Fragmentos de la obra de José Martí subrayados por Fidel en la prisión

Tomado de Mario Mencia: La Prisión Fecunda, Editora Política, pp. 263-268, La Habana, 1980.

La Editorial Lex, de La Habana, Cuba, editó en 1948 el título José Martí, Obras Completas en dos gruesos volúmenes en papel biblia. Entre los centenares de libros que Fidel leyó y estudió durante su permanencia en el Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos se encontraban esos dos tomos, que aún se conservan en la Oficina de Asuntos Históricos. A continuación se reproducen los fragmentos de esas Obras que fueron subrayados por Fidel.

Una revolución seria, compacta e imponente, digna de que pongan mano en ella los hombres honrados.

Esperar es una manera de vencer.

Pero cuando el país llama; es necesario responder.

Tal como es de admirable el que da su vida por servir a una gran idea, es abominable el que se vale de una gran idea para servir a sus esperanzas personales de gloria o de poder.

El dar la vida sólo constituye un derecho cuando se la da desinteresadamente.

Respetar a un pueblo que nos ama y espera de nosotros es la mayor grandeza.

Yo no sirvo más que al deber, y con este seré siem­pre bastante poderoso.

Necesitamos anunciar al país, y mantener con nues­tras artes, un programa digno de atraer la atención de un pueblo que ya no se entrega al primero que, ampa­rándose de un nombre santo, quiera ponerse a su cabeza.

Nuestro país piensa ya mucho y nada podemos ha­cer en él sin ganarle el pensamiento.

Haber servido mucho obliga a continuar sirviendo.

El valor, el prestigio, la intención pura, el martirio ejemplar de los revolucionarios del extranjero son inútiles, mientras no trabajen todos unidos.

La guerra no puede hacerse sin que el país tenga fe en ella, y en los que la han de iniciar o figurar en ella principalmente.

Sin el espíritu del país, toda la labor revolucionaria es vana.

Séanos dado -ahora que podemos fundar o destruir- fundar.

Levantarse sobre las intrigas es levantarse sobre serpientes.

Podrán los gobiernos desconocernos: los pueblos tendrán siempre que amarnos y admirarnos.

En revolución, los métodos han de ser callados; los fines, públicos.

Para la patria nos levantamos. Es un crimen levan­tarse sobre ella.

No tengo más remuneración para ofrecer que el placer del sacrificio…

Fundar con el esfuerzo reunido de todos los hom­bres de buena voluntad.

Pero los cubanos, como un estratégico famoso, sa­ben que no se ha de hacer nada de lo que desean que hagamos nuestros enemigos.

Sólo la flor de mala tierra necesita el riego de todos los días.

Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura lo que un pueblo quiere.

Del alma perezosa no se saca fuego.

En vano se pedirá a un dueño armado e imperioso, las leyes que han de arrebatarle la prosperidad y el poder.

Una república que, más de disputas y de nom­bres, debe ser de empresa y trabajo.

…y si la pasión quisiese vengar en las cabezas inocentes los crímenes del gobierno vencido, habrá so­brados pechos que se pongan de escudo entre el inocente y la venganza.

Por levantar una nación buena y sincera en un pueblo que habría de parar, si se le acaba el honor, en provincia ruinosa de una nación estéril o factoría o pon­tón de un desdeñoso vecino.

Llega el valor del injuriado a donde llega el pánico visible del enemigo que lo injuria.

¡Este es nuestro pueblo, sólo reacio e invisible cuan­do se apena o indigna de que no se le sirva con amor verdadero, o con la rapidez y plenitud que imponen la mucha miseria y oprobio de que padece!

Una colonia que sólo necesita de emanciparse de este abuso para desplegar en una naturaleza maraviIlosa la inteligencia probada y extraordinaria de sus hijos.

Si los remedios han de tomar para su prepara­ción más tiempo del que la enfermedad necesita para la muerte: ¿A qué el remedio?

Nadie tiene derecho a poner en peligro la patria por su desidia.

La patria es sagrada y los que la aman, sin interés ni cansancio, le deben toda la verdad.

La más noble pasión debe ceder el puesto a las realidades que la hacen inoportuna e imposible.

Las palabras están de más, cuando no fundan, cuan­do no atraen, cuando no añaden.

