestar tan suave, el que me queda después de un trabajo mental excesivo! T. 21, p. 162.

1881: ¡Yo quiero romper las jaulas a todas las aves; —que la naturaleza siga su curso majestuoso, el cual el hombre, en vez de mejorar, interrumpe; —que el ave vuele libre en su árbol; —y el ciervo salte libre en su bosque; —y el hombre ande libre en la humanidad! T. 21, p. 163.

1881: Yo nací de mí mismo, y de mí mismo brotó a mis ojos, que lo calentaban como soles, el árbol del mundo. —Ahora, cuando los hombres nacen, están en pie junto a su cuna, con grandes y fuertes vendas preparadas en las manos, todas las filosofías, las religiones, los sistemas políticos. Y lo atan, y lo enfajan —y el hombre es ya, por toda su vida en la tierra, un caballo embridado. Yo soy caballo sin silla. De nadie recibo ley, ni a nadie intento imponerla. T. 21, p 167.

1881: Nada por mi placer —todo por mi deber: todo lo que mi deber permita, en beneficio de los míos. T. 21, p. 180.

1881: A un discutidor.— Yo no discuto jamás. Creo lo que creo firmemente, porque he meditado mucho antes de creerlo. Oigo, y si tienen razón, cambio. Pero no tengo soberbia bastante para creer que puedo convencer a los demás, ni humildad bastante para creer que puedan convencerme a mí. T. 21, p. 183.

1881: ¿Qué me importa saber lo que el hombre hizo en este determinado momento de su vida, en esta o aquella época concreta, accidental y transitoria? —Su esencia permanente es lo que quiero investigar, no efectos que pasan, sino la causa que las produce busco. T. 21, p. 186.

1881: De las instituciones humanas, que hallo hechas y entre las cuales vivo —yo no conozco, ni recuerdo, ni exijo, más deberes que los míos. T. 21, p. 186.

1881: Morir no es descanso. No hay descanso hasta que toda la tarea no esté cumplida, y el mundo puro hallado, —¡y el lienzo en su marco! —No quiero descansar: porque hay goce en sufrir bien; y lo que es, debe ser. T. 21, p. 190.

1881: ¿Mi objeto? —no se me calumnie, diciendo que quiero imitar nada ajeno; mi objeto es desembarazar del lenguaje inútil la poesía: hacerla duradera, haciéndola sincera, haciéndola vigorosa, haciéndola sobria; no dejando más hojas que las necesarias para hacer brillar la flor. No emplear palabra en los versos que no tenga en sí propia real e inexcusable importancia. —Denunciar el vulgar culto a la rima, y hacer a ésta esclava del pensamiento, vía suya, órgano suyo, traje suyo. T. 21, pp. 220-221.

1881: Yo rezo siempre la oración del árabe: Señor, hazme ir por el camino recto. T. 21, p. 221.

1882: Yo no vendo ese libro: es cosa del alma. Pero me da gozo pensar que puedo hacer con él un pequeño beneficio. Ni lo hago por fama, pero pensando en mi hijo, se me llena el alma de jazmines: y ése es un haz de ellos: habrá quien no le halle perfume: ¡que no sea usted[1], por Dios! Mas no ha de ser usted, que tiene siempre bálsamo para todos los dolores. T. 7, p. 270.

1882: ¿Por qué se queja de mí? Pues, ¿cómo no lee Vd. las cartas que no le mando? Yo bien sé que no se las escribo; pero se las pienso (…) yo soy como una jaula quebrantada, en que se va arrastrando un león enfermo. ¡Qué mayor tormento quiere Vd. que sentirse capaz de lo grandioso, y vivir obligado a lo pueril! Yo no esperé en la tierra más goce que el de hacer un gran bien, y sé como hacerlo, y no puedo hacerlo. Es como hinchar de aire ligero un sutil globo, y dejarlo atado a tierra, a que lo azoten y tajen los vientos. Por eso, amigo mío, no escribo a veces: por no escribir cosas de mí. T. 7, p. 270.

1882: A otros embriaga el vino: a mí, el exceso de trabajo. Queda después de él un suave orgullo,—no mayor, amigo mío, que el que me causa haber arrancado con mis versos tan tiernos y amorosos sones a su lira. Irán al pie de un retrato de mi hijo, y quedarán entre los lares de la casa. Yo vivo de estas cosas: otros de oro y palacios. No digo cómo soy por no parecer extravagante,—y porque el del buen gusto ha de presidir a todos los talentos, y no es de gusto bueno recordar con la sobriedad propia la falta de sobriedad de los demás. T. 7, p. 273.

1882: Me dice Vd. que me deja en libertad para censurar lo que, al escribir sobre las cosas de esta tierra, halle la pluma digno de censuras. Y esta es para mí la faena más penosa. Para mí la crítica no ha sido nunca más que el mero ejercicio del criterio. Cuando escribía juicios de drama, callar sobre los malos era mi única manera de decir que lo eran. Puesto que el aplauso es la forma de la aprobación, me parece que el silencio es forma de desaprobación sobrada. No tema Vd. la abundancia de mis censuras que se desvanecen delante de mi pluma, como los diablos delante de la cruz. Yo sé que es flaqueza mía; pero no puedo remediarlo. Suelo ser caluroso en alabanza, y no hay cosa que me guste como tener que alabar,—pero en las censuras, de puro sobrio, peco por nulo. T. 9, p. 16.

1882: El pensamiento puede llevar a hacer saltar en pedazos el cráneo, y puede hender la tierra, y llenar de mar fresco la arena ardiente del Sahara, y el cráneo frío enfría para la tierra el pensamiento, y el polvo del Sahara puede ahogar en su revuelto torbellino el cuerpo en que anida el espíritu de un héroe. La vida es doble. Yerra quien estudia la vida simple. Perdón ¡oh mis lectores! Por esta lengua mía parlera que va siempre a cosas graves. T. 15, p. 373.

1882: Fortalecer y agrandar vías es la faena del que escribe (…). T. 20, p. 63.

1882: (…) ¡cuántas veces, por no parecer intruso o que quería ganar fama fácil, he dejado la pluma ardiente que me vibraba como lanza de pelea en la mano! T. 20, p. 64.

1882: Acabo de publicar un pequeño libro, no para beneficiarme con ello, sino para regalarlo a aquellos a quienes amo, en nombre de mi hijo, que es mi señor: es la novela de mis amores con mi hijo; uno se cansa de leer tantas novelas de amor con mujeres. T. 20, p. 295.

1882: (…) aficionado a pensar en los dolores ajenos, y encariñado en la busca de medios para aliviarlos, me queda apenas tiempo para pensar en los míos. T. 20, p. 297.

1882: Ni si esa vez, que dormí en almohada de rosas, pudo olvidar mi cabeza la almohada de piedra en que usualmente duerme. T. 20, p. 298.

1883: Mi única ventura, y lo preví desde niño, está en que unas cuantas almas nobles me conozcan y quieran, —y en dar a la tierra lo que le traje, y no he podido darle todavía, —por lo que me miro con encono y disgusto, como si fuera yo un grandísimo malvado. T. 20, p. 68.


[1] Se refiere a Agustín Aveledo.

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