¿Pues pensar, que es, si no es fundar?

Pensar es abrir surcos, levantar cimientos y dar el santo y seña dé los corazones.

¡A todos los valientes, salud, y salud cien veces, aunque se hayan empequeñecido o equivocado!

iDése lo justo, y no se nos pedirá lo injusto!

El que a ser hombre tenga miedo, póngase de alqui­ler, con el ambicioso que lo use y lo pague, y le defienda la casta o la mala propiedad.

En hacer lo que conviene a nuestro pueblo, con sacrificio de nuestras personas; y no en hacer lo que conviene a nuestras personas con sacrificio de nuestro pueblo.

La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal.

Se le sirve pero no se le toma para servirse de ella.

Los fuertes, prevén; los hombres de segunda mano, esperan la tormenta con los brazos en cruz.

Va en silencio la juventud a venerar la sepultura de los héroes…

Debe andar triste por dentro el corazón de quien ayuda a oprimir a los hombres.

El vanidoso mira a su nombre; y el hombre honrado a la patria.

Lo culpable, en las horas decisivas, es la indecisión. Volverá a haber, en Cuba y en Puerto Rico, hombres que mueran puramente, sin mancha de interés, en la defensa del derecho de los demás hombres.

iLo odioso es la cobardía cuando se necesita el valor!

De las raíces vive el árbol; y la verdad, de los hom­bres que a los pies de ella caen sobre la tierra.

Los que quieren sacrificarse tienen por enemigos a los que no se quieren sacrificar…

El que se conforma con una situación de villanía, es su cómplice.

Quien desee patria segura, que la conquiste.

No hay más patria, cubanos, que aquella que se con­quista con el propio esfuerzo.

La virtud es callada, en los pueblos; como en los hombres.

Alfombra somos, para que pise nuestro pueblo. El que tacha a los demás de no fundar ha de fundar.

…y por la oportunidad, ya a punto de perderse, con que las Antillas esclavas acuden a ocupar su puesto de nación en el mundo americano, antes de que el desarro­llo desproporcionado de la sección más poderosa de América convierta en teatro de la codicia universal las tierras que pueden ser aún el jardín de sus moradores, y como el fiel del mundo.

La gloria no es de los que ven para atrás, sino para delante.

¡Los flojos, respeten: los grandes, adelante!

Cada cubano que muere, es un canto más; y cada cubano que vive debe ser un templo donde honrarlo.

Es mejor dejarse morir de las heridas que permitir que las vea el enemigo.

Cimiento a la vez que trincheras deben ser las pa­labras ahora.

¿Cuándo se ha levantado una nación con limosneros de derechos?

La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie.

El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.

Las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero.

Que enseñemos al ignorante infeliz, en vez de lIevarlo detrás de nuestras pasiones y envidias a modo de rebaño.

Que desechemos, como funesta e indigna de hombres. la libertad ficticia y alevosa que pudiera ve­nirnos por arreglos o rentas.

Tengo fe en que el martirio se impone y en que lo heroico vence.

Guiar es prever.

Ilusiones se hacen los que niegan a los hombres el hermoso derecho de conmoverse y admirar.

El entusiasmo no ha tenido nunca canas.

Si la sangre se enciende, tendrá idea, tendrá brazo, tendrá amor, tendrá dentro un alma convencida, y fuera un propósito serio, revolucionario, un patriotismo cordial y constructivo.

En la patria, el honor es de todos, y de todos es el deshonor.

Los cuerpos de los mártires son el altar más her­moso de la honra.

Si los dolores verdaderamente agudos pueden ser lemplados por algún goce, sólo puede templarios el goce de acallar el grito de dolor de los demás.

Las tumbas tienen por lenguaje las flores de re­surrección que nacen sobre las sepulturas.

Otros lamenten la muerte necesaria: yo creo en ella como la almohada, y la levadura, y el triunfo de la vida.

La libertad no puede ser fecunda para los pueblos que tienen la frente manchada de sangre.

El árbol que da mejor fruta es el que tiene debajo a un muerto.

Patria es comunidad de intereses, unidad de tradi­ciones, Unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas.

La honradez es el vigor de la defensa de lo que se cree.

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